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Capítulo 6: “Batalla en la playa”



Empezamos un nuevo comentario y cada vez queda menos para llegar al final de la serie y ver, por fin, la caída de la ciudad. En concreto, este sexto capítulo es uno de los más interesantes tanto por la aparición de un inesperado personaje como por los sucesos claves que marcarán para siempre el porvenir de Troya. Lo cierto es que en el anterior episodio se nos olvidó comentar que Paris intentó suicidarse, pero gracias a la intervención de Afrodita intuíamos que sobreviviría a la caída.

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Como hemos recalcado varias veces en el artículo anterior, la trama de Paris tras perder el combate contra Menelao y su consiguiente fuga de Troya es inventada, así como también lo es la intentona de suicidarse antes mencionada. Efectivamente, aunque esto no cuadraba por ningún lado con las fuentes, como lo que había visto hasta ahora era bastante respetuoso en ese sentido, decidí esperarme y seguir viendo de qué forma iban a resolver esto antes de juzgar. Pues bien, lo cierto es que, entrando en mi opinión personal, al final esta trama tenía mucho sentido para facilitar la incorporación de un grupo de guerreras llamadas Amazonas. Comentemos muy por encima quién eran estas mujeres: descendientes del dios Ares y de la ninfa Harmonía, eran un pueblo que, como no podía ser de otra forma amaban la guerra. En un mundo como el griego destacaban, además de por ser mujeres guerreras, porque se gobernaban a sí mismas sin la ayuda de ningún hombre. Las interpretaciones sobre la etimología de la palabra apuntan todas en una misma dirección: ἀ- µαζόνες, “privadas de un seno” (a partir de ἀ- µαζός, jón. para µαστός)[1], refiriéndose a la leyenda según la cual se amputaban un seno para disparar mejor con el arco. Según Grimal[2], la presencia de hombres en su sociedad sólo la toleraban si eran criados. Para perpetuar la raza se unían con extranjeros, guardando solamente los hijos de sexo femenino. A su cabeza tenían una reina. Las luchas entre griegos y amazonas (amazonomaquia) es un tema bastante común en los mitos clásicos, pero el enfrentamiento que nos interesa en este caso es el que tuvieron durante la guerra de Troya.

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En verdad Homero omite la participación de las amazonas, por lo que tenemos que buscar en el posterior ciclo troyano referencias a estos y otros personajes. La amazona que reinaba durante la guerra de Troya era Pentesilea, la cual acude para auxiliar a los troyanos. Respecto a las fuentes clásicas, encontramos al menos dos motivos por los que acude a la guerra de Troya: según afirma Tzetes, en los relatos de Helánico (F. Gr. Hist. I A , 4, fr. 149) va a la guerra buscando gloria, en cambio en Diodoro de Sicilia o Apolodoro se dice que acude a Troya para purificarse del crimen involuntario cometido contra su hermana.

“Pentesilea, hija de Otrere y Ares que había dado muerte involuntariamente a Hipólita, fue purificada por Príamo” [Apolodoro, Biblioteca].

En su obra Posthoméricas, Quinto de Esmirna le dedica el primer libro a Pentesilea, y parece mezclar ambas tradiciones:

“Y entonces, desde las corrientes del Termodonte de ancho curso, llegó Pentesilea, revestida de la belleza de las diosas, por dos motivos: por arder en deseos de una guerra luctuosa y, ante todo, por evitar una odiosa y vergonzosa reputación, no fuera que alguien en su propio pueblo la injuriara con reproches debido a su hermana Hipólita, por la cual se acrecentaba su pena: pues le había dado muerte ella con su robusta lanza, no de forma intencionada, sino al tratar de alcanzar a una cierva”

Debo puntualizar aquí que en la Ilíada hay una referencia a que antaño, Príamo ayudó a los frigios en su lucha contra las amazonas: “Pues también yo me uní a ellos en calidad de aliado aquel día en que llegaron las varoniles Amazonas”; por lo tanto la segunda versión podría servir para justificar que las amazonas ayudasen a los que en principio eran sus enemigos tradicionales.

También nos dice Quinto de Esmirna que Pentesilea marcha a la ciudad troyana junto a once amazonas:

“Allí estaban Clonia, Polemusa, Derínoe, Evandra, Antandra y la divina Bremusa, también Hipótoe, y además Harmótoe, de negros ojos, Alcibia, Antíbrote y De- rimaquea, y con ellas Termodosa, muy orgullosa de su lanza; todas éstas seguían a ambos lados a la valiente Pentesilea”

Ahora que conocemos brevemente la historia de las amazonas veremos su participación en la serie: en los primeros segundos de capítulo se nos muestra a Alejandro inconsciente en un río, y como es rescatado por dos guerreras.

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Cuando Alejandro se despierta vemos por primera vez el pueblo de las amazonas y conocemos a Pentesilea.

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En esta parte he visto algunas imágenes que me agradaron y que a continuación comentaré:

En primer lugar vemos que estas mujeres habitaban en el bosque lo cual es algo acertado, pues vivían de la caza. Sobre el lugar exacto donde se ubica su reino existen varias versiones dependiendo del mito: en las laderas del Cáucaso, en Tracia o en la Escitia meridional (en las llanuras de la margen izquierda del Danubio).

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También reparamos en que sólo hay mujeres por el pueblo, y que algunas guerreras están practicando tiro con arco mientras las niñas juegan por el medio, lo cual refleja su gran habilidad con esta arma:

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Como hemos visto, las fuentes clásicas hablaban de dos posibles motivos por los que Pentesilea acudió a Troya. En el caso de la serie, durante una conversación entre Paris y la reina, esta le dice que odia a los griegos y que desea matar a los mirmidones, especialmente a Aquiles. Posteriormente conocemos más en detalle el porqué de ese odio, cuando una guerrera amazona le confiesa a Paris que Aquiles mató a todos los hijos y familia de Pentesilea.

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Sobre esto, no he leído en ninguna fuente que Aquiles hiciese tal cosa, aunque tratándose de este guerrero bien podemos creérnoslo. De todas formas, no hacen ninguna referencia a las dos versiones que proponen los clásicos lo cual me parece un error.

En resumen, la trama inventada de Paris sirvió para que conozcamos a las amazonas, lo cual, repito, a mi parecer es una licencia narrativa que se resuelve bastante bien. Dicho esto, todavía no justificamos por qué al final Paris decide volver a Troya, pero ya llegó el momento de saberlo. Una noche, Afrodita se le aparece a Héctor, a Hécuba y al propio Alejandro para hablarles.

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La diosa les dice que cuando Paris se intentó suicidar su corazón se paró y estuvo muerto hasta que las amazonas lo resucitaron. De esta forma les explica que la profecía se cumplió, que la muerte lo llevó y que ahora puede empezar de cero. Sin dudarlo, la mañana siguiente el héroe troyano regresa a Troya con la ayuda de las amazonas y se reencuentra con Helena, sus padres y hermanos.

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Respecto al regreso, así como la huida de Paris me pareció bastante bien resuelta, en este caso creo que la justificación resulta un tanto forzada y no termina de convencerme del todo.

Retomamos la situación en Troya y nos encontramos con que los griegos han propiciado una dura derrota a sus enemigos. La ciudad está en crisis. Debo comentar aquí que, en el momento en el que estamos con Aquiles encaprichado y negándose a luchar, los troyanos no sufren ninguna derrota estrepitosa. De hecho, ocurre justamente lo contrario, Héctor lidera a sus guerreros y está a punto de conseguir vencer a los griegos. En eso consistía precisamente el plan de Zeus: había una necesidad de que los héroes aqueos quedasen fuera del combate:

“Desde el Ida tronó con intensidad, y un ardiente halo lanzó entre la hueste de los aqueos. Al verlo, quedaron estupefactos, y un pálido temor sobrecogió a todos. Entonces ni Idomeneo osó resistir, ni tampoco Agamenón, ni se mantuvieron los dos Ayantes, escuderos de Ares” [Iliada, VIII].

De todas formas, la derrota que representan en la serie podría referirse al pasaje que leemos en el capítulo XI de la Ilíada, conocido como la aristía de Agamenón:

“el Atrida acompañaba enérgico a los dánaos, dando órdenes. Los otros, rebasando la tumba de lio, el ancestro Dardánida, en medio de la llanura, más allá del cabrahigo se precipitaban ávidos de refugiarse en la ciudad. Voceando sin cesar el Atrida los acosaba y salpicaba de mortandad sus inaferrables manos, Pero al llegar a las puertas Esceas y a la encina, allí se detenían y unos a otros se aguardaban a pie firme.”

Durante una conversación entre Ayax y Menelao, el rey de Esparta deja claro que no son capaces de tomar la ciudad sin la ayuda de los mirmidones y de Aquiles:

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Sea como fuere, en la Ilíada Zeus le proporciona fuerzas especiales a Héctor y el troyano inicia un duro ataque contra el campamento griego. Lo que el héroe no sabe es  que todo forma parte del plan de Zeus:

“El preclaro Héctor penetró impetuoso, con el rostro bajo los ojos como la veloz noche, brillaba el bronce pavoroso que vestía su cuerpo y en las manos dos lanzas empuñaba. Nadie que le hubiera hecho frente lo habría detenido, excepto los dioses, cuando traspuso las puertas; sus ojos fuego llameaban. Se revolvió hacia la multitud y arengó a los troyanos para que asaltasen el muro, y ellos hicieron caso de su arenga. Al instante, unos traspasaron el muro y otros por las propias 470 fabricadas puertas penetraron como riada; y los dánaos huyeron entre las huecas naves, y el bullicio se hizo insondable.” [Ilíada, XII]

En la serie vemos imágenes de este mismo ataque:

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Antes de continuar con la acción me gustaría hacer un pequeño inciso. Mientras los griegos y troyanos se enfrentan en batalla, Andrómaca da a luz un niño. Al principio del capítulo, cuando Héctor habla con un soldado troyano que está a punto de morir, este le dice que se llama Astianacte. Efectivamente, este el nombre que después le dará Héctor a su propio hijo. En la Ilíada, en ningún momento se habla del nacimiento de Astianacte o de por qué sus padres le llaman así, pero sí que sabemos que es un todavía es un bebé.

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Continuamos con la batalla y como hemos dicho los troyanos están arrasando a los griegos. Mientras esto ocurre, Patroclo llora por la suerte de sus compatriotas y le suplica a Aquiles que luche:

“cuando Patroclo se presentó ante Aquiles, pastor de huestes, derramando cálidas lágrimas, como una fuente de negras aguas que desde una abrupta roca vierte su umbrío caudal (…)  Dame tu armadura para ponérmela en los hombros, a ver si me confunden contigo y renuncian al combate los troyanos, y los marciales hijos de los aqueos respiran de su quebranto. Aunque sea breve, es un respiro del combate” [Ilíada, XVI]

 Al final, Aquiles le deja luchar con sus armas, pero le exige volver cuando haga retirarse a los troyanos, sin que avance hasta los muros de Troya:

“Revístete tú los hombros con mis gloriosas armas, ponte al frente de los combativos mirmidones y ve a la lucha (….) Vuelve aquí después de expulsarlos de las naves. Incluso si el altitonante esposo de Hera te concede alzarte con la gloria, no ansíes combatir lejos de mí contra los aguerridos troyanos; me dejarás más deshonrado. ni tampoco por la vanagloria del combate y de la lid emprendas la marcha hacia Ilio exterminando troyanos (….)” [Ilíada, XVI]

Con la ayuda de Zeus, Patroclo obtiene la gloria en batalla sin embargo, haciendo caso omiso de lo que le dice Aquiles, persigue a los troyanos para intentar terminar con ellos.  Pero este acto de υβρισ, acaba llevándolo a la muerte a manos de Héctor:

“Echaron a huir alrededor sus compañeros peonios, pues Patroclo había sembrado el miedo entre todos al matar a su príncipe, que destacaba en la lucha. Y los expulsó de las naves y apagó el ardiente fuego (…)”

“Su ánimo le impulsaba hacia Héctor y ansiaba alcanzarlo mientras los ligeros caballos lo sacaban”

 “Héctor, nada más ver al magnánimo Patroclo retrocediendo, herido por el agudo bronce, llegó cerca de él entre las filas, le hirió con la lanza en lo más bajo del ijar y le hundió el bronce de parte a parte. Retumbó al caer y causó gran pesar a la tropa de los aqueos.”

En la serie, aunque respetan la base de las fuentes, creo que podían recrearlo mejor. Vemos como Patroclo acude junto a Aquiles suplicándole que luche, o que le deje luchar a él. De todas formas, en ningún momento se ve al héroe griego afirmar dejarle sus armas y que regrese tras expulsar a los troyanos.

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Lo siguiente que vemos es a Patroclo luchando contra los troyanos y venciéndolos, pero no los hace retroceder, simplemente se encuentra en pleno campo de batalla con Héctor y ambos luchan, resolviéndose el conflicto con el triunfo del troyano.

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Un pequeño dato es que en la Ilíada, el dios Apolo interviene para debilitar a Patroclo y que así Héctor pueda matarlo: le asesta un golpe por la espalada, le quita el morrión, le rompe la pica, se le cae de los hombros el escudo y queda inerme -literalmente- para que le ataquen Euforbo y Héctor. En la serie no aparece el dios en ningún momento de la contienda.

Lo siguiente que vemos sucede de forma sustancialmente distinta en la serie y en el libro, algo que me disgustó bastante. Como siempre, empezamos por lo que dice Homero. Nada más Patroclo cae al suelo, se produce una encarnizada batalla entre ambos bandos por llevarse el cadáver. Es importante decir que Héctor se hace con la armadura de Patroclo, o lo que es lo mismo, con la armadura de Aquiles:

«¡Amigos! Nada glorioso es para nosotros regresar a las huecas naves. ¡Que antes aquí mismo la negra tierra nos trague a todos! Eso sería para nosotros mucho mejor que dejarlo en poder de los troyanos, domadores de caballos, para que lo arrastren a su ciudad y se alcen con la gloria.» También decía así cada uno de los magnánimos troyanos: «¡Amigos! Aunque el destino sea sucumbir junto a ese hombre todos juntos, que nadie ceje aún en el combate.» [Ilíada, XVII]

Cuando un emisario griego informa a Aquiles de la muerte de su amigo éste, abrumado por el dolor, se lanzó sin armas a la batalla, profirió un grito y, al oírlo, los troyanos abandonaron el cadáver.

“El divino Aquiles profirió tres enormes alaridos sobre la fosa, y las tres veces troyanos e ínclitos aliados quedaron turbados. Allí también perecieron entonces doce de los mejores mortales al lado de sus carros y de sus picas; entre tanto los aqueos sacaron jubilosos el cuerpo de Patroclo del alcance de los dardos y lo depositaron en unas andas.” [Ilíada, XVIII]

En la serie, como hemos dicho, no ocurre casi nada de esto. Cuando Patroclo muere y Héctor se da cuenta de quién es, ambos bandos dejan de luchar. Aquiles, que se encontraba en su tienda, nota que algo ha pasado pues hay un silencio que domina el campo de batalla. A continuación, sale de su tienda, ve a su amigo muerto, grita y coge el cuerpo de su amigo sin que nadie se lo impida. De esta forma es como termina la lucha.

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Al regresar a Troya, Héctor se encuentra por primera vez con su hijo recién nacido. Esta imagen que muestran muy emotiva, creo que podría hacer referencia a uno de los mejores pasajes que tiene la Ilíada. En Homero, este encuentro entre marido y mujer ocurre en el canto VI de la Ilíada, es decir, mucho antes de los acontecimientos que estamos tratando. Sin embargo, en ambos casos, la escena representa que ambos esposos ya no se volverán a ver, esta homilía de Héctor y Andrómaca anticipa el fin de inminente de Héctor, de cuya muerte es consciente. Veamos qué dice la Ilíada:

“Héctor se precipitó fuera de la casa, bajando otra vez por la misma ruta de bien construidas calles. Cuando atravesó la gran ciudad y llegó a las puertas Esceas, por donde se disponía a salir a la llanura, allí le salió al paso corriendo su esposa, rica en regalos, Andrómaca, la hija del magnánimo Eetión, del Eetión que había habitado bajo el boscoso Placo, en Teba, y había sido soberano de los cilicios. De éste era hija la esposa de Héctor, de broncíneo casco. Le salió entonces al paso, y con ella se acercó la sirvienta, llevando en su regazo al delicado niño, todavía sin habla, el preciado Hectórida, semejante a un bello astro. Héctor solía llamarlo Escamandrio, pero los demás Astianacte; pues Héctor era el único que protegía Ilio. Éste sonrió mirando al niño en silencio, y Andrómaca se detuvo cerca, derramando lágrimas; le asió la mano, lo llamó con todos sus nombres y le dijo: «¡Desdichado! Tu furia te perderá. Ni siquiera te apiadas de tu tierno niño ni de mí, infortunada, que pronto viuda de ti quedaré. Pues pronto te matarán los aqueos, atacándote todos a la vez. Y para mí mejor sería, si te pierdo, sumergirme bajo tierra. Pues ya no habrá otro consuelo, cuando cumplas tu hado, sino sólo sufrimientos. (…)”

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Llegamos al final del capítulo, y también a los compases finales de la Ilíada. Los cantos restantes relatan los funerales que se le ofrecen a Patroclo, y también la muerte de Héctor. En la serie sólo se ve como los griegos queman el cadáver de Patroclo, pero no hay ninguna imagen de los grandes funerales que se describen en el libro.

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En cuanto al combate final entre Héctor y Aquiles, hay algunos detalles que me parecieron buenos y otros no tanto. Comentemos primero cómo sucede en Homero:

Un Aquiles lleno de ira marcha hacia la Troya con su carro dispuesto a matar a Héctor:

“Tras hablar así, partió hacia la ciudad lleno de altanería, precipitándose veloz, como con el carro el caballo campeón, que a galope tendido recorre fácilmente la llanura; con igual celeridad movía Aquiles los pies y las rodillas”

Antes de que el Aquiles llegue, Príamo intenta convencer a su hijo Héctor con desgarradoras palabras de que no luche, pero no se esconde por la vergüenza de parecer un cobarde:

“«¡Héctor, hijo mío! Respeta esto y compadécete de mí, si te puse en los labios el pecho, que acalla los llantos. ¡Acuérdate de eso, hijo mío, y protégete del enemigo metiéndote en la muralla! ¡No te enfrentes a ése en duelo!” [Ilíada, XXII]

Sin embargo, nada más encontrarse ambos héroes frente a frente, el troyano empieza a correr y huye:

“Nada más verlo, Héctor fue presa del temblor y ya no soportó seguir allí, sino que dejó atrás las puertas y echó a huir.”

Al final los dioses intervienen, concretamente Atenea, la cual toma la figura de Deífobo (hermano de Héctor) y lo engaña con estas palabras:

“«¡Querido hermano! Mucho te acucia el ligero Aquiles acosándote con sus rápidos pies alrededor de la ciudad de Príamo. ¡Ea, detengámonos y permanezcamos firmes hasta rechazarlo!»”

Cuando por fin se paran, antes de luchar cuerpo a cuerpo, se arrojan lanzas respectivamente:

“Dijo, y blandiéndola, arrojó la pica, de luenga sombra, y acertó al Pelida en pleno escudo, y no erró. Lejos del escudo salió despedida la lanza, y Héctor se irritó porque el ligero proyectil había escapado en vano de su brazo. Se detuvo abatido, pues no tenía otra pica de fresno. Llamó a Deífobo, el del blanco broquel, con recia voz y le pidió una larga lanza: pero ya no estaba cerca. Héctor comprendió en su corazón y exclamó: «¡Ay! Sin duda los dioses ya me llaman a la muerte”

Después ambos guerreros desenvainan las espadas y luchan, hasta que Aquiles lo alcanza en el cuello, el único lugar desprotegido por su propia armadura:

“Todo su cuerpo estaba protegido por la broncínea armadura bella que había despojado al potente Patroclo tras matarlo; sólo se veía donde las clavículas separan cuello y hombros, el gaznate, que es por donde más pronto se pierde la vida. Por allí el divino Aquiles le hundió la pica en pleno ataque.”

Volvemos con la serie:

En efecto, Aquiles acude sólo a Troya dispuesto a luchar, sin embargo vemos una escena totalmente inventada y que no logro entender por qué la hicieron: Cuando llega ante las puertas lleva consigo tres rehenes a los cuales va degollando mientras reclama a Héctor.

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En la serie tampoco hay ningún tipo de ruego por parte de Príamo para que su hijo no luche. Parece que esa función recae en su esposa, que sí lo hace.

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Al final Héctor acude a la lucha pero, como podíamos esperar, no recrean esa cobarde huida ni tampoco la intervención de Atenea, simplemente creo que hacen referencia a esa escena cuando Aquiles arroja una pica que impacta en su escudo.

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Sobre el combate he de decir que siempre me resulta emocionante verlo, aunque en este caso la manera en que Aquiles derrota a Héctor me dejó un poco decepcionado. Lo que está claro es que no lo mata como en la Ilíada se cuenta, lo cual es un fallo.

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El capítulo finaliza con Aquiles atravesando por los pies a Héctor y arrastrándolo en su carro por delante de la ciudad, algo que sí encontramos en la Ilíada tal cual como lo vemos:

“Le taladró por detrás los tendones de ambos pies desde el tobillo al talón, enhebró correas de bovina piel que ató a la caja del carro y dejó que la cabeza arrastrara. Montó en la caja del carro, recogió la ilustre armadura, los fustigó para arrearlos, y los dos de grado echaron a volar. Gran polvareda se levantó del cadáver arrastrado; los cabellos oscuros se esparcían, y la cabeza entera en el polvo yacía, antes encantadora.” [Ilíada, XXII]

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Por último, dos detalles del capítulo que me salté los comento ahora. En primer lugar vemos que Dolón aparece muerto, según Odiseo se suicidó. Ya comentamos en el capítulo anterior qué ocurría en la Ilíada con este personaje.

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Por otra parte, las amazonas llegan a Troya antes de la muerte de Héctor, de hecho luchan junto a él la noche en que mata a Patroclo, y también vemos cómo Pentesilea observa el combate desde los muros. Esto es un error, pues las amazonas llegan en auxilio justo después de la muerte del propio Héctor:

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Notas:

[1] Diccionario etimológico de la Mitología Griega.

[2]Pierre Grimal, Diccionario de Mitología griega y romana

 

FUENTES.
TODAS LAS IMÁGENES PERTENCEN A LA SERIE:

Troy: the fall of a city. Dirigida por Owen Harris. Netflix and BBC One

Bibliografía:
Todas las traducciones al castellano pertenecen a las siguientes obras:

Homero, Ilíada traducción de Emilio Crespo, Madrid, Gredos, 1996.
Apolodoro, Biblioteca traducción de Margarita Rodríguez de Sepúlveda, Madrid, Gredos, 1985.
Pierre Grimal, Diccionario de Mitología griega y romana, Barcelona, Ediciones Pairos, 2009.
Quinto de Esmirna, Posthoméricas traducción de Mario Toledano, Madrid, Gredos, 2004.
Diccionario Etimológico de la Mitología Griega.
Verónica Enamorado, De Pentesilea a Beatrix Kiddo la mujer guerrera a través del tiempo, Alcaná de Henares, Facultad de filología de la Universidad de Alcalá, 2014.

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