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Lo que no(s) gustó de la ceremonia del Oscar



Por: César Pita Dueñas y Juan Carlos Martínez

Y volvió la gran gala del cine, o por lo menos eso es lo que quieren que pensemos las grandes corporaciones norteamericanas que manejan la industria y bla, bla, bla. Te guste o no, el Oscar es la ceremonia de premiación más importante de todas las artes a nivel mundial. Sí, pues: Cannes es más cool, el Perú habrá salido con la frente en alto de la Berlinale y en Sitges la canchita vendrá con tripa, pero el Apéndice de Bork no puede estar ajeno a la 84 edición de los premios de la Academia (con mayúscula) y tiene que dar su veredicto sobre lo mejor y lo peor de esas tres horas de vida que hemos perdido frente al televisor observando a un grupo de personas que factura millones de dólares y se reúne en un teatro que ni siquiera tiene nombre. Esta gente excéntrica, carambas.

Lo que nos gustó

"¡No los veas!"

1. Que haya vuelto Billy Crystal
Con la frente más plana que el plato de cerámica en el que nuestra vieja nos sirve el arroz tapado, Billy Crystal volvió a hacer gala de su humor fino y fue la verdadera razón para volver a ver una ceremonia que en el transcurso de los años ha patinado al momento de elegir a su animador principal. Remontémonos a Soap, la irreverente y magnífica serie de televisión que dio a conocer el talento de Crystal para la comedia y no podremos negar la cachosería que derrama cual lisura o palabrota contenida. A pesar de que el guión de la ceremonia era por momentos acartonado y previsible, Crystal logró momentos frescos como cuando se mete en el cerebro de Martin Scorsese y escucha las indicaciones del maestro norteamericano (camera 1, camera 2, ¡zoom in, zoom out!). Una delicia.

"Y yo pensaba que solo los franceses me querían"

2. Los premios a mejor guión original y guión adaptado
No es un secreto que Woody Allen es para el Apéndice de Bork lo que Odín es para Thor: su padre, su mentor, su guía espiritual y el tipo que si te pide que te bajes a 800 gigantes de hielo tú solito, pues anda a ver qué le haces para cumplir con el mandato. Una vez más, el neurótico de New York vuelve a demostrarle al mundo que la lucidez no es un chisporroteo ocasional sino más bien un trabajo metódico y de exigencia. Una película al año puede ser un suicidio autoimpuesto, pero también nos da la oportunidad de ver siempre algo nuevo de Woody ¡a sus 76 años! Madurez no significa dejar de la lado la locura y la irreverencia y Medianoche en París es un perfecto ejemplo de la vigencia de Allen, de sus obsesiones, de sus mujeres, de su humor intelectual y de su pretenciosidad. Y el hecho de que una vez más haya dejado plantado a la Academia no hace más que ponerlo en un pedestal. ¡En el fondo eres un Bork, Allen Stewart Königsberg!
Y el premio a mejor guión adaptado fue, sin duda, para una película que se lo merece. Los descendientes es un canto a la libertad, lejos de cualquier artificio. Un film contenido, con diálogos inteligentes y en el que la cotidianeidad se apodera del espacio-tiempo para narrarnos una historia de la vida en el que las distintas emociones se confunden. Joya indie, si gustas. Difícil de encasillar. ¿Acaso esas películas no tienen algo que las hace entrañables?

"Amor, te dije que faltó tela para el vestido".

3. Angelina Jolie
Acá hubo una gran discusión entre los redactores de este artículo. ¡Un par! El Juanca: “O sea, Angelina está buena… pero ¿de ahí a que esté entre lo mejor de las ceremonia?”. El Pita: “Vale aclarar: las piernas de Angelina Jolie”. El Juanca: “¡Un par más, por favor!”. ”Sensual por donde se la mire, el labio más carnoso de la pantalla grande dejó boquiabiertos a todos”. “Sí, pero unos grandes labios en un cuerpo muy flaco no es muy armónico”. ¡Un par más, por favor! “Con su espectacular parada dejó ver toda su pierna al momento de presentar un premio”. “No sé, me pareció tan impuesto como el poto de J. Lo”. ¡Un par más! “Valgan verdades, ningún macho alfa que se respete debe haber levantado la vista de sus piernas en ese momento, y es probable que más de uno haya ahullado”. “Yo no”. ¡Un par más, por favor! “Sea lo que sea, odio a Brad Pitt”. Sonido de pasos acercándose: “Señores, tenemos que cerrar. La ley dice que solo pueden estar hasta las tres de la mañana”.

"Ajum, como que la cosa va aburrida en la ceremonia".

4. La presentación del Cirque du Soleil
A todos les gusta el Circo del Sol. Los payasitos, los acróbatas, la música en vivo, la espectacularidad. Sí, todo muy bonito pero tanto posero hace eco de ello que a veces saca roncha hablar del tema. Sin embargo, tragándonos nuestro orgullo, hemos de reconocer que la performance del Cirque du Soleil fue sencillamente es-pec-ta-cu-lar. Qué importa que uno de los malabaristas haya perdido la sincronía con el resto y estuviera a punto de arruinar el espectáculo ante cuchucientos mil espectadores. Ese detalle, en particular, dotó de humanidad a un grupo que más bien parece robotizarse por la exactitud de su espectáculo. Y si a eso le sumas la música de Danny Elfman (ex Oingo Boingo y hoy el niño mimado de quienes se juran que escuchan música clásica porque tienen un par de bandas sonoras completas del engreído de Tim Burton en su Ipod), el espectáculo es más que bienvenido. Es que en el fondo también somos unos poseros.

¡Mamma mía! (No, Meryl Streep. No es para ti)

5. Natalie Portman
Todavía tratamos de atenuar nuestra incomodidad cada vez que vemos The professional en la televisión (imagina ver la pela en el cine). Y es que es difícil no enamorarse de Natalie Portman en plena preadolescencia. Ahora, en la plenitud de la vida, se ha convertido en una mujer elegante, con porte de princesa y con un vestido rojo que le cayó a las mil maravillas durante la ceremonia (diablos, ya nos parecemos a Tim Gunn). Si Angelina es la carne, Natalie Portman es la belleza en su estado más puro. Si con Angelina necesitas un balde para la baba, con Natalie necesitas un pellizcón para saber si es que sigues en la tierra o estás en el cielo contemplando un ángel (advertencia: este párrafo tiene exceso de sacarina).

Lo que no gustó

"¿Quién dices que ganó?"

1. Que no haya ganado Max Von Sydow
Imagínate por un momento que eres miembro de la Academia (ergo, american) y tienes que entregarle un premio a Max Von Sydow (sueco) o a Christopher Plummer (ergo, american), ambos de 82 años, en el ocaso de sus carreras y sin un Oscar en sus vidas. ¿A quién vas a darle tu voto? Obvio, pues. Pero cabe preguntarse, independientemente de la performance de la película evaluada: ¿realmente Christopher Plummer es más actor que Max Von Sydow? Bueno, el papel del viejo homosexual que sale del closet es tan oportuno como tener dos películas nominadas que son explícitos homenajes al quehacer cinematográfico. A estas alturas, resulta claro que el Oscar a Mejor Actor Secundario se ha convertido en una especie de jabón que le permite a la Academia lavarse la cara porque le da la oportunidad de premiar a actores que fueron ignorados olímpicamente por años. ¡Estamos hablando del Padre Merrin, por Dios (o por el Diablo, mejor dicho)! ¡Estamos hablando del tipo que trabajó junto con Ingmar Bergman! ¡Estamos hablando del tipo que ha actuado en dos de las mejores películas de toda la historia según el Apéndice de Bork (esto sí es antojadizo)! Acúsalo con tu mamá, Max.

"¡La tuvimos fácil!"

2. Que solo dos canciones hayan sido nominadas a Mejor Canción
A ver, a ver, aclarando: casi siempre era pesado y aburrido escuchar una por una las canciones nominadas al Oscar. Para eso vemos un capítulo de Glee. Aunque hay algunas excepciones (Bob Dylan en diferido, Björk con su ganso muerto y otros más por ahí). Pero de ahí a que este año solo dos canciones hayan sido nominadas da pié a la especulación. ¿O sea que aumentan los competidores a mejor película de cinco a nueve y baja la cantidad de nominados a mejor canción de cinco a dos? Extraño, pero cierto.

"Te clavo mi espada láser"

3. Que no haya ganado John Williams
¡Estaba dos veces nominado y no ganó por ninguna de sus partituras! De acuerdo, las piezas musicales que fueron parte de la evaluación no están necesariamente a la altura de sus grandes clásicos, pero ¿no es acaso desafortunado que alguien esté nominado dos veces en la misma categoría y no gane? No pues, no le hagan eso al gran John Williams.

"Qué te pasa, yo fui un invitado de lujo. Arrrf"

4. Que le haya faltado más espectacularidad a la ceremonia
¿Qué pasó? ¿Dónde quedó la espectacularidad de antaño? Hasta el It´s a wonderful night for Oscar, el clásico de Billy Crystal que da inicio a la ceremonia, tuvo un gran recorte (suponemos que por la cantidad de títulos nominados). En los intervalos se veía a un grupo de actores y directores hablando de sus recuerdos cinematográficos, pero todo muy simple, austero, interminable y aburrido. Se respiraba un ambiente de nostalgia adelantado, un suspiro por tiempos pasados que aparentemente fueron mejores. Al parecer, la inminente muerte del formato clásico de grabación y exhibición de películas por la arremetida de la tecnología digital ha colocado una lágrima en el cuerpo dorado de Oscar.

"Je, je. Hablarán de mí".

5. Angelina Jolie
“Pa nadie, pe’: que Angelina Jolie esté también en lo peor del Oscar”. Y es que llegó el momento de alzar la vista luego de engolosinarse con las piernas hasta la saciedad… ¡Oh, por Dios! ¿Qué ha pasado con Angelina Jolie? Tan flaca nunca ha sido, y la verdad es que ese aspecto cadavérico puede pasar piola frente a sus demás atributos pero la hemos visto en tiempos mejores. Desde el Apéndice de Bork elevamos votos para que vuelva a su estado natural: la perfección. Mientras tanto, nos quedamos con Scarlett Johansson (con todo y celulitis).

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