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Crítica | El Topo (1970)



Hay varias películas que la mera idea de hacer una crítica me acojona. Una de ellas es El Séptimo Sello de Ingmar Bergman la, para mi, mejor película de todos los tiempos. Otra podría ser El Espejo de Andrei Tarkovski. Otra podría ser ésta misma. Hay más, pero por alguna hay que empezar.

El Topo

¿Y por qué hacerla, si me acojona tanto? Precisamente por eso. El Topo no es precisamente la película más fácil de ver, o de entender, o de apreciar, pero es una toda una experiencia. En general, las películas de Alejandro Jodorowski siempre son una experiencia -como la aun más bizarra Fando y Lis- pero ésta fue la primera que vi, y la que jamás olvidaré.

El Topo es, según los entendidos, una metáfora bíbilia, y no seré yo quien les lleve la contraria. Según ellos, los Cuatro Maestros del Revólver serían una referencia a los cuatro profestas del Viejo Testamento y El Topo encarnaría a Jesucristo. Interesante metáfora, si tenemos en cuenta que la misión de El Topo durante la primera mitad de la cinta es matarlos a los cuatro. Supongo que no es tan descabellada si se piensa detenidamente en ella.

Topo es acompañado por una mujer, Mara (Mara Lorenzio), a la que rescata de una banda de fetichistas que tiene bajo control la abadía en la que vive. Ella es la que le convence de enfrentarse a los cuatro maestros y se convierte en su compañera, por lo que Mara sería una suerte de Apostol y María Magdalena, especialmente lo primero si consideramos como reniega de él en los últimos momentos de la primera mitad.

La muerte sigue al Topo allá donde va

La segunda mitad, si seguimos haciendo caso a la Biblia, representaría a Jesucristo en sus últimos días. Topo es un hombre cambiado, tras pasar mucho tiempo en coma, se despierta en una cueva habitada por seres deformes que se vieron obligados a huir de un pueblo cercano y que le piden ayuda para poder volver a vivir en el exterior. Éste acepta de buena gana y él y su novia enana se dirigen al pueblo a ganar algo de dinero. Sin embargo el pueblo es un lugar oscuro, donde lo peor del ser humano se da cita y todos sus habitantes demuestran una desmedida perversión, en un macabro reflejo de la realidad humana. Topo y su compañera se encuentran con el hijo crecido del primero y los eventos que se desarrollan a partir de entonces dejan a Topo (es decir, Jesucristo) hastiado de la humanidad. Finalmente decide inmolarse prendiéndose fuego, en una posible y oscura referencia a la cruz o quizás al abandono de Dios a la humanidad.

Éste resumen de la película puede parecer útil hasta cierto punto -aunque ya digo, más allá de la comparativa entre los cuatro maestros y los cuatro profetas, lo demás es pura inventiva, lo que tampoco quiere decir que esté equivocada-, pero lo cierto es que la fuerza de la película se basa en la imagen y no en las palabras. El surrealismo de muchas de las escenas, como la búsqueda de agua y comida en el desierto -un reflejo de la pureza de Topo y la impureza de Mara-, son imposibles de describir sin destripar al lector la esencia del propio film.

Un pueblo sin salvación

El Topo una película extraña y diferente, que oscila entre una genialidad desquiciante y una mala ingesta de peyote. Sin duda, una película que debe ser vista.

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