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Ralph rompe y Disney levanta cabeza.



Wreck-it-Ralph

Lo primero que me gustaría decir es que no acabo de entender muy bien esa especie de corriente de animadversión que se ha levantado en torno a Disney de un tiempo a esta parte.

Desde hace unos años, y por motivos poco claros, Disney ha pasado a ser sinónimo de engañabobos cuando no de pura maldad, como en no pocas ocasiones hemos podido ver en sketches de Los Simpson o Padre de Familia sin ir más lejos.

Me imagino que los tiros irán en la dirección en que sus directivos orientan sus tácticas empresariales, pero como es algo que a mi ni me va ni me viene, pues insisto en que esa manía siempre me ha pillado algo lejos.

Al fin y al cabo Disney ha sido el proveedor oficial de sueños de la infancia de varias generaciones, y para mi eso es más que suficiente mérito.

Como si les da por criar chimpancés con alas de murciélago al más puro estilo Montgomery Burns.

El que sus aportaciones a la animación hayan pegado un bajón de calidad

El Gran ausente de la fiesta. Disney puede cokmprar Marvel y LucasFilm pero se ve que no puede con un fontanero italiano mostachudo.

El Gran ausente de la fiesta. Disney puede comprar Marvel y LucasFilm pero se ve que no puede con un fontanero italiano mostachudo.

estruendoso en los últimos 20 años ha sido el verdadero motivo por el que me he alejado de las producciones de la compañía, si obviamos el universo Marvel, claro está.

Pixar y en menor medida Dreamworks les adelantaron por la derecha en su propio terreno hace ya tiempo, y no ha sido hasta este ¡Rompe Ralph! que la compañía de Mickey Mouse ha sabido estar a la altura.

Seamos honestos: esta película aún está algo lejos de joyas como los Toy Story, Wall-E, Up! o Buscando a Nemo, pero ya puede mirarlas a la cara sin demasiados complejos.

Tengamos en cuenta que estamos ante una puesta al día de las princesas de toda la vida que, en esta ocasión, se han disfrazado de aguerridas mercenarias al estilo Gears Of War o de adorables conductoras de karts, y de los príncipes clásicos, esta vez con el aspecto de un trasunto de Mario y otro de Donkey Kong.

La sinopsis creo que ya es de sobra conocida: Ralph lleva 30 años siendo el malo de un juego clásico y está bastante cansado de la vida que lleva, envidiando en cierto modo la de el héroe, Fix-it Felix e intenta hacer todo lo posible por pasarse al bando de los buenos.

Lo mejor de todo es que, al cabo de media hora toda esta premisa queda más o menos diluída en favor de una frankensteiniana historia de amistad entre el monstruoso Ralph y uno de los personaje más increíblemente adorables que he visto en una pantalla, la pequeña Vanellope, un Glitch caracterizado de pequeña rompepelotas que podría haber caído con suma facilidad en el terreno de lo repipi, lo ñoño o lo simplemente insoportable dadas sus características, pero que resulta, simple y llanamente, deliciosa.

Y en este personaje estriba, para mi gusto, gran parte del encanto de la cinta.

¡Me la pido para Reyes!

¡Me la pido para Reyes!

La primera media hora larga de la película, para muchos lo mejor de la misma y para mi claramente lo más tedioso, se centra en narrarnos como viven los personajes de los videojuegos cuando los humanos no les ven, idea que puede recordar mucho a las mencionadas Toy Story, pero que finalmente solo comparte ese punto en común con la saga de Pixar y no deja de ser una pequeña anécdota que bien es cierto que redunda en la sumamente atractiva idea de que nuestros personajes de ficción favoritos cobran vida cuando no les miramos.

Idea que me ha fascinado, y supongo que a muchos más, desde mi más tierna infancia.

Sin embargo, sería injusto atribuirle la patente a Pixar, habiendo precedentes cinematográficos claros como Pequeños Guerreros por poner un caso.

Y es muy posible que ese primer tramo del film me haya parecido tan pesado en comparación por el hecho de que, como ya quedó patente en la entrega correspondiente de FreakCast dedicada a los videojuegos, un servidor nunca ha sido mucho de pasarse las horas horas muertas recorriendo mundos imposibles con un fontanero o haciendo correr a toda velocidad a un erizo azul.

Sin embargo que nadie se asuste, pues aunque se diese el caso de no tener ni puñetera idea de qué va un videojuego, la película es plenamente disfrutable.

Es muy difícil reseñar a fondo el film sin contar el argumento y por lo tanto destriparlo, así que baste con lo dicho y con la clara recomendación de que si son amantes de las películas de animación, no se pierdan este renacer artístico de Disney porque merece la pena.

Su niño interior se lo va a gradecer.

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