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cine « WordPress.com Tag Feed 2012-03-14 23:01:50



CÓDIGO DESCONOCIDO

Título original: Code inconnu. Año: 2000. Género. Drama. Duración: 107′. Dirección y guión: Michael Haneke. Intérpretes: Juliette Binoche, Thierry Neuvic, Josef Bierbichler, Ona Lu Yenke, Luminita Gheorghiu, Arsinée Khanjian, Alexandre Hamidi, Helene Diarra. Fotografía: Jürgen Jürges. Música: Giba Gonçalves.

Sinopsis: En una concurrida calle de París, alguien echa un papel muy arrugado en la mano de una mendiga. Este es el lazo que, por unos instantes, une el camino de personajes muy dispares: Anne, una joven actriz que está a punto de empezar su carrera en el cine, apenas ve a su novio Georges, pues es fotógrafo de guerra. Jean, el hermano pequeño de Georges, no tiene ningún interés en ocuparse de la granja de su padre. Amadou, profesor de música en un instituto para niños sordomudos, es hijo de un africano que trabaja de taxista; tiene una hermana pequeña sorda, lo que explica la elección de su profesión. María es una rumana que manda a casa todo el dinero que consigue mendigando.

Haneke comienza su película con una escena, que llega a nosotros entre los títulos de crédito y que es un fiel reflejo de la falta de comunicación que padece la sociedad de hoy día. Vemos a un grupo de niños sordomudos y a una niña a la que, por medio de signos, sus compañeros le están haciendo preguntas. La niña, ante la imposibilidad de contestar acertadamente, se pone nerviosa y responde a todo de forma negativa, sumiéndose en un estado de desesperación interna. Fundido a negro (aquí, en esta película, Haneke vuelve a los cortes bruscos entre escenas).

Después viene un poderoso travelling/plano-secuencia. La cámara acompaña a Anne por la calle hasta que se encuentra con un joven que le dice que necesita alojarse en su casa. Tras resistirse un poco, accede y le da las llaves. El plano retrocede su camino y la cámara acompaña al joven que caminando lanza los restos de lo que parece un bocadillo al regazo de una indigente. Un joven negro le llama la atención de forma algo soberbia, como tratando de buscar pelea que se suele decir. Comienza una sucesión de retos y agresiones verbales que llegan a su fin con la aparición de la policía.

Partiendo de este punto, se comienza a desarrollar la trama. Como vemos aquí y en muchos otros pasajes de la película, el lenguaje, la palabra hablada no es suficiente para que se produzca la comunicación, ya que el granjero podría expresar lo que siente hacia su hijo de muchas maneras, pero como a todos nosotros, le cuesta ser entendido y darse a entender. Y es que adolecemos todos de un mal terrible (uno de tantos), el de la incapacidad de comunicación. Los seres humanos no somos (la gran mayoría,) sino personajes perdidos en el gran teatro de la vida que no son capaces de expresar con claridad sus emociones y sólo pueden fingir que se quieren y que saben reírse, cuando en realidad están confundidos y perdidos como niños ciegos en el desierto de las relaciones personales.

Michael Haneke ataca directamente en esta película a una sociedad europea cada vez más cosmopolita pero cada vez más individualista, jugando con el espectador como si este fuese el protagonista principal de su obra, provocándole sensaciones de repulsa hacia las acciones que está observando pero a la vez provocándole sentimientos de culpa, ya que quién más quién menos, se puede llegar a sentir identificado de alguna manera con la acción reprobable que está pasando ante sus ojos. Cuántas veces hemos pasado por al lado de un mendigo, y cuántas veces lo hemos mirado como si fuese basura…

¿Qué hay detrás de cada uno de nosotros? ¿Qué hay detrás de una indigente? ¿O de una niña que llora de un modo desgarrador en casa del vecino? ¿Me debo preocupar en averiguar? ¿Debo permanecer al margen? ¿Las dos cosas a la vez según el caso en que me encuentre? ¿Le bajo los humos al que humilla a una mendigo aunque conlleve su deportación? ¿Voy a la policía porque una anciana no se atreve a denunciar por sí misma unos malos tratos?

Michael Haneke lleva 20 años construyendo una crónica sobre la decadencia de la sociedad occidental. El director no centra sus obras en el devenir de unos u otros personajes, no, siempre somos nosotros, el público el que está a este y al otro lado de la pantalla. Juega con nosotros, nos provoca, nos enreda en sus trampas y nos abandona a un lado del camino.

Estamos ante el poeta del horror, entendido este como producto de la incomunicación y del desconocimiento, de lo absurda que se ha vuelto la existencia humana, de la banalidad al fin y al cabo. Haneke no es un prestidigitador, ni un adivino, ni por supuesto un profeta. No nos dice donde está la salida, sólo actúa de notario. Da fe de lo que pasa, nos arroja todos nuestros pecados a la cara, nos demuestra que somos una sociedad enferma. Su cine te puede gustar o no, pero su mensaje cala hasta los huesos.

En cuanto a la parte técnica, la narrativa de la película es lo más notable: los largos plano-secuencias, la desnudez técnica y la conciencia explícita de estar utilizando el lenguaje cinematográfico; a esto se une el tipo de mirada que presenta el director, capaz de introducir lo general en lo particular. Una cinta que contiene una serie de piezas. Piezas de un rompecabezas conformado por varias historias. Historias que solo tienen en común compartir por unos momentos el mismo espacio. Espacio que cada personaje aborda de manera distinta. Distinta, pues cada quién sufre su propio drama.

Soy yo, y soy también cualquiera de esos viajeros del metro que no levantan la vista, que se hacen los sordos ante el grosero acoso a una mujer que viaja en el mismo vagón, y en mi recorrido por la ciudad me cruzo con otras personas que rozan mi vida y a las que olvido al instante: una mendiga rumana, un joven senegalés que la defiende. Escenas cortadas bruscamente que, como bofetadas, me arrojan ante el espejo en el que unos personajes ligados entre ellos durante breves instantes, me enfrentan con el aislamiento, la dificultad para comunicarnos, la máscara con la que tantas veces nos presentamos ante los demás, la soledad.

En ‘Código desconocido’ Haneke decide sólo apuntar, es decir, abrir caminos de debate y reflexión en torno a estas dos apasionantes cuestiones, en detrimento de la historia, lo que deriva en que el espectador asiste a una película aparentemente inconexa, turbia en sus planteamientos de guión, pero que se revela muy atractiva según avanza su metraje. ‘Código desconocido’ es una obra coral, con el protagonismo repartido entre casi una decena de personajes, y en donde el azar –los encuentros, casualidades y desencuentros- se convierte en el motor de la narración. Sin embargo, cada historia adquiere sentido por si sola, no necesita del resto para vivir y en este punto es donde Haneke reivindica, una vez más, la condición de apunte de su filme, compuesto por bosquejos tan precisos que logran transmitir al espectador la carga brutal de denuncia y desesperación que llevan dentro.

Sólo una actriz como Juliette Binoche, con el talento y la capacidad para transmitir a través del silencio que se esconde detrás de su bello rostro, puede cargar sobre sus espaldas este filme de vidas cruzadas. Sin embargo, Haneke distribuye a la perfección los momentos de lucimiento de su desconocido y lleno de talento grupo de actores para alcanzar el equilibrio indispensable en este género que vive un verdadero auge.

La película, una difícil y contundente propuesta fílmica, acaba sumida en el caos sonoro de la música ensordecedora que sale de los tambores aporreados por los niños sordomudos. Un ruido siempre presente en nuestras vidas (ruido sonoro y visual) que no nos deja escuchar lo que ocurre a nuestro alrededor.
El problema de que no nos entendamos entre nosotros no es, creo yo, que hablemos idiomas distintos sino que no sabemos bien qué decirnos y cuando nos atrevemos a hablar de verdad, no a soltar palabras sin sentido porque sí, nos encontramos con que la otra persona ni sabe escucharnos ni tan siquiera quiere oír lo que le vamos a contar, por lo que, como se suele decir, no sólo no se puede sino que además es imposible…

MICHAEL HANEKE


Nació en 1942 en Munich, Alemania. Hijo del director y actor alemán Fritz Haneke y de la actriz austriaca Beatrix Von Degenschil. La niñez y la juventud las pasó en un suburbio de Vienna. Asistió a la Universidad de Viena para estudiar filosofía, psicología y drama después de fracasar en sus primeros intentos en la actuación y la música.

Después de graduarse, se convirtió en un crítico de cine y entre 1967 y 1970 trabajó como editor y dramaturgo en la estación televisiva del sur de Alemania Südwestfunk.

Como dramaturgo dirigió varias producciones escénicas en Alemania, entre ellas obras de Strindberg, Goethe y Heinrich von Kleist en Berlín, Múnich y Viena. Hizo su debut como director televisivo en 1973.

Dirigió “El séptimo continente” (Der siebente Kontinent) en 1989, que muestra un estilo propio y áspero que enfrenta al espectador con todo aquello que trata de ocultar el cine convencional. “El Séptimo continente” era la primera película en la trilogía de glaciación de Haneke, luego vendría “El video de Benny” (Benny’s video, 1993), y por último: “71 Fragmentos en una cronología del azar” (71 Fragmente einer Chronologie des Zufalls, 1994).

En 1997, Haneke filmó una adaptación inteligente y expresiva de la novela de Kafka “El Castillo” (Das Schloß). Según él, a partir de Kafka la narrativa fragmentaria ha sido uno de las condiciones básicas para un enfoque de la realidad.

Su film “Horas de terror” (Funny Games), de 1996 plantea la influencia de los medios audiovisuales y la ola de violencia que sacude el centro de Europa. Fue premiado en Cannes en 1997. En 1999, fue el turno de “Código desconocido” (Code inconnu) con guión de su autoría.

“La profesora de piano” (La pianiste, 2001), basado en la novela de la Premio Nobel Elfriede Jelinek. Con ella gana el prestigioso Gran Premio en el Festival de Cine de Cannes de 2001, sus protagonistas, Benoit Magimel e Isabelle Huppert, recibieron los premios de mejor actor y actriz.

Su siguiente trabajo, “Caché/Escondido” (Caché, 2005), es otro viaje a los oscuros secretos del alma humana. Con esta película, Haneke fue galardonado como Mejor Director en Cannes y recibió el premio a la mejor película en la ceremonia de Premios del Cine Europeo.

En el 2007, debuta en el mercado norteamericano, con el remake de su película “Horas de terror” (Funny Games), que fue producida por la actriz Naomi Watts, quien también actúa en el film.

En el 2009, recibió la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes, por su película “La cinta blanca” (Das weiße Band – Eine deutsche Kindergeschichte), que ganó el Globo de Oro a la mejor película en lengua no inglesa y obtuvo nominaciones a mejor película extranjera y a la mejor fotografía en los premios Oscar. En ella, Haneke disecciona los orígenes del nazismo.

Desde 2002, ejerce como profesor de Dirección en la Academia de Cine de Viena y desde 2006, se dedica también a la dirección de ópera, siendo Don Giovanni y Cosi fan tutte de Mozart sus producciones más destacadas.

Cirujano de las pulsiones más oscuras e inconfesables del alma. Generalmente, sus películas no están dirigidas a la crítica ni a la audiencia. No formula respuestas ni cierra finales felices. Pretende que cada cual trabaje con su propia inteligencia. Son películas perturbadoras y sombrías, no son comerciales ni las realiza para complacer a nadie.

  1. Juana Mª Martinez Dice,

    MMM, no le habia puesto atencion a este pelicula, pero ahora la voy a ver. Gracias

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