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Narrativa de cine del s.XXI (II): TRILOGÍA DE LA VENGANZA. La violencia a través de un lirismo de contrastes.



Para volver con la narrativa de cine del siglo XXI, esta vez no hablaré de una sola película, sino de tres. Son conocidas como Trilogía de la venganza las tres películas consecutivas que dirigió Park Chan-wook entre 2002 y 2005 (Sympathy for Mr. Vengeance, Old Boy y Sympathy for Lady Vengeance) que, aun siendo argumentalmente independientes entre sí, son hermanas temática, estilística y conceptualmente.

PARK CHAN-WOOK

Ahora que queda poco para que Park Chan-wook termine su primera película en Estados Unidos, es un buen momento para repasar lo más personal de su filmografía. Después de dos largometrajes que pasaron más o menos sin pena ni gloria, el director coreano ha estrenado seis películas de repercusión importante. Su primer éxito comercial y de crítica fue JSA: Joint Security Area, un drama/thriller sobre las tensiones entre Corea del Norte y Corea del Sur, muy emotivo y de gran calidad en todos los sentidos, especialmente si se compara con otros productos coreanos similares como la anterior Shiri, de Kang Je-kyu, que en la práctica era poco más que La Roca a la coreana. Con esta película, Park Chan-wook demostró su enorme talento, pero sin llevarlo aún hasta sus últimas consecuencias en lo que se refiere a su estilo personal.

Podría decirse que con la trilogía consiguió establecer unos cánones narrativos muy particulares y muy personales, que si bien no son del todo regulares en los tres títulos, suponen el punto álgido del estilo de su autor (quizá también podría incluirse aquí Cut, el segmento del autor para la película Three extremes). Después de la última de las tres, y antes de ponerse a rodar Stoker, su debut norteamericano, Park Chan-wook dirigió dos películas más. Curiosamente, estas dos películas suponen caminos opuestos con respecto a lo que hizo en la Trilogía de la venganza. La primera, Soy un cyborg, es la radicalización del esteticismo, del formalismo y de los elementos surrealistas de la narrativa que había elaborado en sus largometrajes anteriores. El resultado fracasa por culpa del exceso de contrastes de un metraje que avanza a trompicones y que nunca termina de encontrar el tono adecuado (salvo en muy escasos momentos). La segunda, Thirst, por el contrario, opta por una sobriedad de estilo que la acerca más al convencionalismo narrativo de JSA y que funciona maravillosamente bien para una propuesta realmente difícil: un argumento que mezcla a partes iguales el thriller, el drama y la angustia moral a lo largo de una historia en la que, al mismo tiempo, se habla del conflicto interno de un sacerdote que se convierte en vampiro y se adapta Thérèse Raquin, de Émile Zola.

TRILOGÍA DE LA VENGANZA

“En mis películas, me centro en el dolor y el miedo. El miedo previo a un acto de violencia y el dolor posterior. Esto se aplica tanto a las víctimas como a los verdugos”.
-Park Chan-wook

He de decir que no creo que ninguna de las tres películas sea del todo perfecta, puesto que todas tienen ciertos inconvenientes (especialmente la lentitud, excepto en el caso de Old Boy), pero a grandes rasgos, cada una de ellas tiene varios temas, escenas y particularidades que las convierten en títulos muy notables y, sobre todo, con rasgos muy personales. De las tres, Sympathy for Mr. Vengeance quizá sea la más interesante argumentalmente, por lo realista de los conflictos que trata (con temas sociales más importantes y de mayor envergadura que los de las otras dos), por el excelente entramado de la historia y por los retratos de los personajes, con los que resulta fácil empatizar e implicarse emocionalmente. Old Boy, por su parte, es la más dinámica e impactante de las tres, y por consecuencia fue la más aclamada por el público (además de ser, quizá, la más representativa del estilo del autor). Por último, Sympathy for Lady Vengeance es, probablemente, la más poética y deliberadamente artística de las tres, con la mejor fotografía y la mejor banda sonora (realmente extraordinaria). Pero creo que, a partir de ahora, lo mejor será ir una a una, observando el estilo de la narración.

Sympathy for Mr. Vengeance es la más convencional estilísticamente de las tres. En general está narrada con mayor sobriedad y los elementos poéticos son más o menos puntuales: la imagen lateral de unas siluetas subiendo por las escaleras, seguida de otro plano idéntico pero más abierto, y después otro, como alejándose; el vertiginoso contrapicado del padre, confundido, bajando por las escaleras mecánicas inclinadísimas del metro; la pareja protagonista hablando con signos mirándose a través de un espejo que les refleja a ambos; el contraste entre el llanto ante la autopsia del ser querido y el bostezo ante la autopsia del familiar de un enemigo; la simetría entre un corte en una mano y la significativa cicatriz de otro en la mano contraria (uno reflejo del daño recibido por causas sociales y otro recuerdo del daño infligido indirectamente, también por causas sociales); etc.

En las tres películas hay ciertas dosis de humor, pero en las otras dos funciona principalmente como desahogo, a veces irónico o malicioso y a veces más o menos inocente, mientras que en ésta resulta casi siempre siniestro y en vez de liberar tensión, convierte los momentos dolorosos en algo aún más cruel.

Con esta película, pese a todo, Park Chan-wook empieza a trazar un estilo que se cimenta, entre otras cosas, en un especial cuidado y una notable habilidad para los encuadres. Suele jugar con simetrías y asimetrías, y en sus películas pueden apreciarse planos descompensados, a menudo preparados para que, a continuación, el elemento principal de la imagen se centre por sí solo. También demuestra una especial predilección por las diagonales y por los contrastes de imágenes. Por ejemplo, el uso de un plano general alargado, con un inserto fugaz de un primer plano.

Este juego de contrastes supone uno de los elementos principales de su estilo, y no sólo se refleja en la realización y el montaje, sino también en las interpretaciones. No es raro ver cómo la película se para a observar la actitud contemplativa de un personaje para después, drásticamente, mostrar un arranque de violencia. La violencia es a menudo impulsiva e imprevisible, y el acto violento en sí no refleja en absoluto su naturaleza emocional si no refleja la tensión anterior y posterior, y la contención, que es fácilmente transmitida al espectador gracias a la certeza de que, si el acto de violencia finalmente se da, el resultado en ningún caso será agradable.

El mejor ejemplo, en esta película, del estilo que el autor alcanza con la trilogía, se encuentra en la escena central, en el lago, después de los primeros tres cuartos de hora de metraje. La música, el significativo ensordecimiento de los efectos sonoros, la presencia grotesca del mendigo retrasado, los instantes omitidos, la puntual cámara lenta, los insertos súbitos, etc. Todos los elementos se conjugan creando una de las escenas más tensas y trágicas de la trilogía, que además augura la dirección estilística de los dos siguientes títulos.

Old Boy comienza, por el contrario, con un dinamismo sorprendente que narra durante aproximadamente quince minutos, y de forma casi frenética, el transcurso de quince monótonos años de aislamiento en una habitación. Esto se consigue, de nuevo, gracias al juego de contrastes. Se suceden planos fijos y planos en los que la cámara da vueltas, arranques violentos del personaje e imágenes de la vida monótona en la habitación. Un buen ejemplo de esto es la escena en la que la cámara se divide en dos y muestra, a un lado, la rutina del personaje a través de los años y, al otro, multitud de acontecimientos históricos, tal y como se han visto en televisión.

A Park Chan-wook le gusta manejar la expectación y el miedo que preceden a un acto violento. Cuando Oh Dae-su levanta el martillo para golpear a un hombre sentado, el momento se congela y se alarga irrealmente (incluso traza una línea de puntos imaginaria que define el recorrido del golpe, a modo de chiste), para después omitir, inteligentemente, la acción. Esto ocurre, entre otras cosas, porque acto seguido acudimos a una escena de tortura tratada (como tantas escenas similares en la trilogía) con un estilo directamente lírico. Los dientes, ensangrentados, caen sobre el teclado de un ordenador, mientras los violines frenéticos del Invierno de Vivaldi se intensifican. ¿Por qué hace esto? ¿Por qué así?

El esteticismo poético en Old Boy no pretende ni ironizar ni hacer de la violencia algo bello, puesto que el autor insiste en recalcar la tensión y el aspecto desagradable y doloroso de todos los momentos violentos. No es la primera vez que una película habla seriamente sobre la violencia y sus consecuencias retratando las escenas violentas con un estilo poético, pero el resultado suele ser diferente. Un ejemplo de esto podría ser La naranja mecánica. En dicha película no se hace hincapié en el dolor, puesto que los personajes y sus reacciones son histriónicos, los afectados son patéticos y los violentos disfrutan ampliamente de sus acciones, sin que haya ningún tipo de tensión de por medio; de tal manera que la música (clásica, pero de tono positivo y no melancólico o tenso) y la realización autocomplaciente contribuyen a que las reacciones del espectador se dividan entre la observación irónica de una escena violenta presentada como bella y el desconcierto más o menos gratuito. En Old Boy esto no es así. La violencia se muestra siempre como algo doloroso y desagradable, y el lirismo ayuda a que, de alguna manera, nos impliquemos emocionalmente con ella.

Y en cuanto al dinamismo y la intensificación de una narrativa de contrastes, podemos decir que juegan en parte a su favor porque reflejan la desorientación y la locura del personaje, y en su contra porque en ciertos momentos nos distancian de la historia.

Antes de terminar con esta película, he de recalcar el valor del sorprendente plano secuencia lateral en el que vemos cómo Oh Dae-su se enfrenta a unos cuantos matones en un pasillo. La escena empieza más o menos como cualquier pelea del cine de acción, con el héroe enfrentándose, rabioso, a gran cantidad de enemigos, pero poco a poco los golpes y las reacciones de los personajes van haciéndose más aparatosas (se apoyan en la pared, se inclinan jadeando) y el plano, ya absurdamente alargado, adquiere un tono más realista (e incluso humorístico) con todos los personajes destrozados y un cuchillo en la espalda de Oh Dae-su. Esto (excepto en lo que se refiere al humor) es más o menos lo que pasa con la venganza en las tres películas: empieza pareciendo algo heroico y emocionante, y acaba resultando aparatoso, desagradable y real.

Old Boy, en lo argumental, pierde la interesante relación entre el espectador y los personajes que había en Sympathy for Mr. Vengeance (tampoco se recupera en Sympathy for Lady Vengeance), que consistía en una incómoda facilidad para empatizar con ambas partes, con su dolor e incluso con sus impulsos vengativos. En Old Boy, por el contrario, casi sólo podemos empatizar con el protagonista, Oh Dae-su, y tampoco mucho. En el título siguiente, esto ocurrirá de forma aún más acusada.

Sympathy for Lady Vengeance es la menos interesante, por la simpleza de su argumento, lo deslabazado de las subtramas y la unilateralidad de la venganza, que además va dirigida a un personaje por el que no se puede sentir compasión alguna (a diferencia de lo que ocurre con los personajes de las otras dos películas). A esto hay que añadir que, pese a los intentos de dinamismo en el montaje y la realización, ésta quizá sea la más lenta de las tres, en especial por la inconsistencia del transcurso del argumento, algo que tampoco pasaba en las otras dos. La historia, esta vez, es plana y carece en casi todo momento de la tensión narrativa que necesita, especialmente en la segunda mitad, donde ya prácticamente no hay conflicto alguno, sólo violencia autocomplaciente.

A pesar de todo, la película tiene grandes momentos, como son el arranque deslumbrante, entre emotivo e irónico, o la escena en la que, rodeada de fotógrafos, la protagonista intenta reconstruir el asesinato por el que está acusada, y del que realmente no es culpable. Estos y otros momentos despuntan a lo largo de un metraje innecesariamente alargado que, por desgracia, también tropieza estrepitosamente en determinados giros humorísticos.

La narrativa aquí intensifica su aspecto poético a través de un esteticismo que en ocasiones resulta excesivo pero que, por lo general, se justifica gracias al muy interesante personaje de Lee Geum-ja, la protagonista, que tal y como dicen en la propia película, recuerda a Olivia Hussey. El personaje principal se divide entre la generosidad desinteresada y dulce, y el rencor vengativo y cruel. A ratos es fría y seca, y a ratos es profundamente sensible. No por nada, en la cárcel la llaman indistintamente Lee Geum-ja la buena y Lee Geum-ja la bruja. Esta suerte de doble personalidad es de lo más interesante de la película y, al mismo tiempo, lo que se traduce más directamente en el estilo narrativo de la cinta, una vez más apoyado en los contrastes. Unas veces todo resulta siniestro y sobrio, y otras parece más bien hermoso y suave. Los movimientos de cámara, la fotografía, el montaje, la excelente música y las interpretaciones se apoyan en esta dicotomía. Lee Geum-ja es una mujer con estilo, y esto impregna desde los títulos de crédito hasta el diseño de su pistola, pasando por su atuendo y por su sombra de ojos. Estéticamente, su personalidad dividida se manifiesta (quizá demasiado explícitamente) en los colores blanco y rojo, constantemente presentes.

Con la Trilogía de la venganza, Park Chan-wook creó un estilo peculiar que resulta especialmente adecuado para hablar de la venganza en los términos en los que a él le interesa. Las tres historias están narradas haciendo hincapié en contrastes de sentimientos: lo meditado y lo impulsivo, lo estático y lo súbito, la calma y la rabia, la satisfacción y el remordimiento, el lamento dulce por el bien perdido y la crueldad con la que se inflige dolor al culpable. Su poética manierista es el extremo opuesto al nihilismo seco con el que otros autores asiáticos como Takeshi Kitano hablan de la violencia, y sirve para tratarla desde un punto de vista más bien sentimental. Puede que los resultados sean algo irregulares, pero también son, en todo momento, muy personales, consecuentes, reflexivos, y no dejan a nadie indiferente.

SYMPATHY FOR MR. VENGEANCE. RESEÑA CRÍTICA

Tras varios intentos de conseguir un riñón para su hermana enferma, un sordomudo y su novia anarquista secuestran a la hija del jefe que le despidió, pensando en pagar la operación con la recompensa, pero las cosas no salen demasiado bien. Terrible y amargo drama de suspense que, a través de varios personajes trágicos, teje una compleja red de venganza y muerte. La historia ni se recrea con la violencia ni elabora un habitual discurso sobre su sinsentido. En vez de eso, estudia el dolor, el miedo y otras emociones que rodean al acto vengativo. Pese a que tarda en arrancar, su autor logra magistralmente crear una historia dura y reflexiva, en la que resulta especialmente incómodo posicionarse.

OLD BOY. RESEÑA CRÍTICA

Adaptación del cómic japonés homónimo, acerca de un hombre encerrado durante años y que, una vez es puesto en libertad, busca explicaciones y venganza. Película dinámica e impactante que, desde su frenético inicio, desarrolla una cadena subversiva de sorpresas a través de una narrativa lírica y llamativa, con el tema de la venganza como telón de fondo. Uno de los exponentes más representativos del nuevo cine coreano. Gran Premio del Jurado en Cannes.

SYMPATHY FOR LADY VENGEANCE. RESEÑA CRÍTICA

Tercera entrega de la llamada Trilogía de la venganza de Park Chan-wook, acerca de una mujer que, tras cumplir condena por un delito que no ha cometido, busca al verdadero responsable con la intención de hacerle pagar por ello. Un título demasiado irregular y carente de la tensión narrativa necesaria. La maestría de ciertos momentos no salvan al conjunto de un desarrollo farragoso y monótono cuyo esteticismo, aun estando justificado, provoca resultados a veces deslumbrantes y a veces pretenciosos. Lo mejor: la interpretación y el personaje de Lee Yeong-ae, y la sobresaliente banda sonora.

Narrativa de cine del s. XXI. Partes:

1. AMÉLIE. Lo opuesto al realismo mágico.

2. TRILOGÍA DE LA VENGANZA. La violencia a través de un lirismo de contrastes.

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