Cinemascope

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THE ARTIST



George Valentin (Jean Dujardin) es una estrella del cine mudo que está demasiado pagado de sí mismo para advertir el peligro inminente: su popularidad no resistirá la fuerza del nuevo estilo que trae el sonoro. Peppy Miller (Bérénice Bejo) es una voluntariosa bailarina y aspirante a actriz a la que Valentin abre las puertas de la fama en las postrimerías de su reinado. Sobre esta base, “The Artist” nos propone una historia de corte muy clásico y deliberada simplicidad que es, al mismo tiempo, un paseo por la historia del cine.

El planteamiento de la cinta es original: la ausencia de voz – no de música – en la práctica totalidad de las escenas de esta película “neo muda” es un recurso expresivo bien aprovechado que ayuda al espectador a situarse en el contexto histórico de la narración y, a la vez, a adentrarse en la subjetividad del protagonista, atravesando la armadura del orgullo de éste. “The Artist” contiene, además, una serie de guiños a otras películas que nos muestran una visión panorámica de la historia del Séptimo Arte.

El personaje de George Valentin es, en muchos aspectos, la imagen especular del vagabundo encarnado por Chaplin: desde su corazón de niño rebelde, el vagabundo renunciaba a integrarse en un mundo del que no se sentía parte; desde su narcisismo herido, Valentin se apegaba a un mundo que ya no existía más que en sus anhelos. Por otra parte, en el modo en que la ascendente estrella Peppy Miller se mantiene unida en la distancia al despeñado Velentin me ha parecido ver algo de la ambigua relación que solían mantener los vagabundos de Chaplin con sus habituales compañeras de aventuras.

Creo que la fuerza de ciertas imágenes de “The Artist” dejará huella en cualquier amante del cine. La escena en que Valentin se adentra en un angustioso reino de fantasmas, que luego resultan ser sus antiguas pertenencias cubiertas con sábanas, podría estar directamente trasplantada de cualquier película del expresionismo alemán. El baile que los cambios de plano imprimen a una de las estatuillas, nada más retirarle su sábana, nos traslada varias décadas sin escalas a “La Naranja Mecánica”; por cierto, el mayordomo que acude a invitar a Valentin a salir de ese museo – cuarto trastero en el que se ha colado como un intruso, no es otro que Malcolm Mc Dowell, el cruel e inolvidable “Alex” de la mítica cinta de los 70.

Sin motivo aparente, “The Artist” me deja un regusto a películas como “El crepúsculo de los dioses” o “El último pistolero”, en que sus protagonistas tuvieron la valentía de encarnar en la ficción algo – o mucho – de su propia situación personal. Puede que la “oscarizada” cinta sea, en el fondo, uno de esos “flash backs” prolongados en que – dicen – al que agoniza le pasan por delante de los ojos todos los momentos clave de su existencia. Y es que, tal vez, en “The Artist”, el ocaso del cine mudo, el advenimiento del sonoro y las peripecias vitales de los protagonistas, ligadas a ese cambio histórico, no sean más que una despedida simbólica del fenómeno del cine, al que las transformaciones derivados de las nuevas tecnologías pueden, dentro de poco, hacer tan irreconocible que nos cueste trabajo seguir llamándolo así.

 

Foto: http://www.martiperarnau.com/2012/02/e-pistolario-unos-artistas%E2%80%A6/the-artist-movie/

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