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Efectos especiales (FX)

sep-24-2018, por cinefilo

El cine a lo largo de su historia, ha explorado el sinfín de posibilidades que ofrecen los efectos especiales, desde los filmes de Georges Méliès hasta las películas de marvel studios. Éstos pueden ser complejos o sencillos, difíciles de hacer o accesibles, bastante reales o difíciles de empalmar con la realidad.

Pueden ser mecánicos, sonoros, físicos, químicos, cinéticos… La lluvia, la niebla, los terremotos, el fuego, los cristales trucados, la nieve la sangre falsa, etc. (Glosario de cine, 2018)

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A estas alturas.

sep-24-2018, por cinefilo

Quería escribir sobre mi periplo madrileño, pero he conseguido pasar de la primera escena de lalaland, y aunque ha costado, he logrado verla hasta el final. Llámame hater, llámame diabético que se tendría que haber pinchado insulina antes de hacerle frente a dos pobres blancos guapos que triunfan como artistas en la ciudad más superficial del mundo.

Está muy bien soñar con esas cosas. Esa es su función. La estrategia de marketing ejemplar del sueño americano. Solo que uno espera que la industria se ría en la cara de la sociedad en general, no que además sea cruel con sus víctimas personales, vease todas esas personas que de verdad piensan que lo van a lograr. Ojo, no digo que sea imposible triunfar en el mundillo. Digo que por favor, encima de que es jodido, no les toreen. Pero ¿a quién se lo digo? Como si Hollywood fuera a leer esto. Sobre todo dos años después del gran boom que supuso la película. Lo dicho, en aquel momento, aun trabajando en cines, no pude pasar de la primera escena (que me tocó ver incontables veces). La vida tiene sus ritmos.

Hola, Ryan Gosling es un niño disney en la realidad. Sabiendo eso, el argumento de la película va a ser mucho más duro que tragar. Por suerte sus pantalones ajustados ayudan. Porque honestamente el chico me parece un poco pan sin sal, pero esas dos nalgas si que las tiene bien puestas (al menos de perfil). Lástima que se operara de la nariz. Ganaría un poco más de personalidad.

Otra manera de describir esta pelicula es como el anti-Bojack Horseman. Si reproduces al mismo tiempo Bojack y lalaland abres las puertas del averno y bajas directo al espectáculo de Fronze by Leticia Sabater. Pero por separado, son dos caras de una misma moneda. Y me sigue sorprendiendo que nos llegue producto de ambas caras. No existe foco cultural equivalente en ninguna otra parte del mundo. La producción de este tipo de otros paises, salvo excepciones, se limita a la alimentar la rueda del autoconsumo. Hay algo de mérito que reconocerles, supongo. Estoy seguro que si hicieran un Bojack Horseman español, entendería la misma cantidad de referencias que detecto en el americano.

Y dicho esto, me voy a dormir. Amazing.

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Los 230 minutos que dura An elephant sitting still (Hu Bo, 2018) transitan desde el aparente juego de historias cruzadas hasta la convergencia de estas continuamente y a lo largo de casi todo el metraje. Enmarcada en la China deprimida, violenta y desesperada plasmada repetidamente en películas como Naturaleza muerta (Jia Zhangke, 2006), Un toque de violencia (Jia Zhangke, 2013) o Black coal, thin ice (Diao Yinan, 2014), An elephant sitting still escapa aún así de ese marco para elaborar, de forma más profunda, un relato del desaliento. El inicio de este descenso imparable hacia la nada es una trifulca escolar en la que el protagonista (Yuchang Peng) empuja a un compañero de instituto por las escaleras, hiriéndolo de gravedad. En este punto la aparente divergencia de las diferentes líneas argumentales comenzará a converger, de forma lenta y dilatada, hacia un lugar aparentemente indeterminado pero enigmático.

Este viaje, más personal de lo que puede parecer en un principio, está filmado de una forma extremadamente coherente durante las 4 horas. La película, desarrollada a partir de largos planos secuencia (de hasta varios minutos) carece de ningún tipo de juego plano-contraplano y resuelve la inmensa mayoría de conversaciones mediante composiciones realmente interesantes: el protagonista de la conversación está, en casi todos los casos, en un primer plano y ocupando la mitad del encuadre. En la otra mitad se encuentran los otros sujetos que participan en la conversación, normalmente más alejados y distribuidos a lo largo del escenario. Además, debido a que la película está iluminada solo con luz natural, la filmación debió realizarse a máxima apertura de diafragma, lo que provoca que la profundidad de campo sea en muchos casos cortísima y que los personajes que no aparecen en primer plano estén desenfocados. La consecuencia de esto es que las conversaciones, a pesar de ser planos prácticamente estáticos, provocan una sensación de inestabilidad y de tensión porque no hay un punto de vista definido (la atención huye al fondo del encuadre, pero este al estar desenfocado destaca menos que el primer plano). Junto a los planos secuencia en tercera persona que persiguen a los personajes cuando estos se mueven por la ciudad, el director consiguió dotar de una atmósfera extraña a la película, como si los personajes no tuvieran vía de escape y se encontraran encerrados en sí mismos.

 

 

An elephant sitting still fue presentada en el Festival de Berlín de 2018. Por esas fechas, ya hacía varios meses que Hu Bo se había suicidado. Conociendo este triste dato se puede comprender mejor esta película, que no por larga se puede considerar desmesurada y no por violenta — en el sentido menos físico de la palabra — se puede considerar efectista. Es, ante todo, el reflejo de una mente probablemente destrozada y superada. Solo así se explica que se capture tan bien el desánimo de no saber qué hacer o donde ir cuando la realidad te inunda por todas partes. No es una película sobre la depresión en modo alguno, pero parece que fue concebida en ese estado. Silenciosa, solo unas amargas melodías rompen la dureza del paisaje y de una luz que a duras penas consigue iluminar los rostros de los protagonistas. Es una película que parece filmada con vergüenza; de entre las sombras.

Y quizá en este relato desesperado se puede intuir algo de esperanza, de luz hacia el final. Luz que probablemente Hu Bo nunca llegó a vislumbrar, pero que se encuentra indudablemente al término del camino, iluminando una travesía dura pero gratificante, con una mirada única hacia sus personajes — no tanto hacia China, como si ocurría en las películas mencionadas previamente — que conforma una obra hermosa y amarga. Si el director pidió ayuda a través de esta película, esta desgraciadamente llegó demasiado tarde. Quizá fue la película la que provocó el fatal desenlace, pues como dijo su madre al presentarla en Berlín “me siento honrada y triste. El dolor se debe a que mi hijo perdió la vida por un elefante”.