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“La invención de Hugo” de Martin Scorsese: una carta de amor al cinematógrafo



No es habitual en los tiempos que corren de multicines, palomitas, publicidad y tecnología 3D encontrarse una obra maestra de este calibre. Martin Scorsese nos regala en esta ocasión la película más personal que haya realizado hasta la fecha, donde proyecta, con manejo magistral de la tridimensionalidad, una película que es todo un homenaje emocionante, sincero y pedagógico sobre el cinematógrafo y sus ilusionantes pioneros, en particular, el genial Georges Méliès, auténtico mago de la imagen en movimiento.

Cartel promocional de "La invención de Hugo" de Martin Scorsese

Cartel promocional de "La invención de Hugo" de Martin Scorsese

Aunque el esquema y la estética elegida por el autor para el film es de cuento cercano a Dickens, la película va tornando, según las exigencias de la narrativa, a una película de aventuras o al más genuino slapstick de los primeros tiempos del cine, pasando por momentos en los que se convierte en auténtico documental pedagógico sobre el cine artesano de los pioneros. La maestría con la que la batuta de Scorsese dirige este engranaje cinematográfico puede abrumar a más de un espectador que pudiera esperar un artificio audiovisual mucho más superficial o cercano al entretenimiento más trivial de palomitas y cine familiar.

Scorsese se sirve de esta película para reivindicar, desde la modernidad y las últimas tecnologías del 3D, el origen del cine y sus pioneros, el elemento artesano del mismo, la capacidad de asombrarnos como si nuestra mirada fuera la de un niño (la imagen primordial), reflexionar sobre su mecanismo preciso y complejo de producción de sueños, que impactan y disparan la mente y los sentimientos del espectador. Ese artesanal y minucioso trabajo trufado de pasión, sentimiento y amor por y para el cine, como el de Méliès o el del propio Scorsese, es lo que saca al mismo cinematógrafo de la barraca de feria y lo coloca, contando sueños y emocionando al espectador, en la lista de las Artes.

Como metáfora de esta forma de hacer cine, Scorsese se sirve del autómata de Hugo, de especial concepción ya que todo su intrincado engranaje no sirve de nada si no se acciona al mismo tiempo una llave en forma de corazón. Bello paralelismo con el cinematógrafo, que una vez accionado correctamente, nos transmite toda la magia que encierra dentro de sí.

La realidad y la ficción se mezclan en la historia de una manera soberbia, sin caer en la referencia vacía y vana. Los sueños se corresponden con la realidad (la secuencia del tren descarrilando en la estación o la tienda de Papa Georges calcada a la real) y viceversa, al igual que el cine lo hace con nuestros anhelos, sueños y sentimientos.

Especial mención debemos hacer a los personajes secundarios, referencia directa y homenaje claro a los primeros personajes del cine mudo. La pareja de enamorados, el policía (magnífico Sacha Baron Cohen), la florista y el mismo protagonista, niño huérfano, sacados directamente de las películas de Chaplin y otros genios de los primeros pasos del cine.

Hay que resaltar también el uso de la tridimensionalidad que Scorsese maneja de manera magistral, experimentando el efecto de inmersión y aprovechando con el movimiento de la cámara la profundidad que da la visión estereoscópica, en clara aceptación, reivindicación y explotación artística del mismo, en contra de la inmensa mayoría de las películas que adolecen del uso de la inmersión a favor del más efectista y vacío efecto de repulsión. El camino ya abierto por otros “pioneros” del 3D en este sentido (Zemeckis en “Polar Express”, Cameron con “Avatar” o Wenders con “Pina”) toma forma artística, de mayoría de edad, en manos del artesano Scorsese, que saca el 3D del mero reclamo mercadotécnico, al igual que Méliès en su momento sacó al cinematógrafo de la fenomenología circense.

Sin duda, “La invención de Hugo” a pesar de sus cinco Oscar, es la gran perdedora de la ceremonia, pero sigue el buen camino de otras obras maestras de Scorsese como “Taxi Driver”, “Toro Salvaje” o “Uno de los Nuestros” que tampoco ganaron el Oscar a la mejor película.

Aprovechemos, en esta época de 3D, ordenador, tecnología, palomitas y poca pasión de la industria cinematográfica, las reivindicaciones sinceras de diferentes autores, en este caso del genio Scorsese, de la historia del cine, el homenaje a sus pioneros y su pasión y el elemento artesanal en la consecución de los sueños de los espectadores. Regresemos al futuro.

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