Una forma de aproximarse al cine es por medio del hecho comunicativo, cuyo objetivo es tratar de responder a la pregunta “¿qué es el cine?” mediante la relación entre lenguaje y cine. El llamado lenguaje cinematográfico siempre ha estado comprometido y cuestionado, a la vez que comparado con otros lenguajes provenientes de distintas expresiones artísticas, hasta el punto de estar ligado a la cuestión estética muy estrechamente. La semiótica, ocupada en los lenguajes y los procesos comunicativos, ha dedicado gran parte de su desarrollo a la función estética (poética), según Jakobson, para documentar el acto comunicativo. De Jakobson (¿Decadencia del cine?, 1934) hay que recordar su visión para adelantar temas posteriores de la semiótica cinematográfica en los sesenta. Comenzó partiendo del formalismo ruso, una corriente críticoliteraria de los años veinte ocupada en temas cinematográficos que construyó uno de los primeros ejemplos de aplicación del modelo lingüísticoliterario al estudio del cine (Kraiski, 1971) (Barbera-Turigliatto, 1978). Los formalistas trataban de definir la autonomía y especificidad de los procedimientos y materiales del cine para legitimar su condición de arte. Para ellos la naturaleza del cine no sólo era mecánica y reproductiva, sino también formativa y constructiva. Una reflexión estética contraria a la formalista se basaba en el reconocimiento de la naturaleza mecánica del medio cinematográfico. Walter Benjamin aseguraba que toda esta problemática estética existía a partir de la reproducción técnica del mundo que lleva a cabo el cine y formaba parte de la crisis radical del sistema tradicional de las artes (antes basado en la unicidad y sacralidad de la obra de arte y ahora destruído por una percepción colectiva y distraída de las obras, muy propia del público cinematográfico).
- Costa, Antonio, Saber ver el cine. Barcelona: Paidós Ibérica, 1986
Escriba un comentario