Cinemascope

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American Graffiti



Camareras patinadoras
Como todos sabemos, George Lucas primero fue un niño como todos, humano; luego fue joven y se comenzó a interesar por el cine. Después deslumbró a todo el mundo con su talento. Y al final echó barriga y se convirtió en la máquina expendedora de dinero que ahora es.
En la etapa de su juventud, supongo que porque aún era un idealista, parió, con permiso de “Grease”, quizá la mejor película nostálgica sobre quienes fueron jóvenes en Estados Unidos en la década de los 60.
“American Graffiti” es de esas películas que parten de un concepto sencillo y la honestidad absoluta de su autor, lo cual se refleja en cada uno de los personajes, y en una mitificación de la época a la que cualquier cinéfilo sabe dar luz verde, aunque en el fondo sepa que obviamente en ninguna década todo es romanticismo y buena música.

Ninguno de los personajes de la película es olvidable, todos están perfectamente definidos en el contexto de la misma, y toda la acción se da en el transcurso de una sola noche.
Un baile de instituto. Hamburgueserías. Aquellos coches americanos enormes de entonces. Chavales que vagan por la calle conduciendo, luciéndose y buscando chicas a las que invitar a dar una vuelta. Estereotipos amables pero con sus necesarias dobleces. Está el personaje del buen chico que duda sobre si quiere ir a la universidad, el del pardillo al que en el fondo todos quieren y que por fin topa con su propia “Sandy” de buen corazón. Está el muchacho que intenta ayudar, que piensa las cosas, que quiere a su novia pero duda también sobre si debe o no marcharse lejos para cumplir su sueño. Hay macarras con tupé y jóvenes que se desafían a carreras de coches. Tiene un papel de reparto incluso Harrison Ford, que vaga dando vueltas con un Chevrolet, conduciendo con la izquierda y abrazando a su chica con la derecha (a la que sea que se haya ligado en ese rato).
“American Graffiti” es una de esas películas inmortales que demuestran que se puede sacar petróleo de los tópicos y los estereotipos. La estética de aquella época (ya la quisiéramos ahora) es fascinante, como un personaje más que lo envuelve todo, y que hace que jamás te aburras. Siempre hay algo divertido en lo que fijarse.

Antes mencioné de pasada la música de la película, ésta es otro personaje que respira y lo envuelve todo. Y además, “personificado” en la voz del Hombre Lobo, el locutor al que todos escuchan desde sus coches, que uno tras otro no deja de pinchar temazos de la época, y que a veces incluso se inmiscuye narrativamente con comentarios que subrayan algunos momentos de la trama.

Ved la película. Escuchad su música y dejad de lado cierto espíritu crítico (que a menudo contiene mucha doble moral) relacionado con los Hombres y las Mujeres y cómo deberían ser o no ser reflejados en el cine y la publicidad, y disfrutaréis de una gran obra.
Creo sinceramente que el dinero ha absorbido a un cineasta que tenía mucho más que ofrecer. Esta película es la prueba definitiva. Otros tienen mucho menos y han hecho muchos más. Creo que a la larga, con Lucas, el público ha salido perdiendo. Eso de que en la variedad es donde está el gusto, podía haber hecho maravillas aplicado al amigo George.

(Trailer)

(Nota: No estoy en contra del doblaje, he crecido con él y hay películas muy bien dobladas. Pero hay veces en las que merece la pena una advertencia. El doblaje de esta peli está lleno de expresiones de aquella época. Expresiones españolas… Avisados estáis.)

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