Cinemascope

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Submarine



Oliver Tate: Ask me how deep the ocean is.

Jordana Bevan: Shut up.

Oliver Tate: Come on, just ask me.

Jordana Bevan: Why?

Oliver Tate: ‘Cause I know the answer.

Jordana Bevan: Oh! Do you?

Oliver Tate: Yes, I do.

Jordana Bevan: How deep is the ocean?

Oliver Tate: I’m not gonna say.

Jordana Bevan: I’m brokenhearted.

Oliver Tate: The ocean is six miles deep.

Jordana Bevan: Good.

El mundo que conoce el joven Oliver parece a punto de derrumbarse: se ve obligado a luchar por dos amores, por un lado el que siente por la joven Jordana, una chica inquieta y pasional con la que desea perder su virginidad, y el de sus padres, un científico marino de vida insípida y aletargada por  un ama de casa desilusionada, que acaba confesando a su hijo la paja que le hizo a su vecino místico-samurai-prestidigitador.

Pero Oliver vive con paciencia el día a día y se las ingenia para escribir falsas cartas de amor, allanar casas ajenas de amantes en la penumbra y organizar una cita romántica contrarreloj para explorar el sexo con su amada. Richard Ayoale construye un homenaje a Wes Anderson ubicado en Gales, con continuas referencias al mundo marino en una tragicomedia en la que las situaciones de alegría y tristeza provocan sensaciones contrapuestas. Oliver se enfrenta a las adversidades con cintas de cassete con canciones de Alex Turner, películas Super 8 y fotos polaroid de primeros besos como principales testigos.
Las cosas se tuercen cuando Oliver es incapaz de dedicar tiempo a Jordana y la grave enfermedad que afecta a su madre, metido de lleno en la lucha por salvar el matrimonio de sus padres. Submarine hace un homenaje al amor y a los enamorados, a la gente rara y a los condenados al amor imposible, siempre esperando a que esa cassete llegue a la cara B donde suenan las canciones de ruptura. Son historias de orgullo, de amores pirómanos y de perdón.
Es la historia de Oliver y Jordana mirando el mar en Swansea, imaginándose cuantos seres extraños e historias de amor caben entre la superficie y la falla más profunda, a 6 millas de profundidad, donde ya nada tiene sentido.

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