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La dama de hierro JUGANDO A SER MARGARET THACHER, por Pablo GAmba



La dama de hierro (The Iron Lady, 2011) es la película por la que Meryl Streep ganó su tercer Oscar y fue nominada por decimoséptima vez al Premio de la Academia. También fue galardonado el filme por el maquillaje que Mark Coulier y J. Roy Helland, el peluquero personal de Streep en el cine, crearon para que encarnara a la figura del título. La dama de hierro no puede ser mucho más que eso porque el trabajo de la directora, Phyllida Lloyd, está totalmente puesto al servicio del lucimiento de la intérprete más importante de Hollywood en la actualidad, con la que estableció una relación de complejidad con su ópera prima en el cine, Mamma mia! (2008), por la que Streep fue candidata al Globo de Oro. Ese es otro galardón que colecciona con 26 nominaciones y que ha ganado 8 veces, la más reciente este año como mejor actriz de drama por el mismo personaje que le valió el Oscar.

Hay dos similitudes entre Mamma Mia!, un filme basado en temas del grupo ABBA, y la película sobre Margaret Thatcher. La primera es la más sutil, y viene dada por los planos en los que los actores están dispuestos en la escena como si se tratara de otro musical. Ocurre en la secuencia de la sala de guerra en el conflicto de las Malvinas, por ejemplo, así como en los cenitales. La referencia al género viene indicada también a través de las varias menciones que se hacen a The King and I, el musical para el teatro de Richard Rogers y Oscar Hammerstein, por si lo visual no fuera suficiente. Afortunadamente el baile no ocurre, ni canta tampoco la primera ministra con su desagradable voz aguda, con la cual Streep parece burlarse de sí misma, en su interpretación de la chef Julia Child de Julie & Julia (2009).

La segunda semejanza entre La dama de hierro y Mamma mia! está dada por la inteligencia de Lloyd para crear en sus películas un espacio lo suficientemente grande como para que una actriz como Meryl Streep pueda divertirse a sus anchas. Es una manera de abrirse camino en esa industria cuando se es mujer, británica y novata, y un remedio para esa enfermedad de aburrimiento de la que tanto se quejan los actores y que no dejará de causar sorpresa a la gente que trabaja en la industria, en la burocracia gubernamental o como contable. En todo caso, la propuesta de hacer el filme fue acogida por Streep como una de esas raras aves exóticas que se logra atrapar y llevar al cine, como dijo al recibir el Globo de Oro. Es raro que haya papeles para mujeres que ofrezcan las posibilidades de Margaret Thatcher.

Así como Mamma mia! era un parque de diversiones en el que Streep brincaba, correteaba y cantaba en un sensual ambiente mediterráneo como si no tuviera casi 60 años de edad, con la piel dulcemente tostada por el sol y rodeada de 3 galanes de otoño –Pierce Brosnan, Colin Firth y Stellan Skarsgard–, en La dama de hierro recae sobre ella todo el trabajo de sostener la película con su burla de la figura histórica. Es tan sutil que puede llegar a confundirse con un homenaje a la heroína de la revolución conservadora. El contraste con la interpretación más tosca de Alexandra Roach, la actriz que hace el papel del personaje en su juventud, pone de relieve su maestría en la composición. Su estilo característico de actuar, sin disolverse por completo en el personaje, de manera tal que es evidente que la que está en la pantalla es Meryl Streep, convierte al público en cómplice de lo que hace: jugar a ser Margaret Thatcher.

El problema es la contextualización. En La dama de hierro varios acontecimientos políticos son traídos a colación tal como los registraba la televisión en su momento, como si no pudiera hacerse otra cosa con ellos que cut and paste, sin profundizar más en lo ocurrido. Otras veces parece que la puesta en escena inspirada en el musical es lo único que tiene que decir la directora, como ocurre en la citada secuencia de la sala de guerra, en la que los militares forman fila a la izquierda y los políticos a la derecha, o en el desfile como sombras de las víctimas de la Guerra de las Malvinas. Sin ahondar en la situación política de Irlanda del Norte, las bombas que los terroristas hacen estallar varias veces en la película no parecen otra cosa que una cita de un clásico de la época de Thatcher, Brazil de Terry Gilliam (1985).

Una pregunta es por qué hacer una película sobre una figura histórica para repetir lo que dijeron los medios de comunicación en su momento o puede hallarse en referencias cinematográficas. La respuesta es lo que se escribió al principio: La dama de hierro no es una biopic ni un filme que aspire a ningún tipo de seriedad. Es sólo un parque de diversiones para que Meryl Streep despliegue su talento con un personaje que es un regalo del cine para cualquier actriz en la actualidad, incluso para ella. Y no hay duda de que se divirtió.

LA DAMA DE HIERRO

The Iron Lady, Reino Unido-Francia, 2011

Dirección: Phyllida Lloyd. Guión: Abi Morgan. Producción: Damian Jones. Diseño de producción: Simon Elliott. Dirección de arte: Bill Crutcher. Maquillaje: Mark Coulier, J. Roy Helland. Fotografía: Elliot Davis. Montaje: Justine Wright. Sonido: Niguel Stone. Música: Thomas Newman. Elenco: Meryl Streep (Margaret Thatcher), Alexandra Roach (joven Margaret Thatcher), Jim Broadbent (Denis Thatcher), Harry Lloyd (joven Denis Thatcher). Duración: 105 minutos. Formato: 35 mm anamórfico, 2,35:1, color, sonido Dolby Digital.

Jugando a ser Margaret Thatcher

Pablo Gamba

La dama de hierro (The Iron Lady, 2011) es la película por la que Meryl Streep ganó su tercer Oscar y fue nominada por decimoséptima vez al Premio de la Academia. También fue galardonado el filme por el maquillaje que Mark Coulier y J. Roy Helland, el peluquero personal de Streep en el cine, crearon para que encarnara a la figura del título. La dama de hierro no puede ser mucho más que eso porque el trabajo de la directora, Phyllida Lloyd, está totalmente puesto al servicio del lucimiento de la intérprete más importante de Hollywood en la actualidad, con la que estableció una relación de complejidad con su ópera prima en el cine, Mamma mia! (2008), por la que Streep fue candidata al Globo de Oro. Ese es otro galardón que colecciona con 26 nominaciones y que ha ganado 8 veces, la más reciente este año como mejor actriz de drama por el mismo personaje que le valió el Oscar.

Hay dos similitudes entre Mamma Mia!, un filme basado en temas del grupo ABBA, y la película sobre Margaret Thatcher. La primera es la más sutil, y viene dada por los planos en los que los actores están dispuestos en la escena como si se tratara de otro musical. Ocurre en la secuencia de la sala de guerra en el conflicto de las Malvinas, por ejemplo, así como en los cenitales. La referencia al género viene indicada también a través de las varias menciones que se hacen a The King and I, el musical para el teatro de Richard Rogers y Oscar Hammerstein, por si lo visual no fuera suficiente. Afortunadamente el baile no ocurre, ni canta tampoco la primera ministra con su desagradable voz aguda, con la cual Streep parece burlarse de sí misma, en su interpretación de la chef Julia Child de Julie & Julia (2009).

La segunda semejanza entre La dama de hierro y Mamma mia! está dada por la inteligencia de Lloyd para crear en sus películas un espacio lo suficientemente grande como para que una actriz como Meryl Streep pueda divertirse a sus anchas. Es una manera de abrirse camino en esa industria cuando se es mujer, británica y novata, y un remedio para esa enfermedad de aburrimiento de la que tanto se quejan los actores y que no dejará de causar sorpresa a la gente que trabaja en la industria, en la burocracia gubernamental o como contable. En todo caso, la propuesta de hacer el filme fue acogida por Streep como una de esas raras aves exóticas que se logra atrapar y llevar al cine, como dijo al recibir el Globo de Oro. Es raro que haya papeles para mujeres que ofrezcan las posibilidades de Margaret Thatcher.

Así como Mamma mia! era un parque de diversiones en el que Streep brincaba, correteaba y cantaba en un sensual ambiente mediterráneo como si no tuviera casi 60 años de edad, con la piel dulcemente tostada por el sol y rodeada de 3 galanes de otoño –Pierce Brosnan, Colin Firth y Stellan Skarsgard–, en La dama de hierro recae sobre ella todo el trabajo de sostener la película con su burla de la figura histórica. Es tan sutil que puede llegar a confundirse con un homenaje a la heroína de la revolución conservadora. El contraste con la interpretación más tosca de Alexandra Roach, la actriz que hace el papel del personaje en su juventud, pone de relieve su maestría en la composición. Su estilo característico de actuar, sin disolverse por completo en el personaje, de manera tal que es evidente que la que está en la pantalla es Meryl Streep, convierte al público en cómplice de lo que hace: jugar a ser Margaret Thatcher.

El problema es la contextualización. En La dama de hierro varios acontecimientos políticos son traídos a colación tal como los registraba la televisión en su momento, como si no pudiera hacerse otra cosa con ellos que cut and paste, sin profundizar más en lo ocurrido. Otras veces parece que la puesta en escena inspirada en el musical es lo único que tiene que decir la directora, como ocurre en la citada secuencia de la sala de guerra, en la que los militares forman fila a la izquierda y los políticos a la derecha, o en el desfile como sombras de las víctimas de la Guerra de las Malvinas. Sin ahondar en la situación política de Irlanda del Norte, las bombas que los terroristas hacen estallar varias veces en la película no parecen otra cosa que una cita de un clásico de la época de Thatcher, Brazil de Terry Gilliam (1985).

Una pregunta es por qué hacer una película sobre una figura histórica para repetir lo que dijeron los medios de comunicación en su momento o puede hallarse en referencias cinematográficas. La respuesta es lo que se escribió al principio: La dama de hierro no es una biopic ni un filme que aspire a ningún tipo de seriedad. Es sólo un parque de diversiones para que Meryl Streep despliegue su talento con un personaje que es un regalo del cine para cualquier actriz en la actualidad, incluso para ella. Y no hay duda de que se divirtió.

LA DAMA DE HIERRO

The Iron Lady, Reino Unido-Francia, 2011

Dirección: Phyllida Lloyd. Guión: Abi Morgan. Producción: Damian Jones. Diseño de producción: Simon Elliott. Dirección de arte: Bill Crutcher. Maquillaje: Mark Coulier, J. Roy Helland. Fotografía: Elliot Davis. Montaje: Justine Wright. Sonido: Niguel Stone. Música: Thomas Newman. Elenco: Meryl Streep (Margaret Thatcher), Alexandra Roach (joven Margaret Thatcher), Jim Broadbent (Denis Thatcher), Harry Lloyd (joven Denis Thatcher). Duración: 105 minutos. Formato: 35 mm anamórfico, 2,35:1, color, sonido Dolby Digital.

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