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El árbol de la vida




The Tree of Life, 2011, EE.UU.
Género: Drogas duras.
Duración: 139 min.
Director: Terrence Malick.
Escritor: Terrence Malick.
Actores: Brad Pitt, Jessica Chastain, Sean Penn, Hunter McCracken, Laramie Eppler.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Fotografía, montaje, música, reparto.
Lo peor: Sin rumbo ni sentido, con tramos insoportables y mensajes perdidos en un galimatías pretencioso.

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Casi toda crítica que he leído sobre El árbol de la vida ha sido positiva, pero estoy convencido de que es porque los que han renegado de ella pasan de perder el tiempo comentándola. Yo soy uno de los que acabó decepcionado, y he querido plasmar porqué para que haya algo más de variedad.

Hay películas que se distancian de los cánones establecidos, es decir, que se dejan llevar más por el arte que por la técnica, y claro, con ellas surgen las disputas más acaloradas, porque son aún más difíciles de describir con adjetivos que las enmarquen en una tabla cualitativa determinada. Encontramos obras que huyen de la narración lineal (Memento va al revés), otras que quieren transmitir algo a través de un efecto concreto (el montaje acelerándose de Requiem por un sueño trata de contagiar el caos y la desazón que viven sus protagonistas), las hay que refuerzan un elemento para destacar en algún aspecto (Barry Lyndon y su fotografía), las hay que rehacen un género para convertirlo en otro (La delgada línea roja no va tanto de guerra como sí de introspección y filosofía) y tenemos también las que apelan más a los sentimientos que a la idea de desarrollar una trama con principio y final, como las dos Solaris o esta El árbol de la vida.

Terrence Malick sin duda pretende construir un canto poético y embelesador sobre la familia, el crecimiento y la maduración personal, el perdón, la muerte, la esperanza… pero todo intento de narrar algo y formar mensajes (sean ambiguos o más determinados) se pierde en un galimatías de ñoñas peroratas cristianas, pasajes inefectivos o directamente sobrantes, secciones que se pierden en la impronta visual, etc. Así, es constante la sensación de que confunde sensibilidad y emotividad con artificiosidad y manipulación audiovisual, de que todo esto no es más que un ejercicio de pretenciosidad mal orquestado, saturado de filigranas que prometen ser artísticas pero terminan resultando tecnicismos sin alma que dejan atrás cualquier atisbo de objetivo narrativo, artístico o emocional.

De un prometedor inicio con personajes reales mostrando visos de alguna trama y mensaje concretos saltamos a pasajes largos donde se fotografían edificios y árboles con mucha elegancia y belleza pero sin motivo ni resultado tangible, con lo que resultan vacíos, inertes. De repente, sin venir a cuento, nos deleita durante veinte minutos con un numerito audiovisual sobre la creación del universo. Puede inferirse, al enlazar con el nacimiento del hijo, que trata de decir algo sobre el origen de la vida… pero no hay manera de entender qué, y menos para qué se necesita algo tan largo, tedioso y desconectado del resto. Además, esa subpelícula acaba con un desmadre alucinante: la absurda escena en que un dinosaurio carnívoro perdona la vida a un herbívoro malherido. El cúmulo de vaguedades sobre existencialismo y religión alcanza aquí un punto álgido delirante en esta cadena de despropósitos.

A continuación deambulamos entre escenitas familiares que parecen volver a centrar la historia, pero en realidad tampoco terminan de dirigirse hacia ninguna parte. Un par de capítulos sueltos sobre la maduración del chaval o los problemas familiares se diluyen en un sinfín de planos que podrán ofrecer buena fotografía (oooh, qué bonita es la farola, te la saco otra vez para que la sigas viendo) pero sin duda son mala composición narrativa. Y además los pequeños detalles sobre la vida, de triviales o previsibles que resultan, no transmiten nada, con lo que se acrecienta de nuevo la sensación de que la película no es más que un disfraz presuntuoso.

Entre los disparates o salidas de tono destaca también el final, con la escena de reencuentro en la playa, sea sueño o cielo cristiano (como hay no pocas chorradas religiosas, ésta seguramente será otra), y los forzados mensajitos de perdón, redención o lo que intentara decirnos con esos mil eternos abrazos. Parece un videoclip empalmado sin el más mínimo esfuerzo para que conecte con el resto.

En todo el sinsentido se adivinan unas buenas labores interpretativas de Brad Pitt y Jessica Chastain, y el chaval (Hunter McCracken) cumple correctamente. La fotografía brilla con luz propia de manera impresionante, pues sin ataduras narrativas que lo limiten Emmanuel Lubezki (uno de los grandes del gremio) se lía a componer planos maravillosos. El montaje es excelente a la hora de enlazar esos planos hermosos. La música, tanto la seleccionada con sumo acierto como la escrita por Alexandre Desplat, funciona muy bien. Pero sin ideas claras, sin guión que marque un objetivo y defina unas intenciones y sin una labor de dirección que sepa utilizar todas esas técnicas gloriosas para conseguir edificar narrativa y arte cinematográfico, el conjunto resulta un pésimo intento de obra vanguardista, poética, experimental, emotiva o lo que pretendiera Malick obtener. Como he visto comentado más de una vez, un solo plano de esta cinta tiene más calidad técnica y fuerza artística que gran parte del cine actual. Pero un gran plano, y dos, y muchos puestos en fila no tienen por qué formar en conjunto una buena película, ni buen arte.

La delgada línea roja, como historia que navega por el sentimiento y la filosofía, aun con sus fallas (montaje final desequilibrado, con huecos y altibajos en el ritmo), resultó una obra cautivadora e impactante, pero a El árbol de la vida no hay por dónde agarrarla. Eso sí, hay no pocas voces que ven en ella una maravilla y conectan profundamente con su tono e intenciones, así que como indicaba al principio está claro que es una de esas películas donde la percepción emocional individual es más importante que cualquier intento de catalogarla con adjetivos o puntuaciones. Resumiendo mi opinión, yo ni siquiera la considero una película. Es un experimento fallido, dos horas y quince minutos de tiempo perdido. De temática y estilo semejantes no puedo dejar de recomendar La fuente de la vida, de Darren Aronosky. Ésa sí es hermosa y fascinante.

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