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CAMAGÜEY, Y EL MISTERIO DE LA “SALA OSCURA”



Segmento de la calles de los cines en Camagüey

Transcurrían los primeros meses del año 1993 y ante los ojos de la humanidad la utopía se desmoronaba la Unión Soviética y el resto de los países socialistas, comenzaba para Cuba y sus hijos unas de las pruebas más difíciles de estoicismo, valor y decisión. Ante las ausencias de las cosas elementales y la incertidumbre ante un nuevo día, la cultura servía una vez más de refugio y crisol para continuar adelante con los sueños cercenados de golpe y porrazo.

Así nació el Taller Nacional de Crítica Cinematográfica en Camagüey, próximo a celebrar su XVIII edición y como expresará entonces la Declaración final del encuentro: “…merita se le asegure una continuidad y trascendencia…”.

Armando Pérez Padrón

Armando Pérez Padrón, vicepresidente de la filial agramontina de la UNEAC, era por aquella época el director del Centro Provincial del Cine y uno de los creadores del evento en compañía de otros “locos” apasionados del séptimo arte como Luciano Castillo y Juan Antonio García Borrero, quienes durante largo tiempo habían abonado desde sus posiciones de cinéfilos las condiciones indispensables para acoger este Taller él evoca aquellos días.

-Yo creo que Camagüey tiene una responsabilidad histórica dentro de la cultura cubana y latinoamericana y porque no universal y digo esto porque es región hacedora de cultura y dentro del cine nunca ha sido segunda de nadie.

-El año 1993 fue terrible donde la utopía se nos vino abajo, donde todo se confundió, cuando no sabíamos si al otro día sobreviviríamos con las cosas más elementales de la vida como es comer y asearse incluso,  a un grupo de “locos” se nos ocurrió hacer un evento de pensamiento y eso nos da la medida de la grandeza de la cultura, del cine, y se en el año fuimos capaces de hacer aquello, de hacer  lo que Abel Prieto Jiménez, hasta hace poco ministro de cultura, llamó en una ocasión  la Protesta de Baragua de la Cultura Cubana, yo creo que en pleno siglo XXI, cuando fuerzas internas y externas amenazan con desaparecer el “placer de la sala oscura” el Taller de Crítica de Camagüey puede poner una vez más su granito de arena para ayudar salvar esta.

Armando desde su experiencia, ¿Cómo podría expresarse ese aporte?

-Este evento puede ser una vez más un espacio donde el pueblo camagüeyano y porque no el cubano vuelva a creer nuevamente en el cine, que no todo está perdido, que no todo está en manos de los mercados tanto oficiales, o no oficiales que pululan por todas partes desaforadamente con lo peor del audiovisual universal.

-Camagüey, fue uno de los primero lugares del país donde hubo cine, y televisión, ha demostrado que es centro del pensamiento alrededor de este arte y creo que podemos seguir, tenemos la obligación de continuar llevando esa responsabilidad en nuestros hombros esa carga de identidad e ideología, pienso además que en la vida social los elementos del lenguaje cinematográfico están presente en cualquier tipo de evento, congreso o discusión que se haga.

-Entonces, una renuncia a la “sala oscura” como ese espacio de confrontación, a mi juicio es un suicidio identitario no solo para nación, sino para cualquier otra.

Por eso, desde el 13 y hasta el 14 de marzo, críticos cubanos  reconocidos, actores, realizadores e investigadores junto al expectante público de la ciudad de Camagüey, tratarán de develar el misterio de la  “Sala oscura”

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