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“The Artist” de Michel Hazanavicius: un divertimento bien armado



Parece que con los estrenos de las últimas fechas, y en particular con el éxito en los últimos Oscar de películas como “La invención de Hugo” o “The Artist” asistimos a un reflorecimiento de las viejas artes del cine mudo. Cierto es que son dos películas que miran atrás  a la historia misma del cine, pero de formas muy distintas: mientas “La invención de Hugo” lo hace en el fondo trascendental de lo que es y significa el cinematógrafo, “The Artist” lo hace en la forma, intentando imitar el estilo y las narrativas del cine mudo.

Cartel promocional de "The Artist" de Michel Hazanavicius

Cartel promocional de "The Artist" de Michel Hazanavicius

The Artist” es un producto bien armado, divertido, y que funciona de manera tan eficaz porque consigue lo que busca, un rato ligero para el espectador y entretenido. El director Michel Hazanavicius, ya experto en la referencia directa y sin tapujos de otras estéticas de la historia del cine (demostrado queda en sus dos filmes anteriores de la saga “OSS 117” donde parodia el cine de espías al estilo James Bond) nos demuestra su verdadera maestría en este tipo de cine, no tanto inspirado, sino copiado tal cual de otras épocas. La diferencia es el genio y acierto que enseña en el uso del melodrama en esta caso, pasando de la comedia al drama o al romanticismo con suma facilidad y eficiencia.

Esto cabe dentro de la historia de “The Artist“, que engancha por ser de esas narrativas sencillas, sin giros estrafalarios y que recuerda algunos de los guiones del cine mudo, donde la mezcla, el matiz, y la profundidad no tiene sitio. Pero los buenos mimbres, como es la dirección de Hazanavicius, con las ideas claras, y apoyado en dos grandes interpretaciones de los protagonistas Jean Dujardin (que ya demuestra en la saga “OSS 117” sus dotes para moverse en la comedia) y la argentina Bérénice Bejo, sin olvidar al perro (genial durante todo el film), asistimos a una oda en toda regla del cine de evasión, entretenido, sin grandes efectos ni estrellas, que simplemente cuenta una bonita historia y que finalmente nos hace salir del cine con una sonrisa y con la sensación de haber invertido bien el dinero.

No debemos entrar en más análisis, ya que la película no los sostiene ni tampoco los busca. Quizás solo mencionar otro acierto de la trama: introducirla en la industria cinematográfica del final del mudo, haciéndonos tímidamente reflexionar sobre el brutal cambio que supuso este hecho en la historia, y un cierto deseo de transmitir un amor por el cine en general y un resarcimiento del cine mudo en particular, reivindicando la calidad de los elementos básicos del cine respecto a las modas, en detrimento en la actualidad de otros elementos accesorios vacíos como son los efectos, el vertiginoso montaje o la tecnología que no justifican el contar una historia que no lo merezca en sí mismos.

The Artist” es un ejemplo de buen cine comercial, bien hecho, donde su punto fuerte se apoya en el propio cine como catalizador de historias sencillas, sueños, anhelos… en fin, de cine como narrador de cuentos, sin tecnología vacía, sin aderezos que los últimos tiempos inundan nuestras pantallas…. Cine, ni más, ni menos. Cine que se despoja de todo lo que sobra para demostrar que solo necesita de los verdaderos elementos del mismo para entusiasmar al público, como siempre ha sido y como siempre será.

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