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El encanto de “El Árbol de la Vida”



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¿Cuántas veces salimos del cine sintiendo tranquilidad y satisfacción?

A continuación, les narraré brevemente mi experiencia con la película de Terrence Malick, “El Árbol de la Vida”, desde el momento en el que llegó a mí información acerca de la misma, hasta hoy día, que la valoro en calidad de una verdadera joya de la cinematografía.

Es en el año 2011 en el que por primera vez, escucho acerca de una película en la cual se incluye una secuencia “espectacular” abordando los orígenes de la vida en la Tierra y de la Tierra misma, situación que llamó mucho mi atención. Posteriormente resulta que es la misma película la ganadora de la Palme D’Or en el festival de Cannes 2011, momento en el cual decido investigar más acerca tal producción.

Resulta interesante señalar que Terrence Malick, director nacido en Texas en 1943, cuenta en su haber como director con tan solo 6 largometrajes (icluyendo El Árbol de la Vida) teniendo como sus grandes logros The Thin Red Line y Badlands. Al poco tiempo me entero que la película es una de las nominadas a los Premios de la Academia a entregarse en febrero de 2012, situación que reafirmó mi interés.

Es importante mencionar que en México, las películas llegan tiempo después de ser estrenadas en su país de origen, en este caso Estados Unidos, por lo cual muchas veces me veo obligado a recurrir a la transferencia de archivos por internet para poder ver las películas que aún no se encuentran disponibles en nuestro país, sin embargo, por única vez, decidí esperar para cumplir el ritual de ver la cartelera, llegar al cine, comprar un boleto y pasar a la sala, decisión de la cual no me arrepiento a pesar del tiempo que tardó en llegar.

Comenzó la función, había poca gente en el cine (a pesar de tener a Brad Pitt y a Sean Penn como protagonistas) no me extrañó tal situación, la audiencia para el cine en México simplemente busca entretenimiento, y tratan de pensar lo menos posible. Durante la función me sorprendió mucho el poco diálogo con el que contaba la película, sin embargo, no pude más que entregarme de la manera más libre al encanto de las imágenes que presenta esta película.

La historia de la película inicia con un versículo de Job, en el cual pregunta “¿En dónde te encontrabas cuando cree el Universo?” y gira en torno a tres hermanos, un padre estricto y una madre que es la más viva expresión del amor. Con una narrativa no lineal, la cual frustra a la audiencia acostumbrada al cine comercial, nos cuentan la historia de Sean Penn, un hombre en su madurez, el cual se encuentra visiblemente atormentado por su pasado, mismo que nos narra desde su nacimiento, pasando por su infancia y su educación.

Parte importante de la historia es la muerte de uno de los tres hermanos, situación que genera un luto muy grande en la madre, mismo que le lleva a preguntarse ¿Por qué estamos aquí? ¿Y Dios, en donde estaba cuando perdí a mi hijo? entre otros cuestionamientos. La respuesta de Terrence Malick es impactante, dentro de una secuencia, creada a partir del videoarte, misma que nos narra el origen del universo, el origen de nuestro planeta y el origen de la vida.

Es importante señalar que el director nos presenta los dos discursos más importantes acerca de nuestra existencia y los une de una manera muy delicada y encantadora, La Creación desde el punto de vista de la religión y La Evolución desde el punto de vista de la ciencia, no se casa con una idea, simplemente nos hace ver la importancia de las dos y la imposibilidad de explicarnos tales preguntas sin recurrir a dichos argumentos.

Parte importante del discurso de la vida que nos presenta Malick, es acerca de nuestros roles, como hijos, como padres, como parejas, como amigos, como seres humanos, mismos que muchas veces se ven afectados por nuestro pasado y que en otras oportunidades, se verán reflejados en las personas que nos rodean.

Durante la función, no faltaron las risas, los comentarios, las preguntas, y los abandonos a la sala, situación que no me extrañó. No era la película que esperaban, no era Brad Pitt descabellando Nazis, ni Sean Penn interpretando a un homosexual, era algo que simplemente no estaban predispuestos a mirar y mucho menos a creer.

La música utilizada en la película, es encantadora, completamente adecuada para el discurso de la misma, una propuesta que redondeaba el encanto de la producción, que ya era bella para la vista, mientras los símbolos utilizados son bastante digeribles, marcos de puertas, niños nadando, encuentros con el pasado, sonrisas.

Poco antes del final del largometraje, podemos ver como Sean Penn, se encuentra con todos los personajes de su pasado, sus hermanos, sus amigos, sus padres, los abraza, lo guían, el lo acepta, lo entiende, es su vida y no es nadie para juzgar la voluntad de un poder supremo. Posteriormente, sonríe, situación que termina por darnos a entender que el proceso de catarsis se ha completado.

Una misteriosa luz es la encargada de terminar con la película (misma que se encargó de iniciarla), una luz que nos habla de esperanza, de vida, de la esencia del ser humano. Las luces en la sala se encendieron, las personas salieron prácticamente huyendo de algo que no podían entender.

Al llegar a mi casa pude darme cuenta que sin pensarlo, guardé los boletos del cine (plural porque fui con mi novia), los tomé, los miré y decidi colocarlos en un escritorio, bajo un cristal, a la vista de quien entre a mi cuarto, como un simple recuerdo de una grata experiencia.

Un deleite visual y auditivo, acompañado de un discurso que se encarga de llenar vacíos en un momento en el que muy pocas veces nos detenemos a pensar ¿Por qué estamos aquí? ¿Para qué? ¿Hacia dónde vamos?, una película que no puede dejar pasar todo amante del cine y que seguramente, perdurará en la memoria de todos aquellos que en algún momento se detuvieron y pensaron ¿Qué hago aquí?

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