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Días de Cine con Bogomilo: “Luces rojas” e “Intocable”



Tomando el testigo que me deja Profesor, añadiré algunas breves consideraciones sobre un par de películas que ustedes pueden encontrar estos días en la cartelera de cine. Eso sí: dense prisa porque esto cambia que no es normal.

Señalaré como apreciación preliminar que en el cine actual, como regla, es difícil encontrar una película que uno considere buena al principio  y que mantenga su calidad en su final. No sé si debo decir que el final de esta Luces rojas no me gustó, porque lo cierto es que tal vez no había otro final posible.

Una pareja de investigadores psíquicos, profesores en no sé qué universidad, se dedican a investigar y a desmontar fenómenos parapsicológicos, pues éstos, en todos los casos estudiados, se explican finalmente como fraudes. Pero un famoso psíquico, viejo conocido de ambos, llega a la ciudad y en sus espectáculos parece desafiar con sus habilidades cualquier posible interpretación racional. Destapar el fraude de sus capacidades se convertirá entonces en su objetivo y será algo que llegará incluso a obsesionarles.

La película consigue mantener, en general, una buena tensión argumental y creo que nadie podrá salir del cine con la impresión de haber visto una mala película (100 % mala de necesidad), y, para los interesados en estas temáticas, diré que en ella se muestran bien diferentes fenómenos parapsicológicos y algunos de los procedimientos que se utilizan en su estudio más “científico”.

Yo no sé si existen todos estos fenómenos, pero, en verdad, no los necesito. Bastante extraño me resulta ya de por sí el mundo en que vivimos.

Intocable es la evidencia de que la superación de la lucha de clases marxista es posible sin revoluciones. En ella, un chico negro en  paro salido de los suburbios de París acude a una entrevista laboral y con su actitud poco convencional consigue ganarse la confianza y la amistad de un hombre paralítico forrado de dinero que vive en una mansión rodeado de todos los lujos, pero que es totalmente incapaz de valerse por sí mismo. “Dris”, que pasará a ser su particular cuidador, le ayudará a recuperar en lo posible la alegría por la vida y le llevará al ricachón a cometer alguna ”travesura”, transgrediendo normas y convencionalismos, hasta convertirse en compañeros casi inseparables.

Sinceramente, les recomiendo esta comedia francesa -de gran éxito en su país- que, sin duda, les hará reír gracias al singular sentido del humor de este cuidador de ascendencia africana, un superviviente de los suburbios parisinos, donde también malvive su “extensa” familia. En sus peripecias no perderá ocasión para fumarse algún que otro porrete y para tirarle los tejos a la secretaria del ricachón.

Repito, reitero: buena película.

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