Cinemascope

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Vueltas de tuerca



O cómo mirar las situaciones de tal manera que uno pueda sacarles jugo de verdad.

He estado charlando de guión con una amiga que tiene un proyecto entre manos pero no sabe cómo darle un empujón. Entonces, buscando la manera de ayudarla, me he parado a pensar y le he dado un consejo que he debido leer en alguna parte, pero que me parece interesante: si tienes una situación, dale la vuelta y la historia se puede volver interesante.

Una situación dada puede ser la siguiente.

1. Han advertido a un empleado de banca que hay un ladrón por la zona.

2. Entonces un tipo mal encarado y una viejecita entran en un banco.

3. El empleado de banca está completamente seguro de que el tipo es el que le va a sacar una pistola.Toma con él todo tipo de precauciones. De hecho hay un par de momentos de tensión. Sin embargo, el tipo mal encarado se va y el empleado de banca cree que ha sido gracias a su perspicacia.

4.Lo que no sospecha es que la viejecita, cuando llega al mostrador, le saca una pistola y le dice que meta todo el dinero de la caja en un saco.

Otro ejemplo clarísimo está en los anuncios de Axe, sobre todo los primeros. En ellos el protagonista siempre era el mismo (aunque el actor cambiara): era el feo al que todas las tías buenas desean.

La idea es que una vuelta de tuerca, en su justa medida, descoloca y atrapa el interés del espectador. Las hay más acusadas y más sutiles, pero siempre están ahí.

Otro ejemplo está en uno de los capítulos de Lost, cuando se presenta a Mr. Eko, ese negro enigmático y fortachón resulta que en un determinado momento pasó de ser un matón… a ser un cura. Y la historia, por arte de magia, cambia, se hace más rica, más interesante.

Si nuestro objetivo es llegar hasta 10, no podemos in contando 1, 2, 3, 4… 10. Eso es previsible, y, como todo lo previsible, es aburrido.

Hay que dar saltos, sorprender, hacer que el espectador no se sienta cómodo del todo, que no se amodorre en el sofá con una historia absolutamente pronosticable. Porque si se adormece con nosotros, ¿qué le impide adormecerse en otro canal, en otra sala de cine, o haciendo papiroflexia? Nada. Y nosotros debemos ser la última frontera que impida que este espectador se nos vaya para siempre.

Otro ejemplo.

Raúl (56) entra jadeando en su modesta habitación. Tiene la cara y la ropa manchadas de sangre. Mucha sangre. Se mira en un espejo. Tiene el ojo un poco hinchado y un par de cortes poco profundos. No cabe duda: viene de una pelea. Con movimientos rápidos y precisos se quita la ropa y la esconde bajo un armario. Luego saca una pistola. La mira. Va a una estantería, coge una biblia, la abre: está hueca. Allí guarda el arma. Se limpia la cara y el torso. Luego, por último, se viste… con una sotana. Se mira en el espejo y su rostro se relaja, como si todo volviera a estar en su sitio. Armoniosamente, con gesto pío y las manos a la espalda, sale de la habitación y cierra la puerta tras él.

…y de repente parece que la historia nos interesa un poco más.

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