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Warrior: no es otra película de hostias.



Si hay un subgénero cinematográfico no reconocido como tal que se pueda decir que realmente es el que más me gusta, ese es el de las historias de underdogs, término difícilmente traducible al español, y que erróneamente, en mi opinión , suele traducirse como “perdedor” . Para las explicaciones pertinentes ya tenéis el link a wikipedia inserto en la propia palabra.

Por hacer un poco de historia y contextualizar, podemos decir que la película por excelencia del underdog es Rocky (John G. Avildsen, 1976) y este mismo personaje representa en este filme toda la esencia de lo que es un underdog: un personaje, generalmente (cuando no siempre) deportista, en este caso boxeador, que no tiene absolutamente nada que perder y se enfrenta a todas las adversidades, habitualmente ganando contra todo pronóstico, o al menos, logrando hazañas en el terreno de su competencia por las que nadie hubiese apostado un solo céntimo.

Historias similares las encontramos en las más recientes The Wrestler, la resurreción, parece que solo parcial de Mickey Rourke y que le valió una nominación al Oscar como mejor actor, esta ambientada en el mundillo del wrestling o The Fighter , de nuevo ambientada en el mundillo del boxeo, con un inmenso Christian Bale que, esta vez sí, obtuvo el Oscar al mejor actor secundario.

Y si tenemos en cuenta que Rocky ganó la estatuilla en su día al mejor guión y a la mejor película, es fácil darse cuenta de que a los miembros de la academia les encantan este tipo de cintas, que, por otro lado, suelen ser de lo más jugosas para un actor cuando hay un guión sólido que respalde la historia.

Para más señas, el tipo de underdog que realmente me llega es el del que practica deportes de contacto, como creo que va quedando claro, básicamente porque yo también los he practicado y son los únicos que realmente comprendo.

O sea que lo mío son los subgéneros dentro de los subgéneros que ni tan siquiera existen.

Maticemos una cosa para los despistados: Jean-Claude Van Damme en Contacto Sangriento, por poner un ejemplo, NO es un underdog, por mucho que la película trate de un hombre que se impone en un torneo de artes marciales contra todo pronóstico.

Digamos que para entrar en esa categoría, los personajes tienen que tener un fuerte transfondo personal y, a poder ser, familiar.

Y un actor decente, con todos mis respetos al belga de oro que tanto me divirtió en Expendables 2.

Pues Warrior, rizando el rizo de una forma que resulta bastante refrescante, nos ofrece la historia no de un underdog, sino de tres.

Resumiendo brevemente la historia y procurando no espoilear, aunque tampoco voy a poner especial atención a no hacerlo, aviso:

Tommy Riordan ( el ahora más de moda que nunca Tom Hardy por interpretar a Bane en The Dark Knight Rises) y Brendan Conlon (Joel Edgerton actor bastante prolífico pero del que quizá lo más destacable sea su papel como el joven tío Owen en Star Wars episode II: Attack Of The Clones) son dos hermanos que llevan trece años sin verse.

Tom Hardy hecho una puta mula.

Su padre, Paddy (Nick Nolte, como no, nominado al oscar por este papel) es un alcohólico rehabilitado que, como cabe esperar, nunca ejerció las labores de su cargo demasiado bien, por lo que también se encuentra distanciado de sus dos hijos.

Un día Tommy, una persona fría, dura, parca en palabras y sin (aparentemente) nada que perder ni que ganar, decide reencontrarse con su padre (o más bien visitarle para ponerle a caldo) y al día siguiente se apunta a un gimnasio en donde deja KO en unos segundos al campeón del mundo del peso medio de lo que se da en llamar artes marciales mixtas , y que yo llamo un truco que los hermanos Gracie se sacaron de la manga para promocionar su Brazilian Jiu-Jitsu allá por los años noventa, y que nunca me ha acabado de convencer del todo, porque si vale tudo, tudo vale, es decir, las patadas en los cojones y los dedos en los ojos entre otras cosas, también. Pero eso es otro cantar.

Ante semejante exhibición, a Tommy no tardan en ficharle para competir en el ficticio torneo de lucha extrema Sparta, donde el ganador se llevará 5 millones de dólares.

Visto en esa tesitura, Tommy decide ponerse en manos de su padre, quien ya le preparó en su juventud como luchador olímpico, consiguiendo hacer de él una auténtica máquina de pelear.

Por otro lado, Brendan es algo así como la otra cara de la moneda.

Casado, con tres hijas y profesor de física, se ve obligado a pelear clandestinamente por las noches para sacarse un sobresueldo con el que hacer frente a las facturas que ha generado la operación de corazón de su hija y al inminente desahucio con el que les amenaza el banco.

Para justificar las heridas de guerra, hace creer a su mujer que es portero en un local nocturno, mentira que se viene abajo en cuanto a Brendan le suspenden de empleo y sueldo en el instituto donde imparte clases, precisamente porque alguien de su entorno laboral le vio en uno de esos combates.

Brendan, el “chico bueno” del film.

Entonces sabemos que su pasado también ha estado marcado por el octógono, habiendo llegado a ser luchador en la mencionada UFC .

Agobiado, recurre a su amigo Frank (Frank Grillo) dueño de un gimnasio para que le entrene y le consiga más combates amateur con cierta regularidad, hasta que le convence de que le deje participar también en Sparta.

No hay que ser demasiado listo para saber que la trama (y el drama) está servido.

Tommy, una máquina de matar sin sentimientos, solo en apariencia, pues a lo largo de la trama vamos descubriendo que es un héroe de la guerra de Irak lo que entronca con su verdadera motivación para ganar el torneo, acabará enfrentándose en el combate final a su hermano provocando que el espectador no tenga ni idea de quien quiere que gane el combate, al contrario de lo que suele ser habitual en este tipo de películas, en las que el corazón del espectador está con el protagonista desde el minuto uno.

La película está llena de clichés y los combates están rodados al más puro estilo Stallone, que si algún mérito puede atribuirse como director, es el de haber dejado su impronta en la forma de filmar los combates en el cine.

Transcurre por derroteros bastante predecibles, y no se sale en ningún momento del tono habitual de este tipo de filmes ¡Pero si hasta tenemos un sosias de Ivan Drago!

Sin embargo las potentísimas actuaciones de sus protagonistas, a destacar la de Hardy, que no necesita ninguna máscara para asustar al más pintado, lo relativamente original de la propuesta, el ir conociendo poco a poco quién es realmente y por qué está ahí Tommy Riordan , la intriga que provoca el saber como acabará finalmente la relación entre los dos hermanos y su padre y el ritmo narrativo, siempre ágil y en ningún momento aburrido (dos horas de película que se pasan en un suspiro) hacen de esta película un producto que destaca por encima de la media y que la hace entroncar directamente con las películas anteriormente mencionadas.

Hasta tal punto, que su estreno tuvo que retrasarse un año para no coincidir en la cartelera con The Fighter.

Una cinta que ha pasado bastante desapercibida, al punto de que yo no la había visto hasta ahora porque entre otras cosas, su espantoso póster hace pensar más en un producto directo a DVD que en una película de calidad.

Y lo cierto es que, por muy tópico que suene todo lo que he escrito hasta ahora, la cosa cambia mucho cuando se ve la película.

Sobre todo el combate final, desde luego.

Dirije Gavin O´Connor que también se hace cargo de la historia junto a Anthony Tambakis.

Mucho gusto en conocerles a ambos, por cierto.

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