Cinemascope

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Paula Ortiz



El debut en el largometraje de Paula Ortiz, De tu ventana a la mía, responde a una operación infrecuente en el cine español. Es como si la joven directora, con tres cortometrajes a sus espaldas, hubiera hecho tres películas de época en una. Tres mujeres, tres generaciones, tres contextos antagónicos… Pero sea en la apacible localidad de Canfranc en 1923, en un escenario de hostilidad rural en la dura posguerra de 1940 o en la ciudad de Zaragoza durante 1975, a todas estas historias -protagonizadas por Leticia Dolera (Violeta), Maribel Verdú (Inés) y Luis Gavasa (Luisa), respectivamente- las recorre un hilo común que trasciende las coyunturas históricas: el desamor. La pulcritud, el cuidado y la sensibildad con las que Ortiz pone en escena un filme tan complejo y ambicioso arroja inevitablemente algunas inconsistencias, imposturas y desequilibrios, si bien su búsqueda poética, entre el cine sensorial y el clasicismo dramático, reserva no pocos momentos de belleza, también infrecuentes en el cine español.

Pregunta.- Está licenciada en Filología Hispánica y ha estudiado Dirección de Cine en la Universidad de Nueva York. ¿Cuándo y por qué tomó la decisión de que quería dirigir películas?
Respuesta.- No lo tengo muy claro en qué momento fue, es difícil, pero tengo conciencia desde muy pequeña que quería contar historias, le decía a mi madre que quería ser cuentacuentos. Creo que a mí el placer que me ha provocado la literatura y el cine, las puertas que me ha abierto y los mundos que me han enseñado, ha sido tan definitorio y tan terapéutico y alentador que yo quería hacer lo mismo.

P.- ¿Cómo logra poner en marcha un proyecto tan ambicioso, sobre todo tratándose de una ópera prima?
R.- Ha sido un proceso de cuatro años y medio lograr orquestarlo. Empecé el proyecto cuando estaba estudiando en Nueva York. Tenía un guión que fue becado por el Ministerio de Cultura y le presenté el proyecto a Maribel Verdú, que de alguna manera lo avaló y le dio un sello de calidad… Ella fue un verdadero motor para propulsar la película. Presentamos después el proyecto a Oria Films, la productora de Montxo Armendáriz y Puy Oria, y en coproducción con ellos pudimos sacarlo adelante.

P.- Lo difícil es encontrar la modulación y el equilibrio entre los tres relatos. Usted mismo es doctora en Teoría del Guión, y dice en el dossier de prensa que Syd Field [autor de El libro del guión y El manuel del guionista] la ayudó en el proceso. ¿Qué consejos le dio?
R.- Uno de los talleres que tuve en Los Angeles fue con Syd Field, que estaba fundamentalmente dedicado al diálogo cinematográfico. Sus planteamientos a veces no me han gustado del todo, porque son muy restrictivos, pero realmente tiene una sabiduría y un olfato narrativo cinematográfico apabullante. Yo diría que me abrió un gran sentido común con el guión, y eso no es poco.

P.- La sensación que tengo es que el guión está realmente pulido, que va a la esencia de las historias. Es extraño que una película con tantas historias dentro no pase de los cien minutos. ¿Ha trabajado mucho el guión?
R.- El guión tuvo seis o siete reescrituras. Al ser una primera película había que afinar mucho el guión porque, al disponer de pocos medios, no nos podíamos permitir errores. Al estar jugando con un caleidoscopio de mujeres, un tapiz de experiencias trenzadas de un modo casi mágico, sí hubo que dedicarle una delicadeza especial, hacer un verdadero trabajo de orfebrería.

P.- Hay un fuerte componente literiario y poético en el filme, con el empleo generoso de metáforas y símbolos… ¿Qué le debe su cine a la literatura?
R.- Yo siempre me he sentido tremendamente fascinada por los universos que están muy cerca del relato esencial, del cuento, de la fábula, del mito… y de lo que supone el relato esencial como un símbolo del mundo. Es un terreno que se encuentra entre lo real y lo onírico, con lo mágico y lo propiamente histórico, y esos mudnos son los que me devuelven una experiencia más sugerente y atractiva, también más emocionante. Nos devuelven imágnes de la realidad más ocultas y escondidas, y les debo mucho a esos narradores que han buceado en los mundos entre la realidad y la irrealidad.

P.- Tres historias de contextos tan distintos le han planteado el desafío de extraer emociones similares tanto rodando en interiores casi claustrofóbicos como en amplios paisajes exteriores. ¿Cómo se propuso el empleo del espacio escénico?
R.- Al ser como tres fábulas, se trataba sobre todo de contar las historias de forma totalmente sensorial. Quería que fueran los colores, las texturas, los paisajes, las humedades, los sonidos los que nos embarcaran en un viaje profundamente sensorial. En ese aspecto, los espacios no son un mero telón de fondo, sino un verdadero universo para cada una de las mujeres. Los detalles, desde una flor a una pequeña aguja, son muy importantes para revelar la personalidad y los sueños de las protagonistas y de la película.

P.- Por ejemplo, la parte de la posguerra importa algunos elementos propios del western en cuanto a la épica de los sentimientos…
R.- La mujer interpretada por Verdú vive en un páramo en el desierto, que era también un páramo humano y vital en los años cuarenta, reflejo del páramo moral que pendía sobre sus vidas. Es un lugar totalmente inhóspito donde parece que nada puede crecer, sin embargo esta mujer, con toda su aparente fragilidad, es capaz de levantarse, de hacer crecer la cosecha y de engendrar vida. Por supuesto, trato de evocar toda esa mitología de la frontera, de los territorios olvidados, de la horizontalidad del páramo, es decir, la mitología del western.

P.- ¿Cómo describiría el sentimiento que une a las tres mujeres y las tres historias?
R.- Diría que son tres historias de amor sobre la fortaleza y también la fragilidad de las mujeres. Y es sobre todo un canto a la belleza contra la desesperanza. Pero no es solo una historia de mujeres. En verdad, apelan al lado “ying” de la realidad, la parte femenina que todos portamos dentro, y en torno a ese tipo de respiraciones está construida la película.

P.- ¿Qué películas o referencias artísticas ha tenido en mente durante la realización de De tu ventana a la mía?
R.- Teníamos un libro de estilo para cada una de las historias y otro que unía a los tres relatos. Había algunos modelos de referencia como Días del cielo, de Terrence Malick. En la parte de Luisa y sus interiores, Wong Kar-wai fue importante. Hay muchos cuadros, mucha pintura de Jean-François Millet en la historia de Inés, también algunos interiores que se hacen eco de la luz de Vermeer, o de la Ofelia de Millais en la parte dedicada a Violeta… He trabajado también con muchos textos poéticos, de poetas como Goethe en Violeta, o de Miguel Hernández en Inés. En el capítulo fotográfico, ha sido muy importante el trabajo Francesca Woodman, que responde al espíritu de estas mujeres, que muestran todo el lado onírico y frágil, pero a la vez tremendamente fuerte de las mujeres. Sus fotografías son mágicas y han sido una inspiración plástica.

P.- En cierto modo, De tu ventana a la mía puede recordar a Three Times, de Hou Hsiao-hsien. No sólo en la estructura, sino en la búsqueda de un cine muy sensitivo.
R.- Sin duda. Es una película que tengo muy presente. Había que intentar que el viaje histórico, personal y dramático de los personajes estuviera muy pegados a una estética sensorial, a un cine que encuentre en las formas su propio contenido.

P.- ¿Escribió la película con las actrices en mente?
R.- A Luisa Gavasa sí porque la conocía hace mucho. A Maribel también la escribí el papel aún sin saber si lo podría hacer ella. Y Leticia Dolera vino después, y creo que ha superado con mucho la Violeta del papel, la que yo escribí.

P.- Aparte de escribir y dirigir, también se ha encargado de escribir la música, que tiene una importante presencia en la película.
R.- Hay una de las canciones que yo hice la adaptación del texto, una canción pop, Debajo del limón, que ha compuesto Pachi García de grupo Alis, y recoge unos versos de un poema sefardí que a mi modo de ver reunían el espíritu de la película. Son textos tremendamente misteriosos, con más de 500 años, que conservan hoy una sugestión extraordinaria.

P.- La pregunta es obligada, ¿existe el cine de mujeres?
R.- El cine ha sido profundamente masculino a lo largo de su historia, y ahora hay mujeres que ocupan puestos de gran responsabilidad técnica y creativa en el su entramado. Las mujeres construyen las películas desde muchos sitios. Las películas son campos de experimentación, exploraciones al alma humana, y si en ese alma humana hay algún tipo de sensibiildad femenina, es porque es patrimonio de mujeres y de hombres. En todo caso, todo tipo de etiquetas son reduccionistas.

P.- ¿Qué directoras de cine le han inspirado?
R.- Me gustan mucho Sally Potter, Jane Campion, Icíar Bollain, Pilar Miró, Josefina Molina… que tiene unas perlas extraordinarias, aún no suficientemente reconocidas. También me gustan mucho Agnès Jaoui, Andrea Arnold, Samira Makhmalbaf, Lynne Ramsay… Son muchas.

Fuente: El Cultural.es

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