Cinemascope

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Sobre salvar vidas



“Imagina que soy un árbol y sálvame” decía un cartel que leí en facebook, en donde “hablaba”  un feto.

Yo quisiera echarles un cuento hoy de la vida real. De mi vida.

Apenas empecé a leer libros, cuando tenía unos 7 años, me encontré por supuesto con que muchos héroes de las historias eran huérfanos. También leí Mujercitas 2, libro en que Jo hace una casa hogar en la que cuida a niños huérfanos. De allí en adelante siempre tuve el sueño de adoptar. Todavía quiero. Todavía quiero ser uno de esos héroes que salvan bebés, que salvan vidas.

Luego, cuando tenía 18 años, por varios motivos que no vienen al caso, pero sobre todo, por aquello de salvar vidas, decidí estudiar medicina. Quería ser psiquiatra, y quizás salvar la vida de la gente que estaba tan al borde que se quería suicidar.

A los 20 años, luego de dos años de medicina, abandoné la carrera : o me iba a matar a mí la medicina, o yo iba a matar a alguien. Eso no era para mí. No sé podía ser médico con mi legendaria “ida a las nubes” , esa tendecía mía de pensar en algo y abstraerme del mundo de repente. Así que me puse a estudiar la carrera de Estudios Internacionales, pues quería representar a Venezuela en la ONU, en la UNICEF, etc. Para salvar vidas, pues.

A los 25 años me enamoré y a los 28 me casé. Trabajé en una ONG en Caracas, en la Vega (uno de los barrios más peligrosos de la ciudad) de nuevo tratando de salvar vidas, o tratando de poner mi grano de arena para que algún muchacho de entre los más pobres de Caracas, pudiera aspirar a algo más que una bala con su nombre. 

Pero luego  la vida me agarró por un pie y comenzó a darme vueltas en el aire: 11 mudanzas, 6 ciudades, 2 niños. Entre pitos y flautas (como se dice en Venezuela) , esa promesa que hice cuando me tatué el panda  a los 20 años, la promesa de que iba a dedicar mi vida a la infancia y a la naturaleza, se había convertido en : 1- Infancia = mis 2 hijos 2- Naturaleza = nuetra gata Trufa. Así que el año pasado, a los 37 años decidí retomar el tatuaje : ) y me puse a escribir sobre eso. Escribo sobre lo que sé de la infancia, es decir, sobre mis dos hijos principalmente, y sobre lo que significa criar esa “infancia”, jeje. Con el asunto de la naturaleza, fregada. Vivo en un apartamento, no tengo ningún tipo de dotes con las plantas (a diferencia de mi mamá) y a mi esposo no le simpatiza eso de estar yendo de camping. ¿Fregada? ¡No, de ninguna manera, algo tenía que hacer! Así empecé con lo del asunto de tratar de llevar un estilo de vida más amigable con la naturaleza.

Hoy día ya sé quien soy, para qué sirvo: soy una control freak que trata de aprovechar sus “poderes” trantando de limitar la cantidad de basura que sale de su casa, y soy una enlunada que encuentra la felicidad cada vez que escribe o lee. Sí, todavía quiero salvar vidas. De hecho, mi sueño es que nuestro tercer hijo sea adoptado. Pero no todo el mundo es material para adoptar,  y si, cuando el momento llegue, nos damos cuenta de que mi esposo o yo, no somos material para adoptar, tendré que dejar ese sueño atrás, junto con el de ser médico, o el de trabajar en la ONU.

Aún así siempre, querré salvar vidas.¿Pero cómo? Mi mamá salva árboles pequeñitos que se llaman bonsais, así como cualquier tipo de plantas.  Ella tiene un don para eso y lo usa. La admiro por ello. Yo tengo este don de estar pensando en pajaritos preñados todo el tiempo, para así poder entretenerlos o interesarlos leyendo algo. Y  uso ese don, lo estoy usando, y eso me hace feliz. Imagínense: yo quiero salvar vidas con palabras; porque no puedo salvar una vida humana, no puedo salvar un árbol, ni siquiera puedo salvar un bonsai.

En este blog le he dado especial atención a una muchacha que pasó dos años sin bajarse de un árbol para salvarlo porque la admiro: admiro que  una muchacha de 23 años, soltera, sin trabajo, saliendo de una recuperación de un año por haber tenido un accidente automovilístico, cuyas posesiones se encontraban todas en una mochila, haya encontrado qué es lo que ella podía hacer para darle sentido a su vida, cuál era su don (¿terquedad, quizás? ) y que lo haya usado. Otros activistas-salva- árboles de los que ella habla  en su libro,  eran un muchacho de 16 años que llamaban llamado Nature Boy, y una señora de más de 70 años que todavía tenía ganas de luchar. No me imagino cómo ninguno de ellos hubiera podido salvar a un bebé de ser abortado, imaginando que éste fuera un árbol (volviendo a la frase del comienzo).

En este blog también he hablado de mi amiga que sufrió cáncer de mama cuando estaba embarazada. Que continuó el embarazo, y siguió trabajando, a pesar de tener que pasar por quimioterapia. Mi amiga salvó dos  vidas, la de ella y la de su bebé. Es un heroina. Pero no veo cómo puede haber ayudado a salvar a su bebé que ella se imaginara que su bebé fuera un árbol

En este blog también le he dado una “cobertura especial” a los libros y películas de la serie Crepúsculo o Twilight. Me parece increíble que Stephanie Meyer, la autora, haya tenido la creatividad necesaria para hacer que sus creencias se vean cool a los ojos de los jóvenes. ¿Qué creencias son esas? Tener sexo o hacer el amor, solo después de casarse ( para lo cual inventó todo el asunto de que Edward el vampiro tenía más de 100 años, y que en su época eso era lo usual ) ; y el “no al aborto”, en su forma más extrema: Isabella Swan estaba embarazada de lo que posiblemente sería un monstruo, que podría llegar a matar a todo su pueblo, y aún así, ella continúa con el embarazo. Su esposo quería que abortara, todos lo que la conocen querían que abortara, y ella, para evitar que la hicieran abortar forzadamente, le pide a su amiga vampira, mil veces más fuerte que ella, que la proteja, para que así no maten al bebé. Isabella se desnutre, sufre dolores indecibles, y ella continúa con el embarazo. Al final, ambos, ella y el bebé se salvan. Es posible que esa parte de la saga  haya prevenido abortos en la vida real,  al inspirar  a aquellas mujeres embarazadas que son presionadas para que aborten.

Al saber que soy  una persona con habilidades, pero también con defectos, también me doy cuenta que las demás personas, son personas, igual que yo, con sus habilidades y sus defectos. Unas sirven para unas cosas y otros para otras: unos para salvar árboles, otros para salvar bebés. Y otros, como yo, que no sirven ni para salvar bebés, ni para salvar árboles, sino para escribir, o para hacer globitos en el parque (err, no, eso no lo sé hacer tampoco ). El asunto es que uno no pierda de vista sus ideales, sus sueños, porque al seguir con ellos como norte, algo extraordinario siempre va a pasar en el camino.

¡Los quiero mucho!  ¡ Au revoir mes amies !

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