Cinemascope

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Malick + Münch



Y pensaréis, ¿qué tiene que ver  la película del “El árbol de la vida” de Terrence Malick con el cuadro de “El Grito” de Edvard MünchPues aparentemente, nada. Bueno, o sí. Quizás el dolor o la angustia que sienten algunos de los personajes del film se asemeja al grito de desesperación de la obra de Münch. Pero no, no van por ahí los tiros…

Antes que nada, deciros que vi la película el fin de semana pasado. Ya sé que es un poco tarde, pero no tuve la oportunidad de verla en cine y la tenía en mi lista de “pendientes”. ¿Opinión? es una obra de arte. Igual que  el cuadro de “El Grito”. E aquí la primera coincidencia real entre ambas. Pero en lo que más se asemejan es en la sensación que me produjeron al verlas. Básicamente fue INDIGNACIÓN. Vamos, cabreo. Sí, a pesar de parecerme unas piezas increíbles, me cabrean. ¡Y de qué manera!

La primera vez que vi “El Grito” fue en el instituto, cuando cursaba Historia del Arte en 1º de Bachillerato (qué tiempos tan buenos, por cierto). Dábamos “arte” en una aula distinta que tenía proyector de diapositivas. Y cuando entrabas en clase, ya estaba proyectada la imagen de la obra que íbamos a estudiar ese día. Y llegó el día de dar a Münch. Cuando entré y vi la imagen de “El Grito” no me gustó nada. Me produjo mucho rechazo. Me incomodaba ver ese rostro desfigurado con esa expresión de horror absoluto. Lo dije en voz alta (para variar…): “Buuff, qué cuadro tan feo, ¿no?“. Me senté  en mi sitio y estuve toda la clase con angustia. Indignada. Enfadada con el mundo y con ese tal Münch. ¿Por qué había pintado un cuadro así? ¡Qué amargura! El cabreo me duró un buen rato. Pero nunca he olvidado esa imagen.

Con Malick me pasó lo mismo. Terminó la película y pensé. “Bah! Qué lenta, no hay historia. ¿Eso es todo?” Pero me sentí indignada otra vez. ¿Por qué tantas alusiones al cristianismo y a la religión? Llega a ser cargante y abusa un poco de su misticismo. Yo no contemplo la vida y la muerte de la misma forma que él. ¡Ni mucho menos! De hecho, hay escenas, sobre todo las del final, que  me parecían muy crispantes.  Y por no hablar de la interminable parte documental sobre el origen de la vida. Imágenes demasiado recurrentes y obvias. En fin…

Pero el arte es expresión. Personal o colectiva. Y en este caso se trata de dos obras de autor. Malick está presente en cada plano de la película. Se posiciona. Arriesga. Y eso es crear con libertad. Es arte en su más pura esencia. Además, ambas son obras de calidad, yo creo que eso es indiscutible. Münch es directo y concreto. También muy arriesgado para su época. “El Grito” es un precedente del expresionismo alemán. Plasma el horror del ser humano de forma limpia y muy clara. Una maravilla.

Pasará el tiempo y no sabré si me gustaron “El árbol de la vida” de Malick  y “El Grito” de Münch. Pero seguro que me enfado y me hierve la sangre al recordarlas. Y eso es lo que cuenta: que el arte nos haga sentir, que nos conmueva y nos agite por dentro. ¡Bien por ellos!

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