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Crítica de cine: Sicario: el día del soldado



Póster de Sicario: el día del soldado

Benicio del Toro y Josh Brolin continúan luchando contra el cártel mexicano.

Cuando vives al filo de la navaja lo normal es que te acabes cortando. Algunas zonas pueden ser demasiado hostiles como para crecer en el camino adecuado. Y cuando las cuerdas aprietan, la única opción es sobrevivir sin importar el bando en el que te sumes para lograrlo. Algunos podrían calificarlo como sicario, otros simplemente como superviviente.

Sicario (Dennis Villeneuve, 2015) no fue sólo una película de acción. Villeneuve creó un thriller que caminaba al borde de la moralidad para presentar un conflicto que no distinguía entre buenos y malos, sino que sentaba las bases para que los actores se posicionaran sobre el tablero y empezaran a ejecutar movimientos.

Stefano Sollima recoge el testigo de Villeneuve para brindar un film que, sorprendentemente, mantiene el tipo frente al producto original. Es cierto que ya no tiene la misma fuerza que en 2016, pero Sicario: el día del soldado (Stefano Sollima, 2018) conserva todo el encanto de aquella y marca el camino para una más que probable tercera parte.

Día del soldado vuelve a poner de manifiesto una violencia y crudeza que se promulga poco en este tipo de producciones. El prólogo, con cierta escena con atentado incluido, pone de manifiesto que estamos ante una propuesta que no se anda con medias tintas y que la virulencia empleada en esa primera secuencia será la nota predominante durante todo el metraje.

Sicario: el día del soldado

En todo momento se aborda la situación haciendo gala de esa escala de grises que puebla la vida real y a que a veces el cine tiende a obviar. Si ya en la primera parte el rol de Benicio del Toro era la piedra angular de la propuesta, en esta secuela se sigue escarbando en los recovecos de su personalidad desgranando los matices de ese perfil que sucumbe a la bajeza moral y a la falta de ética sin por ello renunciar a cierto honor. Sicario es un nombre que viene que ni pintado a una franquicia que, pese a acabar claudicando en favor de los estadounidenses, siempre trata de profundizar en los personajes sin escrúpulos que la protagonizan.

También hay varias escenas de acción muy efectivas, ayudando sobremanera a crear tensión a través de ellas más que representar un baluarte en sí mismas. Este es un recurso que repite respecto a la primera entrega y pese a que no hay ninguna secuencia como la del peaje de la original, sí hay ciertos momentos cercanos al final que transitan por senderos similares.

Puede que Benicio del Toro haya interpretado variados y buenos papeles a lo largo de su carrera, pero he de admitir que su papel en la saga Sicario me parece una de sus mejores interpretaciones. No sólo por su actuación en sí, sino también por el porte, por la puesta en escena; por esa suma de factores que lo convierten en un icono que brilla con luz propia. Algo similar puede decirse de Josh Brolin, un valor seguro que repite tras la piel de ese agente militar que hará lo que sea necesario para defender el interés de su país -incluso aunque estos sean empezar una guerra-. Sin embargo, Emily Blunt no repite en esta secuela por, en palabras de sus creativos, prescindir de un rol que no necesitan, pues el espectador ya no necesita una guía para moverse por este mundillo. Repiten también caras conocidas como Jeffrey Donovan.

Sicario: el día del soldado se erige como un thriller interesante, una película de acción que siempre quiso ser algo más que eso. Una secuela que golpea con violencia y mantiene un nivel muy alto, contando con todo nuestro interés si finalmente se lleva a cabo una tercera entrega.

Sicario: el día del soldado

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