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Las mejores películas españolas de la historia. Parte IV: Siglo XXI.



MEJORES PELÍCULAS ESPAÑOLAS DE LA HISTORIA

PARTE IV: SIGLO XXI.

Esta entrada es un repaso a las mejores películas españolas de este inicio de siglo y sus circunstancias.

 

El final de los noventa trajo consigo un futuro incierto sobre el cine español. Los “nuevos nombres” que brillaron con fuerza se fueron apagando paulatinamente porque se contagiaron los unos a los otros el desánimo y la mala leche. Muchos autores, antiguos o modernos, directamente se resignaron, desaparecieron o probaron suerte fuera de nuestras fronteras. En parte, porque el PP empezaba a acomodarse en el poder y a hacer de las suyas. En francia, los realizadores se “imitan”, por decirlo así, de manera natural. Es decir, a los franceses les gusta su propio pasado fílmico y esto produce una cierta continuidad. En España, con la aparición de la Academia, se impuso un determinado tipo de cine por considerarlo el “puramente español”. Pero es una tradición inventada, que encima parte de un estilo que ha dado pocas obras maestras o ninguna. Esto provocó que se crease una parafernalia alrededor del cine patrio que anteriormente no existía. Se buscaron los Goya, que eran, y son, un claro reflejo de la Academia y que contaban y cuentan con la colaboración de gran parte de la crítica. Y para colmo de males las subvenciones con ánimo de sobrevivir en una industria ficticia. El problema radicó en que a las nuevas generaciones este tipo de cine les disgustaba. Es decir, no eran, en general, una referencia de lo que se quería conseguir. Ni siquiera una influencia evidente. Pero las leyes son las leyes, así que durante este inicio de siglo lo que predominó fueron los “puntos medios”, algo que ya se empezó a hacer en los 90. Poco a poco se irán sofisticando y perfeccionando dando lugar a obras la mar de interesantes. Además, volvió con fuerza el “género”, especialmente el terror. Pero vayamos por partes.

Almodóvar, el director español más internacional, tras el éxito de la oscarizada “Todo sobre mi madre” (1999), quiso demostrar que es un director serio y personal. El resultado fue entre mediano en “Hablé con ella” (2002) y nefasto en “La mala eduación” (2004). Mezcla tantísimas cosas y pretende ser tan sumamente artie que el mejunje no acaba de funcionar. “Los abrazos rotos” (2009) ni siquiera deja la más mínima huella. Y eso que lo busca y lo busca y lo busca. Tal vez lo busque tanto que ella misma acaba perdiéndose. Lo que se le da bien a este hombre, por mucho que le duela, es la comedia. Así que lo mejorcito que hizo durante la década pasada fue “Volver” (2006), un retorno a sus orígenes y a sus bajos presupuestos. Otro famoso en el extranjero, Amenábar, sorprendió al panorama ibérico con la producción de “Los otros” (2001). Alejándose de lo que estamos acostumbrados en la Península, cogió a una actriz de renombre, Nicole Kidman. También le dio mucho bombo al film mientras se rodaba, al estilo Hollywood, con lo que, una vez estrenada, fue un poco decepcionante. En cualquier caso, el marketing fue tan potente que hasta hubo una campaña de “El Corte Inglés” con los mismos tonos apagados de la cinta. Éste será desde entonces su modus operandi: el uso de la publicidad extrema antes de que la obra llegue a las salas, creando gran expectación entre el público con intención de alcanzar una taquilla decente. Es significativa “Mar adentro” (2004) porque supuso el retorno de la ideología progresista. El PP se estaba debilitando y el 11-M lo acabó de hundir. Fue un filme muy celebrado porque frente al estancamiento de Almodóvar y la reaccionaria “Tiovivo C. 1950” (2004) de Garci, Amenábar se atrevió con algo controvertido y en cierta medida, muy en cierta medida, atípico. En cualquier caso, todas las obras comentadas lo que vienen a certificar es la enorme dificultad de cambio en el cine español.

Surgieron en este inicio de siglo tres tendencias básicas. La primera es la recuperación del cine fantástico o de terror. Lo más llamativo es que se le dio un enfoque completamente norteamericano con el fin de alcanzar un lenguaje universal. En ocasiones eran tan sumamente “tópicos” que daban una extraña sensación de “más de lo mismo”. Algo poco sorprendente, mil veces visionado, con el único aliciente de ser piezas generadas en España. Salvo de la hoguera REC (Jaume Balagueró, Paco Plaza. 2007) porque utiliza el “falso documental” o, mejor dicho, el “falso directo”, para resultar más creíble. Otras obras representativas son “Intacto” (Fresnadillo. 2001), “El Orfanato” (Bayona. 2007), “Darkness” (Balagueró. 2002) y “Los abandonados” (Nacho Cerdà. 2006). El segundo fue el cine histórico. Sorprendentemente, en muchos casos se trataron algunos personajes o épocas anteriormente ignoradas. Por ejemplo, “El embrujo de Shangai” (2002) de Fernando Trueba, basada en una novela de Juan Marsé. O “Alatriste” (Díaz Yanés. 2006), de Arturo Pérez-Reverte, contra la cual Antena 3 materializó “Los Borgia” (Hernández. 2006). Mención aparte merece Vicente Aranda. Con “Juana la Loca” (2001) y “Carmen” (2003) añadió su mundo personal. Las dos están muy bien, pero no logran salir del género. Y es por este motivo que se ha criticado negativamente “Tirant lo Blanc” (2006). En realidad, no es tan horrorosa. Lo malo es que, tal vez, no estoy seguro, este tipo de adaptaciones funcionen mejor bajo el clasicismo o la espectacularidad.

La tercera fueron los ya citados “puntos medios”. Las películas medias, que no son ni una cosa, ni la otra. Frente a las imposiciones, los autores buscaron neutralizar disimuladamente el costumbrismo mezclándolo con alusiones dispares. Algunas querrán reflejar la vida cotidiana de la nación, recurriendo a una especie de “valor testimonial”. Es el caso del siempre sosaina Fernando León de Aranoa. “Los lunes al sol” (2002), por ejemplo, está perfectamente situada y retrata un contexto reconocible sin caer en el cutrerío habitual. “Te doy mis ojos” (Icíar Bollaín. 2003) es un evidente exponente de lo tratado, ya que combina momentos ultra-castizos con otros excesivamente poéticos que personalmente me saltan y sobran. Miguel Albaladejo seguirá esta línea con “El cielo abierto” (2001) y una un poco anterior, Manolito Gafotas (1999). Otros prefirieron hacer un costumbrismo mucho más sofisticado. Es el caso de Daniel Sánchez Arévalo, que debuta con “Azul oscuro casi negro” ( 2006). A mí, lo siento, este tío me produce urticaria. Y mira que he estudiado sus cortos y demás en clase. “Bajo las estrellas” (2007. Félix Viscarret) huele a moderna a la vez que antigua. Álvaro del Amo, un tipo que viene de la literatura, cosa que se nota, impresionó con “Una preciosa puesta de sol” (2003) y “El ciclo Dreyer” (2006), en el que se formula como alguien independiente. “Nubes de verano”(2004) y “Mujeres en el parque”(2006) de Felipe Vega, que retorna en esta década, también son buenos dechados de lo aquí comentado. Es decir, comedia costumbrista depurada. Algunos, como Manolo Pereira en “Reinas” (2005), preferirán lo institucional de siempre.

Dentro de estas películas medias, sobresalen algunas insertadas en lo que el crítico George Steiner calificó como “extraterritorialidad”. Se refería a los escritores que rechazaban su lengua o cultura por otras. Es un deseo profundo de salir del entorno inmediato, de ser otra persona. No claudicar ante el concepto de patria y buscar una vida más allá de todo eso. Posiblemente, el escritor que inauguró esta corriente fue Rimbaud, en cuyos textos dicho latir es omnipresente. Es curioso, porque en España la “extraterritorialidad”, al principio, fue más común entre filmes que entre novelas. Actualmente yo creo que están a la par. Puede que en literatura incluso sean más radicales. En general, no recurren a ella para entrar en Hollywood, lo cual se debe tener muy en cuenta, sino a modo de trinchera en la que revelar interioridades y luchar contra las exigencias gubernamentales. Isabel Coixet, de la que hablo en otra entrada, es a la que más se le reconoce esto. Pero no es la única. De hecho, son tantos que se acaba convirtiendo en un género a principios de siglo/milenio. Marc Recha, uno de los directores en activo más interesantes con diferencia, por ejemplo, en “Manos Vacías” (2003), profiterol que todo el mundo debería degustar, lo deja patente. Y eso que en otras realizaciones como “El árbol de las cerezas” (1998) juega constantemente a presentar un espacio muy identificable de la Comunidad Valenciana. “Smoking Room” (2002) de Wallovits y Roger Gual retrata un mundo de oficina que sería común a cualquier otra nación. Roger Gual continuó en este plan con “Remake” (2006). Si bien los catalanes pueden reconocer sus emplazamientos, un espectador occidental puede verla simplemente como el claro choque generacional entre lo que hay ahora y lo que hubo en los 60-70. Sin embargo, Wallovits se pasó a lo experimental en “La Silla” (2006). Fue un fracaso tan abismal que, desde entonces, nada ha hecho. A “Ficció” (Cesc Gay. 2006) también se la tiene que etiquetar aquí.

Otro suceso destacable es la cada vez más acentuada escisión entre Barcelona y Madrid. De Barcelona brilló, y brilla, con luz propia el máster de documental de la Pompeu Fabra porque algunos de sus profesores eran, y son, antiguos directores o productores rebeldes salidos de la hornada de los 70. Gente como Paco Poch o Lluis Miñarro apostaron por sus alumnos y por renovar el paisaje mediante una serie de confituras amargas que han arrasado en el extranjero. Quizá la más famosa sea “La leyenda del tiempo” (Isaki Lacuesta. 2006). También se atrevieron con la ficción, como en “Aita” (2009) de Jose María de la Orbe o “Caracremada” (2010) de Lluís Galter. “Honor de cavalleria” (2006) de Albert Serra es, tal y como su director defiende, una recopilación de los momentos en los que Sancho y el Quijote descansan. Encima hablan en catalán. Película muy compleja que pone al espectador contra las cuerdas y que pretende ser una revolución de la ficción, una búsqueda de un nuevo cine. No se sabe muy bien si es una obra maestra o una auténtica gilipollez. Yo más bien me decanto por lo segundo. La escuela más importante de Cataluña, la ESCAC, apostó y apuesta por un cine más pendiente de Estados Unidos que de todo lo que se realiza en España por esta misma vocación transgresora, diferenciándose de la ECAM madrileña. Sus alumnos están trabajando en industrias de medio planeta, pero siguen topándose con infinidad de dificultades para materializar sus filmes en España.

No puedo finalizar sin citar a Jaime Rosales. La nada convencional “La soledad” (2006) fue un inesperado éxito de crítica y público. Tal vez por este motivo se radicalizase en “Tiro en la cabeza” (2008). Mucha gente no la entendió, pero lo cierto es que milagrosamente conseguía sus objetivos. En la misma onda estuvo Javier Rebollo con “Lola” (2006), que nadie se explica cómo ganó un Goya, y “La mujer sin piano” (2009). Por lo demás, en este 2012 la cosa sigue igual o peor. La crisis y el retorno del PP han cargado, más si cabe, de desilusión y hastío a los realizadores, tanto jóvenes como viejos. Y el público, salvo algún Torrente y algo de Urbizu, cada vez pasa más del cine español; algo que para nada se le puede reprochar. Lo que se debe tener en cuenta es que, por ejemplo, pese a que el último corto ganador de los Goya, “El Barco Pirata” (Trullols. 2011), sea Globomedia en estado puro, los Serrano con Reyes Magos de por medio, y provoque vergüenza ajena, cada vez son más los que se salen de estas mierdas e intentan desafiar al sistema. Esperemos que, aunque los franquistas hayan retomado el trono, la cosa finalmente acabe mutando DE VERDAD.

 

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