Cinemascope

Cine , Cartelera de Cine, Estrenos, Actores y Actrices

El graduado



 

El graduado

EEUU, 1967, 105′

Mike Nichols, Director

Reparto: Anne Cancroft, Dustin Hoffman, Katharine Ross

¡Qué extraño que el paso más difícil, tanto para un hombre como para una mujer, sea el de amar!

Ben es un joven virgen que tiene éxito en todo lo que hace. Por eso, cuando la señora Robinson, una cuarentona sexualmente insatisfecha, le propone mantener una relación amorosa clandestina, su primera reacción son los nervios acompañados de un “oh, no señora Robinson”. Ben no sabe qué hacer, por donde correr. Y, claro, como es de esperarse, ella le presiona con el tema de la virginidad, un poco para obligarle a que demuestre su hombría. Todo esto sucede en un ambiente cómico para nosotros, espectadores, pero no para Ben o la señora Robinson. Y, el genial director, Mike Nichols, aumenta el drama con ingeniosas técnicas cinematográficas, incluyendo el montaje. Al final, el drama se complica porque Ben y Elaine, la hija de la señora Robinson, se enamoran y, eventualmente, al final del film, parten juntos.

Recuerdo que perdí mi virginidad a la edad de Ben (19 ó 20 años) y por supuesto que fue una experiencia difícil. Pero, como yo la recuerdo, a pesar del drama, el acontecimiento fue más bien de incertidumbre mezclado con sorpresa y algo de juego; algo así como “tú me enseñas lo tuyo y yo hago lo mismo; pero, además, si apagas la luz…; pero cuidado que tus papás ya no más llegan…” Etcétera. Y, claro, el poder del film en sí radica en su habilidad de remitirnos a esos momentos en que la vida nos desnudó para encaminarnos hacia cuerpos ajenos.

Y, no sólo eso. En varios puntos a través del film, especialmente cuando Nichols utiliza el flashback (especialmente en los primeros días en que Ben pierde su virginidad) y las canciones de Simon & Garfunkle, por alguna razón sentimos que esa pérdida fue algo tremendamente irreparable, algo que jamás, hagamos lo que hagamos, volveremos a recuperar. Esa pérdida, para Nichols y los mayores de 40 años, se traduce en la pérdida de nuestra juventud. Y ese dolor es muy grande. Tan grande que aunque no estemos intelectualmente de acuerdo, por alguna extraña razón, tendemos a decir (aunque sea en susurros) que los años pasados definitivamente fueron mejores (que los presentes, claro está); eso es lo único que nos queda: esa sensación de restauración idiomática para un pasado quebrantado. Por eso, a esta narrativa muchas veces se llama “coming of age”, algo así como “cine de crecimiento”, cine en el que el camino del protagonista va a tomar un giro significativo, lo que le hará crecer de maneras insospechables.

En sí, el valor filosófico de El graduado radica en las posibles preguntas y respuestas que nos planteemos; por ejemplo, las siguientes. ¿Todavía tenemos espacios y momentos en nuestras vidas que podamos llamarlos “vírgenes”? Mejor dicho, ¿cuándo es que sentimos, verdaderamente sentimos, que hay cosas, muchas cosas, que nos falta por conocer? Y, ¿por qué lugares extraños andan nuestras inocencias? ¿Qué hemos hecho con ellas? ¿Las cultivamos y hacia dónde las orientamos? Finalmente, ¿por qué nos duele tanto dejar de ser inocentes? ¿Será por eso que para algunos de nosotros el arte, en general, y el cine, en este caso, de alguna manera actúan como esparadrapos, intentando restaurar el encanto de vivir, lejos de las realidades que nos agotan? Claro, también habría que plantearnos el hecho de que hagamos lo que hagamos, jamás vamos a poder restaurar el pasado o, lo que es peor, nunca podremos recordarnos como fuimos. Pero, como nos dice Nichols, no está mal intentarlo.

Sonido del silencio

-Simon & Garfunkle

hola oscuridad, mi vieja amiga,
he venido a hablar contigo otra vez.
porque una visión arrastrándose suavemente
dejó sus semillas mientras estaba durmiendo.
y la visión que fue plantada en mi cerebro
todavía permanece dentro de los sonidos del silencio.

en sueños sin descanso caminé solo
por estrechas calles de empedrado,
debajo del halo de una luminaria
me levanté el cuello (de la prenda de vestir) al frío y la humedad
cuando mis ojos fueron apuñalados
por el flash de la luz de neón, que resquebraja la noche
y acaricia los sonidos del silencio.

y en la luz desnuda vi
diez mil personas, quizás más.
gente hablando sin conversar,
gente oyendo sin escuchar.
gente escribiendo canciones que las voces jamás compartirán
y nadie osó molestar a los sonidos del silencio.

“tontos,” dije, “no saben
que el silencio es como el crecimiento de un cáncer.
escuchen mis palabras que podría enseñarles,
tomen mis brazos que podría alcanzarlos.”
pero mis palabras como silenciosas gotas de lluvia cayeron,
e hicieron eco en los pozos del silencio.

y la gente se inclinó y rezó
al dios de neón que crearon.
y el cartel encendió su advertencia
con las palabras que estaba formando.
y los carteles decían que las palabras de los profetas
están escritas en las paredes del subterráneo y en los conventillos.
y murmuradas en los sonidos del silencio.

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El graduado



 

El graduado

EEUU, 1967, 105′

Mike Nichols, Director

Reparto: Anne Cancroft, Dustin Hoffman, Katharine Ross

¡Qué extraño que el paso más difícil, tanto para un hombre como para una mujer, sea el de amar!

Ben es un joven virgen que tiene éxito en todo lo que hace. Por eso, cuando la señora Robinson, una cuarentona sexualmente insatisfecha, le propone mantener una relación amorosa clandestina, su primera reacción son los nervios acompañados de un “oh, no señora Robinson”. Ben no sabe qué hacer, por donde correr. Y, claro, como es de esperarse, ella le presiona con el tema de la virginidad, un poco para obligarle a que demuestre su hombría. Todo esto sucede en un ambiente cómico para nosotros, espectadores, pero no para Ben o la señora Robinson. Y, el genial director, Mike Nichols, aumenta el drama con ingeniosas técnicas cinematográficas, incluyendo el montaje. Al final, el drama se complica porque Ben y Elaine, la hija de la señora Robinson, se enamoran y, eventualmente, al final del film, parten juntos.

Recuerdo que perdí mi virginidad a la edad de Ben (19 ó 20 años) y por supuesto que fue una experiencia difícil. Pero, como yo la recuerdo, a pesar del drama, el acontecimiento fue más bien de incertidumbre mezclado con sorpresa y algo de juego; algo así como “tú me enseñas lo tuyo y yo hago lo mismo; pero, además, si apagas la luz…; pero cuidado que tus papás ya no más llegan…” Etcétera. Y, claro, el poder del film en sí radica en su habilidad de remitirnos a esos momentos en que la vida nos desnudó para encaminarnos hacia cuerpos ajenos.

Y, no sólo eso. En varios puntos a través del film, especialmente cuando Nichols utiliza el flashback (especialmente en los primeros días en que Ben pierde su virginidad) y las canciones de Simon & Garfunkle, por alguna razón sentimos que esa pérdida fue algo tremendamente irreparable, algo que jamás, hagamos lo que hagamos, volveremos a recuperar. Esa pérdida, para Nichols y los mayores de 40 años, se traduce en la pérdida de nuestra juventud. Y ese dolor es muy grande. Tan grande que aunque no estemos intelectualmente de acuerdo, por alguna extraña razón, tendemos a decir (aunque sea en susurros) que los años pasados definitivamente fueron mejores (que los presentes, claro está); eso es lo único que nos queda: esa sensación de restauración idiomática para un pasado quebrantado. Por eso, a esta narrativa muchas veces se llama “coming of age”, algo así como “cine de crecimiento”, cine en el que el camino del protagonista va a tomar un giro significativo, lo que le hará crecer de maneras insospechables.

En sí, el valor filosófico de El graduado radica en las posibles preguntas y respuestas que nos planteemos; por ejemplo, las siguientes. ¿Todavía tenemos espacios y momentos en nuestras vidas que podamos llamarlos “vírgenes”? Mejor dicho, ¿cuándo es que sentimos, verdaderamente sentimos, que hay cosas, muchas cosas, que nos falta por conocer? Y, ¿por qué lugares extraños andan nuestras inocencias? ¿Qué hemos hecho con ellas? ¿Las cultivamos y hacia dónde las orientamos? Finalmente, ¿por qué nos duele tanto dejar de ser inocentes? ¿Será por eso que para algunos de nosotros el arte, en general, y el cine, en este caso, de alguna manera actúan como esparadrapos, intentando restaurar el encanto de vivir, lejos de las realidades que nos agotan? Claro, también habría que plantearnos el hecho de que hagamos lo que hagamos, jamás vamos a poder restaurar el pasado o, lo que es peor, nunca podremos recordarnos como fuimos. Pero, como nos dice Nichols, no está mal intentarlo.

Sonido del silencio

-Simon & Garfunkle

hola oscuridad, mi vieja amiga,
he venido a hablar contigo otra vez.
porque una visión arrastrándose suavemente
dejó sus semillas mientras estaba durmiendo.
y la visión que fue plantada en mi cerebro
todavía permanece dentro de los sonidos del silencio.

en sueños sin descanso caminé solo
por estrechas calles de empedrado,
debajo del halo de una luminaria
me levanté el cuello (de la prenda de vestir) al frío y la humedad
cuando mis ojos fueron apuñalados
por el flash de la luz de neón, que resquebraja la noche
y acaricia los sonidos del silencio.

y en la luz desnuda vi
diez mil personas, quizás más.
gente hablando sin conversar,
gente oyendo sin escuchar.
gente escribiendo canciones que las voces jamás compartirán
y nadie osó molestar a los sonidos del silencio.

“tontos,” dije, “no saben
que el silencio es como el crecimiento de un cáncer.
escuchen mis palabras que podría enseñarles,
tomen mis brazos que podría alcanzarlos.”
pero mis palabras como silenciosas gotas de lluvia cayeron,
e hicieron eco en los pozos del silencio.

y la gente se inclinó y rezó
al dios de neón que crearon.
y el cartel encendió su advertencia
con las palabras que estaba formando.
y los carteles decían que las palabras de los profetas
están escritas en las paredes del subterráneo y en los conventillos.
y murmuradas en los sonidos del silencio.

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