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EL CAMINO DE LAS REFORMAS: LA OPCIÓN DEL GATOPARDISMO POLÍTICO



Somos muchos los que vemos la crisis actual como la crisis de un sistema de ideas que ya ha mostrado sus límites. Las limitaciones de la idea de la mano invisible para repartir con justicia la riqueza creada, las limitaciones de la idea de progreso para compatibilizar crecimiento con la sostenibilidad social y medioambiental o las limitaciones del individualismo metodológico para explicar la dinámica de una sociedad internetconectada.

Lamentablemente, la estrategia para hacer frente a la crisis no ha consistido, como parecía al principio, en alumbrar un nuevo paradigma económico y político que permita abordar las antiguas cuestiones con nuevas ideas, sino en producir reformas que nos permitan ver las antiguas cosas de la misma forma.

Reformar es la opción política del gatopardismo; es decir,     la  de cambiar cosas para que todo siga igual, que también describió el maestro Luchino Visconti en su película El Gatopardo.

En esta opción política hay que entender las últimas reformas del gobierno, como la del sistema financiero, que intenta ‘limpiar’ los balances bancarios de activos ligados al ‘ladrillo’, pero que nada dice sobre las malas prácticas que condujeron a estas entidades financieras al borde de la quiebra. En general, podemos situar en el origen de los problemas financieros un déficit ético grave que no aborda la Reforma.

En el mismo sentido hay que ver la Reforma Laboral, un conjunto de medidas, centradas todas ellas en los gastos de personal, destinadas a equilibrar balances y cuentas de explotación, pero que nada dicen de las malas prácticas empresariales que han provocado la desmedida destrucción del tejido productivo y empresarial.

Lo que nos habría gustado de verdad, es que el sistema financiero se hubiera puesto al servicio de la política, para poder hacer frente a un nuevo modelo social en el que los servicios esenciales estuvieran garantizados por un sistema financiero que dedica sus beneficios a la mejora social. Lo que no nos ha gustado, en cambio, ha sido comprobar cómo la reforma ha consistido en sacrificar los servicios sociales esenciales para que las entidades financieras sigan manteniendo sus beneficios y su situación de dominancia respecto del poder político.

También nos habría gustado que la crisis hubiera alumbrado un nuevo tipo de empresa ciudadana que pensara en su cuenta de resultados sin perder de vista la cuenta social y ambiental. Lo que nos anuncia en cambio la Reforma Laboral, es el sacrificio de los trabajadores, de su economía y de sus condiciones laborales, para que los empresarios sigan gestionando sus empresas con el único interés que conocen, el económico.

Pero quizá lo más triste de esta situación sea comprobar que nuestra ciudadanía quiere que todo cambie para que todo siga igual, solo así se puede entender, por ejemplo, que la ciudadanía valenciana haya decidido la desaparición de la formación en ética empresarial y responsabilidad social  de los planes de estudio del nuevo Grado de Administración y Dirección de Empresas, que impartirá la Universidad Politécnica de Valencia.

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