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‘Blade Runner 2049′ o la losa cinéfila



Escribir algo con un sentido mínimamente crítico sobre Blade Runner 2049 se enfrenta a un problema: cómo integrar la influencia de la predecesora. ¿Hay que tratar de olvidarse de la película de Ridley Scott? ¿Hay que pensar en el filme recién estrenado como una secuela de la obra de 1982? Hay que tener clara una cosa: la película de Villeneuve no sería lo que es (un hype descomunal, un embargo de críticas, unas expectativas de ciertos sectores de la cinefilia por las nubes) si no existiera Blade Runner, si no existiera la leyenda de los mil y un montajes, si no existieran las discusiones cinéfilas de más de treinta años o si no se hubiera erigido en la película de culto por excelencia del cine posmoderno.

Así pues, en esta reseña bailaré alrededor del concepto de la losa cinéfila: me resulta imposible abstraerme de la influencia que en el mundo del cine y del audiovisual ha tenido la peli de Risley Scott, pero, al mismo tiempo, me parece una postura absurdamente restringida abordar la de Denis Villeneuve como la continuación, más de tres décadas después, de la adaptación de la novela de Philip K. Dick. ¿Cómo afrontar la cuestión? Desde una doble perspectiva: si bien Blade Runner 2049 es la innegable heredera de la película de Scott, es también una película de un cineasta (Villeneuve) con un innegable estatus dentro del mainstream actual. En el cruce de ambas ideas se encontrará, espero, una valoración más o menos ajustada de cómo veo yo la película.

¿Cyberpunk del siglo XXI?

Respondo desde ya: NO. Hay muchos elementos de Blade Runner en esta 2049, pero determinadas decisiones la alejan sensiblemente de su aparente raíz. Pero bueno, centremos primero el tiro en las evidentes filias que esta última mantiene como con su referente de los ochenta.

RyanGosling_1De entrada, coño, se llama Blade Runner. Con un año detrás, sí, pero la idea parece clara: aquí se van a encontrar muchas de las propuestas temáticas y estéticas ya vistas antes. De hecho, y aunque es mucho más que eso, 2049 juega a presentarse como una secuela en el esquema clásico: retoma el relato narrado en la película anterior, haciendo comparecer de manera más o menos significativa a los protagonistas del pasado (Deckard, Rachel, Graff). Pero la cosa no se detiene ahí: el protagonista, K, es (vamos a decirlo ya) lo mismo que era Rick Deckard hace 35 años. Un protagonista mucho más interesante por lo que ve y aprende que por lo que hace y dice: un personaje central que canaliza ideas y conceptos, más reactivo que líder.

Vale, hay cierto conflicto interior vinculado con una posible filiación que se empieza a vislumbrar desde bien prontito. Pero más allá del morbillo cinéfilo, la importancia de K en el relato es la de un agente pasivo que permite conocer los resortes de una narración que trascienden con mucho la peripecia particular del policía interpretado por Ryan Gosling.

Y claro, el tema de la ambientación. Ridley Scott ha sido siempre un cineasta de clima y atmósferas, terreno donde se ha mostrado mucho más dominador que como storyteller clásico. Le debe buena parte de esa reputación a Blade Runner: un diseño de producción apotéosico, una fotografía en estado de gracia, una música de Vangelis con más personalidad imposible… La odisea replicante sentó las bases de una determinada manera de concebir la ciencia-ficción. Y 2049 no podía ignorar ese legado. Tampoco lo abraza incondicionalmente: aquí estamos ante una refinación de la propuesta original. Villeneuve prefiere una imagen más contrastada, menos gris, en la que hasta la lluvia es más plástica. Nada que objetar, ya que el director de 2049 no es un funcionario de la realización, sino un cineasta de personalidad. Y enlazamos aquí con el siguiente punto.

Blade Runner 2049 como película de Denis Villeneuve

Las principales diferencias de 2049 con su referente se basan en la particular personalidad cinematográfica de su director. En el apartado ya comentábamos la peculiar declinación formal propuesta por Villeneuve con respecto a la perspectiva de Scott: la atmósfera cargada y sucia de la peli de 1982 pasa a ser algo más sofisiticada, más sutil y elegante. Incluso los escenarios más sobrecargados (el orfanato o el casino abandonado) son tratados desde una finezza completamente alejada de los planes de Scott.

Aquí voy a plantear una teoría: Blade Runner es, innegablemente, una obra de culto.RyanGosling_2 Dentro de cierta cinefilia es, sin duda, algo cercano al mito. Y Villeneuve sabe esto. ¿Y cómo emplea ese conocimiento? Articulando una matriz mítica: donde en 1982 había rugosa mundanidad, en 2017 hay distante mitología. Podemos hablar, por lo tanto, del paso de la distopía a la fábula. 2049 no es una película de ciencia-ficción en el sentido en que sí lo era Blade Runner. O viceversa. Y este interesante desfase genérico es otra de las variantes aportadas por Villeneuve.

Scott, ya lo hemos dicho, construye atmósferas, pero no manjea las claves delos géneros, lo que explica sus éxitos y fracasos por igual en formatos como la ciencia-ficción, el cine histórico o el bélico. Villeneuve, por el contrario, es un gran dominador de determinados géneros. La ciencia-ficción es un terreno en el que se ha desenvuelto cojonudamente, como demuestra La llegada. Ahora bien, si hay un género en el que es el sheriff es en el thriller: Prisioneros, Sicario o incluso Incendies respondían a esquemas genéricos relativamente fácil de encuadrar en la resolución de misterios y en la acción física poco estilizada.

2049 es una propuesta más cercana a esa inquietud que a la ciencia-ficción. K debe resolver un misterio (al contrario que Deckard, que deambulaba buscando replicantes). Y lo más importante: en Blade Runner no había respuestas a los enigmas planteados (como puede corroborar cualquier fan), mientras que en 2049 todo se responde. La única cosa que parece seguir colgando es el gran misterio sobre la identidad de Deckard, pero eso es lo de menos: la identidad de K, el misterio filial, todo queda claramente expuesto.

Así pues…

Blade Runner 2049 es una película, bajo mi punto de vista, no decepcionante. Esto es decir mucho cuando la tarea consistía en revisitar el clasicazo de la ciencia-ficción posmoderna (con sus consiguientes hordas de fans talibanes). ¿Es perfecta? Ni mucho menos: le sobra metraje por un tubo, el guion se pone en huelga en un determinado momento para nunca más reincorporarse al tajo y hay personajes incomprensibles (empezando por el malo encarnado por Jared Leto en modo intenso cansino). Pero es una propuesta atractica, ambiciosa y triunfal en muchos aspectos: su apariencia formal y su interesante relectura relectura del universo dickiano.

Por todo ello, 2049 es una película digna. En una época en la que ese adjetivo merece ser usado muy pocas veces, me parece que es un apelativo que lucir con orgullo.

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