Cinemascope

Cine , Cartelera de Cine, Estrenos, Actores y Actrices

Shame, vida de un adicto



El personaje interpretado por Michael Fassbender, Brandon, lo tiene todo para, a priori, ser feliz: es guapo, tiene un buen trabajo y un estupendo apartamento en New York. Y, sin embargo, es una persona profundamente desgraciada, un enfermo, un adicto al sexo, como también podría haberlo sido al alcohol o las drogas.

Poco a poco, asistimos a su particular bajada a los infiernos, que coincide con la visita de su autodestructiva hermana, personaje que dinamita el precario equilibrio en el que intenta sobrevivir Brandon.

Un adicto al sexo que es incapaz de mantener una relación sana con una mujer; de centrarse en su vida sin que su adicción se inmiscuya en cada momento de su existencia; que busca liberarse de sus problemas a través del sexo, mientras poco a poco los muros de su prisión se hacen más y más altos; hasta llegar a la máxima degradación de la que es posible, dejando a un lado su dignidad por satisfacer su deseo, su anhelo por el placer que borre su pasado y le haga olvidar aquello a lo que no puede enfrentarse.

Lo mejor de este filme lo encontramos en los silencios, ya que lo fundamental de la historia y del personaje principal lo descubrimos en los primeros planos de un actor sobresaliente. No existen diálogos que nos permitan conocer su historia o sus pensamientos, sólo tomas de un rostro, que expresan mejor que cientos de palabras la angustia, la ira y la desolación de este enfermo, totalmente solo y perdido en su adicción.

La película se fundamenta y se basa, en gran parte, en la fantástica interpretación de Michael Fassbender, que demuestra que es mucho más que una cara bonita y  el nuevo chico de moda, y que se revela como uno de l0s mejores actores en activo.

Buena interpretación también la de Carey Mulligan, en el papel de la hermana del protagonista, otro personaje roto y sin esperanza, que protagoniza una escena clave, triste y esclarecedora, interpretando su particular versión del clásico tema “New York, New York”.

Por último, destacar la puesta en escena de su director, Steve McQueen, cruda, fría, incómoda a veces, con planos fijos que se centran en lo que de verdad importa: la historia y los personajes.

Escriba un comentario