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Memorias de cine : El marido de la peluquera



Tal vez sólo fuésemos felices si alcanzáramos los sueños de la infancia. Seguramente un psiquiatra le diagnosticaría el síndrome de Peter Pan en grado sumo a Antoine (Rochefort), el protagonista de esta película. Pero los psiquiatras no saben de sueños más que lo estrictamente necesario para ponerte una camisa de fuerza. 

Nada más sensual que una peluquera. ¿Por qué no, es tan descabellado gozar con los sensuales movimientos de una peluquera? Nos exigen una vocación desde pequeño, sería normal querer ser médico o un circunspecto abogado pero¿ por qué no ser el marido de una peluquera o el marido de la mujer más sensual que nos mira una noche atrapándonos ya de por vida, por qué no pasar los días disfrutando, gozando de toda la sensualidad que encierra una peluquera? 

El protagonista,  alcanza sus sueño, su única vocación, y no con una peluquera cualquiera, sino nada más y nada menos que con la erótica Matilde (Anna Galiena). Para el común de los mortales el protagonista entraría dentro del grupo de los mamarrachos o de los raros, un tío que holgazanea en una peluquería, un tipo sin más ambición que gozar de la belleza y del amor de su mujer un tipo que expresa sus estados de ánimo con una baile que le une por un momento con esa infancia que aún desea mantener, un tipo que ha optado por disfrutar de su fantasía antes que de una vida impuesta. 

Una película donde el tema principal, junto a ese amor intenso, erótico y sensual, va a ser el tiempo, la obsesión por el paso del tiempo. Antoine logra aislarse de la vida viviendo en una especie de suspensión del tiempo, prolongando los sentimientos y fantasías infantiles, disfrutando con el amor y la sensualidad que siempre soñó en compañía de su peluquera. Ella vive obsesionada con el paso del tiempo como elemento destructor de todo lo bello de la vida, el paso de un tiempo que les llevará a la decrepitud , no sólo física sino a la decrepitud de los sentimientos, a ver como toda la pasión que en ese momento siente, acabará languideciendo.  

Pero el amor nunca languidece, el amor no muere, ni se transforma, permanece inalterable como el primer momento, y hablo de amor, del amor convulso y único, no de pulsiones sexuales o la búsqueda de una grata compañía para llenar los momentos de soledad.  Matilde, la peluquera nunca comprendió esto.

El marido de la peluquera ( Le mari de la coiffeuse )

1990

Dirigida por Patrice Leconte

Interpretada por Ana Galiena y Jean Rochefort

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