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Los cinco mejores malos de la historia del cine



Hoy toca cine. Si hace una semana hacía un listado con los cinco juegos que más me engancharon, en esta ocasión me aventuro a hacer lo propio con los cinco mejores malos de la historia del cine; o los que más me gustaron a mí, porque ya se sabe que estas cosas son subjetivas y suscitan controversia. Me refiero a esos malvados que, por su carisma, gracia o desparpajo, nos llegaron al corazón y terminamos entendiéndolos o incluso poniéndonos de su parte. Malos que eclipsaron al ‘prota’ y se ‘comieron’ la cámara, convirtiéndose en el principal reclamo de sus películas. Como siempre, os animo a que hagáis vuestras propuestas. No he sido capaz de establecer un orden, pero los cinco seleccionados son los siguientes:

El Kurgan en ‘Los inmortales’

- Darth Vader (Star Wars): el malo por antonomasia. Un tío más negro y oscuro que el futuro del euro, y con una voz, la de Constantino Romero, que a pesar de pertenecer a un señor calvo, imponía. Su respiración asfixiante y asmática le otorgaba más carisma aún. Y es que eso era precisamente lo que le sobraba: carisma. ¿Quién no recuerda aquella escena en la que está a punto de estrangular a uno de sus súbditos sin ni siquiera tocarlo? ¿O aquella otra que pasó a la historia del cine al revelarnos que él era el padre de Luke Skywalker?

- El Kurgan (Los Inmortales): verle en acción era un espectáculo. Era, sin lugar a dudas, lo mejor de la película. Incluso llegaba a parecer imposible que el alfeñique Russel Nash (Cristopher Lambert) pudiera acabar con él. Pero ya se sabe: como era el bueno tenía que terminar triunfando. Otra estafa del cine. Me dio verdadera pena que no obtuviera la victoria final. Su voz rasgada y afónica debido al tajo que Ramírez le dio en el cuello lo hizo todavía más entrañable. Era un malo feo, poderoso y con mucho sentido del humor. Una delicia.

- Joker (Batman, de Tim Burton): y si hablamos de malos con sentido del humor, no podemos olvidar la soberbia actuación de Jack Nicholson en esta película. Si al inicio del artículo afirmaba que son personajes ‘que se comen la cámara’, éste es uno de los mejores ejemplos. Con una sonrisa perenne independientemente de la situación, el Joker era un tío tan divertido que asesinaba haciendo bromas. Me caía mucho mejor que Batman, un ricachón pijo y retraído. El Joker de Nicholson sí que valía. De no ser por él, la película no habría sido ni la mitad de buena de lo que fue. Terminó muriendo a manos del infame murciélago, pero su sonrisa pasó a la historia.

- Drácula de Bram Stoker: ¿qué decir de la sublime interpretación de Gary Oldman? La vida no se había portado bien con Drácula. Había sido injusta con él. Lo veíamos desde el principio, y eso nos hacía, en cierto modo, ponernos de su parte. Pero es que este mítico personaje de terror, encarnado por el actor inglés, se ganó la complicidad del espectador a lo largo de todo el filme. Su manera de hablar, sus gestos, su ansia de sangre; y, sobre todo, esa risa diabólica y repugnante que ponía los pelos de punta. Memorable e inolvidable.

- Bill el carnicero (Gangs of New York): quizás no tenga tanto nombre como algunos de los anteriores, pero está, como mínimo, a la altura de todos ellos. Un tipo retorcido, sanguinario, sádico y muy peligroso. Daniel Day-Lewis bordó el papel. Logró que su personaje diera miedo y asco a la vez. Producía terror allí por donde pasaba. Una vez más, un malvado que fue la auténtica estrella del filme.

Supongo que me habré dejado algunos malos que podían haber estado perfectamente en esta lista. Se me ocurren Al Pacino en ‘Pactar con el diablo’ o Robert de Niro en ‘El cabo del miedo’. ¿Tenéis otras propuestas? Bienvenidas son.

 

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