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FICM rendirá homenaje a Eugenio Polgovsky y el nuevo documental mexicano



La pérdida inesperada y lamentable de un documentalista talentoso y joven como Eugenio Polgovsky (Ciudad de México, 1977-Londres, 2017), coincide con la reciente exhibición de dos largometrajes documentales de enorme trascendencia, capaces de mostrar con sutileza y arrojo el caos, el horror, la brutalidad y la desesperanza que ahoga a nuestro país.

Tempestad (2016), de Tatiana Huezo, ganadora de tres premios Ariel (Dirección, Fotografía y Documental), y La libertad del diablo (2017), de Everardo González (Premio Amnistía Internacional en el Festival de Berlín, Mejor Documental en Lima), fundamentan la impunidad total con la que actúa el crimen organizado y el tajante control que tienen del país entero, incluida la Ciudad de México, desde aquella absurda lucha contra el narco emprendida por el gobierno desde Felipe Calderón a la fecha.

A la valentía personal de ambos realizadores se suma el arrebato, sensibilidad y conciencia social que el nuevo cine documental mexicano ejerce desde este milenio, revelando una y otra vez no sólo su capacidad de asombro, sino su vocación realista y crítica, poniendo el dedo en la llaga de una industria complaciente. Ello, a través de una narrativa rechazada casi siempre por exhibidores y por un público cada vez más abúlico, vacío y dependiente de futilidades.

Egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) al igual que Tatiana y Everardo, Eugenio Polgovsky fue uno de esos empeñosos y entusiastas realizadores que abrió brecha, mostrando la pobreza, marginación, abuso y destrucción ecológica de México y varios de sus habitantes.

Así, a través del documental —ese cine sin glamour, sin estrellas y sin la burocracia y posiciones triunfalistas de las instituciones—, Polgovsky manifestó su preocupación por el sector más vulnerable del país: los niños, particularmente, a través de sus obras.

A los 17 años ganó el concurso de fotografía Viviendo Juntos, organizado por la Unesco. Del CCC egresó como director y cinefotógrafo: su tesis y primer documental, Trópico de Cáncer (2004), obtuvo numerosos premios alrededor del mundo (Morelia, Ariel a Ópera Prima, Premio Joris Ivens, Beirut, Corea, FICCO y más). Su filme sobre la sobrevivencia humana a partir de la depredación de la naturaleza se proyectó en la Semana de la Crítica en Cannes y en Sundance. Ese año, 2004, Polgovsky recibió en México el Premio Nacional de la Juventud. De hecho, fue justo Trópico de Cáncer la inspiración para que Gael GarcíaDiego Luna apostaran por la gira de documentales Ambulante.

A partir de entonces fue cada día más notoria la aparición de documentales arriesgados, tendientes a la experimentación, que aportan voces de denuncia, propuestas insólitas, marginales y, en algunos casos, premisas vigorosas, como La canción del pulqueLos ladrones viejosEl cielo abierto y Cuates de Australia, de Everardo GonzálezVoces de la Guerrero, de Adrián ArceDiego Rivera Kohn y Antonio ZiriónLa palomilla salvaje, de Gustavo GamouDe nadie, de Tim Dardimal1973, de Antonino IsordiaToro negro, de Carlos Armella y Pedro González RubioMi vida dentro y Batallas íntimas, de Lucía GajáEl lugar más pequeño, de Tatiana HuezoLa cuerda floja y El cuarto desnudo, de Nuria Ibáñez y El paciente interno, de Alejandro Solar, entre varios documentales más.

Después, Polgovsky mostraría la intensa y estrujante realidad de Los herederos (2008), acerca de la explotación de los niños del campo mexicano, quienes se hacen hombres muy rápido, realizando las mismas tareas que los adultos a pesar de su fragilidad corporal y emocional. Un retrato directo y sin concesiones sobre su sobrevivencia cotidiana, heredada generación tras generación en un círculo de miseria y falto de oportunidades del que parecen imposibilitados de escapar, en una obra conectada con Trópico de Cáncer.

Sus últimos trabajos fueron Mitote (2012), alegoría sobre un país furioso y en caos entre invocaciones místicas prehispánicas, fanáticos idiotizados por el futbol y las protestas de trabajadores de Luz y Fuerza en el Zócalo; y Resurrección (2016), ambientado en la legendaria cascada de El Salto de Juanacatlán, en Jalisco, conocida antaño como “El Niágara mexicano”, cuyas aguas se volvieron tóxicas con la creación de un corredor industrial en los setenta.

Polgovsky combina la visión cotidiana y la conciencia social: el retrato coral de un pueblo olvidado. A su vez, resulta inteligente e irónico para mostrar el cinismo, la corrupción y la indolencia de gobiernos y autoridades, en un relato documental triste y conmovedor. Descanse en paz.

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