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Sobre The Last Jedi – **Spoilers**



SPOILER ALERT, SPOILER ALERT, SPOILER ALERT

Ya en otras ocasiones he contado del valor emocional que tuvo Star Wars en los primeros años que le conocí. Su importancia radicó no en el mero entretenimiento, ni en la calidad técnica de sus tomas, sus sonidos, su historia o sus personajes. Fue más íntimo y, por lo tanto, más importante.

Mi crítica a la saga, pues, tiene un enfoque que los entendidos no usan, pero me tiene sin cuidado: la subjetiva. La experiencia artística (¿son arte las películas de Star Wars?) no depende del ojo crítico, sino del espectador que pretende disfrutarla. El especialista la puede explicar, despreciar, admirar, sintetizar, elevar a una catergoría bastante vaga de lo estético, pero su palabra no es infalible. Su palabra no logrará nunca llenar todos los huecos que nos dejan las cosas que amamos.

Esta crítica, por ejemplo, destrozó las precuelas de George Lucas. Muchos fanáticos hicieron lo propio. Pocos le damos el valor tienen; el valor dado sólo por nosotros, los que las queremos. En mi caso, porque me introdujeron ese universo muy, muy lejano. Además, porque valoro los detalles que se opacan por las cuestiones técnicas que tanto se han repetido: guiones endebles, actuaciones vacías, personajes simples.

La misma crítica, por otro lado, alabó de sobremanera la saga desde que Disney hiciera la compra en 2012. Todo en The Force Awakens fue perfecto, todo en Rogue One fue preciso. Ahora, todo en The Last Jedi también lo es.

No para mí.

Hay que conceder: la película por sí misma es buena. Tiene cuatro giros de tuerca, dos tan consecutivos que bien puede ser uno. Los personajes son divertidos y para quien ame a BB-8 disfrutará que se las arregle para amordazar a cuatro guardias y, más tarde, conducir exitosamente un AT-ST de la Primera Orden; para mí, es ridículo. La historia te mantiene interesado todo el tiempo, en esa eterna persecución de la que, sin embargo, es obvio que los chicos buenas sabrán contrarrestar. Las referencias a The Empire Strikes Back no son, como en la película pasada, más plagios que homenaje: disfruté mucho la que se le hizo a Hoth. Lo mejor: Kylo y Rey contra los ¿guardias imperiales?, el Yoda original y el holograma de Leia de A New Hope.

Por otra parte, la historia paralela de Finn y Rose es simplemente absurda y no aporta nada a la historia, Snoke decepciona, la verdad de Rey también y ese Luke emo, miedoso, confundido y cobarde simplemente es totalmente opuesto al mismo Luke que jamás perdiera la fe en el villano más grande de todos.

Ese Luke me dolió. Volvamos a los primeros párrafos. Luke fue para mí un modelo o, mejor, un espejo de lo que quería ver. Alguien que pequeño, inútil y sin gracia, se eleva y logra grandes cosas. Alguien que supera el dolor y la derrota para hacerse más sabio, más fuerte, más capaz. Alguien que termina satisfecho de su viaje, que le sonríe al pasado para luego volver con la misma sonrisa al presente.

Dijo, con todo, algo muy cierto y que es, desde cierto punto de vista (referencia a Ben Kenobi aquí), es una justificación de lo que hará Disney, sobre todo porque también lo repite el mismo Kylo: “el pasado debe morir”. En Kylo es el pretexto para arrasar con todo y conseguir el poder, el Luke es más profundo, pero también es una excusa para con Rey. Al final, Luke destruye y honra el pasado, cosa contraria a Kylo, que se limita a perpetuarlo.

Lo que pasa con Luke no me gustó no porque estuviese fuera de lógica argumental, sino porque mataron a alguien que no debía morir aún, porque borraron a un ícono personal que, de morir, debió hacerlo en el acto final, peleando por todo lo que fue creyó en su juventud rebosante de fe. Luke murió como el status lo manda, con la autoridad que se ganó a pesar de sus errores, pero no en donde debió hacerlo.

Los minutos finales me dejaron mudo, sólo rompí el silencio en cuando el tema principal sonó, enérgico como siempre, para introducir los créditos de la película. Me dolió. A diferencia de Harrison Ford, Mark Hamil nunca estuvo peleado con su personaje. Los dos soles en su isla desierta, espejo de Tatooine, fueron lo último que quedó del querido jedi. Y ahí quedó algo de mí, creo yo. Con Luke, se fue un pedazo de lo que me hizo fuerte, de lo que me hizo seguir.

Eso lo debo superar, seguramente. Pero por el momento, duele de una forma extraña, un poco más intensa que con la muerte real de la princesa Carrie Fisher. Luke, contigo se fue algo. Pero estoy seguro que, como tú, encontrará su camino a la Fuerza, como el equilibrio que mantiene la armonía en esa galaxia muy, muy lejana.

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