Cinemascope

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Último día del festival de Sitges. Llevo tres días en la ciudad, a una media de cuatro películas diarias. Cuando me dirijo al Auditori, a las 15h de la tarde, voy a ver mi segunda película del día. Y con la que estoy apunto de sentarme a ver son cinco las que me quedan en el maratoniano día final.

Pero, esta tengo muchas ganas de verla. Porque llevo mucho tiempo oyendo hablar de ella. Porque promete mucho. Y porque, además, he conseguido la entrada sólo media hora antes del inicio de la única proyección que hay en el festival (cuando llevaba agotada desde más de un día antes).

Me levanto de mi asiento a las 17h con sensación de insatisfacción. Y no porque la película sea mala. Sino porque no era lo que me esperaba.

Cinco meses después me vuelvo a descargar la película para revisionarla. Y me doy cuenta de que debía de tener saturación de películas en el festival. Porque Drive (Nicolas Winding Refn, 2011) me parece magnífica.

Sí, la captura del plano de la chupa del escorpión es típica ya cuando se habla de Drive

¿Qué ha pasado en estos cinco meses? Puede ser que mi percepción de la película se haya visto influida por mi propia situación. La primera vez que la vi estaba a punto de rodar un cortometraje de dos personajes hablando durante nueve minutos. La segunda vez que la he visto, acababa de terminar de rodar uno en el que más de la mitad de la duración son personajes en silencio y pensativos (sí, lo admite, la mirada en el infinito está muy presente en todos los planos). Creo que esto ha hecho que vea Drive de manera distinta.

Porque Drive tiene una fotografía magnífica, que imprime de mucha personalidad a un guión que aunque bueno, no termina de convencerme en su tercer acto.

Sin embargo, y aquí es donde la película termina de ganar enteros, cuenta con un Ryan Gosling increíble. Gosling se encuentra en un momento brillante en el que cuenta con grandes actuaciones que clava. No sólo en Drive, sino también en la recién estrenada The Ides of March (George Clooney, 2011) en la que borda un personaje que tiene una evolución tan sutil y perfectamente realizada que no te das cuenta de ella hasta que cotejas el primer plano con el último.

George, ¿quién?

Y el problema para nosotros, los hombres, es que Gosling pasará de ser un joven atractivo a ser un maduro atractivo que encima sabe interpretar. Y tiene pinta de ser capaz de llevar a los 50 años la famosa chupa de escorpión con todo el orgullo que ha tenido al hacerlo a los 30.

Y nosotros nos tendremos que joder. Porque el tío es demasiado bueno como para poder odiarle.

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