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El suspense en tres objetos



La trama de espionaje no importa en Encadenados (Alfred Hitchcock, 1946), ni importa el uranio, ni la misión de Alicia. Lo que sostiene la historia son tres pequeños objetos, la llave que abre una bodega, una botella rellena de uranio y una taza de café envenenada. El suspense lo sustentan tres objetos sencillos engrandecidos en importancia por el plano detalle. El planteamiento es concreto, pertenece a la trama y es visual, mucho más que los planes de uno y otro bando. Pero ¿cómo nos enseña Hitchcock esos tres objetos? Con modos majestuosos y a la vez sencillos como el travelling de acercamiento que nos lleva de lo alto de una escalera a la mano de Alicia sosteniendo una llave. La cámara nos señala el camino y nos dice que tras esa concurrida recepción ocurre un drama del que por el momento sólo Alicia, Devlin y nosotros somos conscientes. Utilizándolo como excusa invariable, Alicia se emborracha o dice haberse emborrachado, las botellas se van acabando, ciertas botellas encierran el secreto, una de ellas se debe romper para descubrirlo, y el engaño debe ser descubierto precisamente por eso. Señalando su importancia en la composición por encima del diálogo. Así ocurre en la escena del desayuno cuando se pasa, sin corte alguno, del plano de Alex a la taza, de la taza al primerísimo primer plano de Alicia bebiéndola, y de allí a la artífice de la idea del asesinato, la madre de Alex que borda en un sillón porque ella es quien ha tejido el plan. Otro desayuno y otra panorámica en continuidad de la taza al conjunto de la escena. Lo mismo cuando Alicia por fin se da cuenta de por qué está enferma. Esta vez su importancia queda reforzada por un aparatoso primer término.

Otro de los recursos visuales que nos presenta Hitchcock es el uso del plano subjetivo. La percepción de las figuras amenazantes distorsionadas por el efecto del veneno es la mirada de Alicia al saberse atrapada, la panorámica sobre las botellas y en cada rincón de la bodega buscando algún rastro es la de Alex Sebastian que sospecha que Alicia le ha engañado, la continuidad espacial de esas figuras que esperan cuando bajan la escalera y cambian de tamaño de plano escalón tras escalón, es la de Devlin buscando una salida para su huida final sin el apoyo de nadie, ni siquiera de una música incidental.

Encadenados es igualmente un buen ejemplo de «Mac Guffin», un término inventado por Hitchcock sacado de un viejo chiste para definir el pretexto que hace avanzar una historia. “Es un rodeo, un truco, una complicidad (…) el «Mac Guffin» no es nada. Estoy completamente convencido, pero sé por experiencia que resulta muy difícil convencer a los demás”, explicaba. Sea un secreto, un tesoro, un plano, una botella rellena de uranio -como es aquí-, una bomba… el «Mac Guffin» tiene vital importancia para los personajes y ninguna para la narración. En ocasiones no sólo no tiene valor sino que es casi irrisorio (así ocurre en pelis como Los 39 escalones donde es una fórmula matemática escondida en la memoria de un feriante o en Alarma en el expreso que es una simple melodía). En otras como en Con la muerte en los talones queda reducido a su expresión más pura: algo secreto, es decir, nada.

Y una NOTA: para saber más sobre alguna película de Hitchcock podéis ojear el libro de François Truffaut El cine según Hitchcock.

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