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SON MIS AMIGOS



Aitor Merino ha recaudado más de 8.000 euros mediante crowfounding para producir su documental Asier eta biok (Asier y yo). Aitor Merino es un actor vasco que vive en Madrid que tiene un amigo de la infancia (desde los tres años, creí entender) que ha sido (o es, no tengo claro ese punto) miembro de ETA y ha pasado más de ocho años en la cárcel. Su amigo se llama Asier y, aunque no tiene delitos de sangre, sí que ha sido condenado por terrorismo o integración en banda armada.

“Asier ETA biok” (Asier Y yo). CROWDFUNDING from doxa producciones on Vimeo.

Que Aitor se atreva a contar y reivindicar su relación de amistad con el miembro de una organización violenta de la que él mismo abjura es un síntoma obvio de que las cosas han cambiado mucho en este país. Han cambiado hasta tal punto que, lejos de acabar en un juzgado, esta aventura le ha llevado a los micros de la Cadena Ser, donde yo me enteré de la existencia de este proyecto. Le entrevistaba Gemma Nierga, en una charla muy intensa que acabó en el terreno estrictamente personal. Nierga llegó a decirle: «Tú tienes un amigo que es miembro de ETA. Yo tenía un amigo que fue víctima de ETA [Ernest Lluch]. Mi amigo está muerto y el tuyo está vivo, eso es una gran diferencia, ¿no?». Aitor se defendía bien, asumía las contradicciones del asunto y explicaba algo fundamental: que Euskadi es muy pequeño y ETA ha tenido muchos miembros. Por tanto, su situación no es excepcional. Aunque fuera del País Vasco no se conciba, hay muchos vascos que conocen a alguien dentro de ETA. Es una simple cuestión matemático-demográfica. Puede que no sean sus amigos, pero sí sus vecinos o ex compañeros de escuela.

La entrevista iba bien hasta que Gemma dijo que no entendía cómo Aitor podía mantener la amistad con Asier después de que este fuera condenado por terrorismo. «Si un amigo mío —dijo Nierga— fuera detenido por pederasta o por haber cometido un crimen, dejaría de ser mi amigo, no podría mantener esa amistad». Y Aitor le replicó que ojalá no se viera nunca en una situación así, pero que, en ese caso, vería que las cosas no son tan fáciles, que los afectos hacia un amigo íntimo van más allá de la repulsa que puedas sentir hacia algunos de sus actos, que las emociones son mucho más complicadas y contradictorias. Desde luego, son mucho más difíciles de entender y de sentir que un precepto moral.

De entre todas las novelas y películas que han tratado el asunto de la amistad, hay una que explica muy bien estas ambivalencias: El tercer hombre. Adelanto que soy un fan absoluto de esta peli, que la he visto más de cien veces y me la sé de memoria, así como la novela corta que sirvió de base al guión y las circunstancias en las que el borrachuzo de Graham Greene escribió ambos textos.

Holly Martins (Rollo Martins en la novela: le cambiaron el nombre en la peli porque el nombre de Rollo tenía connotaciones homosexuales en inglés americano) es un escritor de novelas del Oeste que se ha quedado sin un chavo y acaba de aceptar un trabajo de su amigo de la infancia Harry Lime, que está en la Viena de la inmediata posguerra haciendo negocios con las potencias ocupantes. Holly no sabe nada de los negocios de su amigo, pero confía en él y necesita la pasta. Cuando llega a la estación de Viena, Harry no está ni hay nadie esperándole. Primer mal augurio. En la casa de Lime, el portero le dice que su amigo ha sido atropellado y que la comitiva del funeral acaba de salir para el cementerio.

Sin un dólar, atrapado en Viena, Holly acepta la caridad de un oficial del ejército británico, que le invita a beber y le acaba contando que su amigo Harry estaba siendo investigado. A Holly le ofenden las insinuaciones del mayor Calloway. En el ínterin, el oficial encargado de las actividades culturales le ha confundido con un autor de prestigio y le ha invitado a dar una charla sobre literatura contemporánea. Holly acepta ese encargo, que rebasa con mucho sus capacidades intelectuales, para quedarse en Viena, investigar por su cuenta y limpiar el nombre de su amigo, como los protagonistas de sus novelitas del Oeste (de títulos como Arizona Kid o El jinete solitario de Santa Fe).

En su empeño busca la ayuda de Anna, la novia de Harry (interpretada por Alida Valli, uno de los personajes más sutiles, tristes y fascinantes de la historia del cine), y poco a poco va descubriendo que Harry ha fingido su muerte y que el mayor Calloway tenía razón: su amigo Harry ha hecho cosas horribles. Su amigo Harry es un criminal que ha repartido más dolor que Gallardón sobre niños indefensos. Holly admite que su viejo amigo no tiene defensa posible, pero le dice al mayor que no puede colaborar en su detención, que eso es pedir demasiado. Sin embargo, Anna está en apuros, va a ser entregada a las autoridades soviéticas, que la reclaman. Así que Holly hace un trato: si Calloway no entrega a la chica a los rusos y le garantiza inmunidad, él traicionará a su amigo.

El asunto está en que Anna sabe lo mismo que Holly acerca de Harry. Ambos saben que es un hijo de puta, pero Anna no puede dejar de ver a su Harry y todas las cosas buenas que ha hecho por ella. Por eso no entiende la traición de Holly. Y Holly tampoco la entiende del todo, porque la ha hecho por amor hacia Anna: ha sacrificado a su amigo para salvar a su amada.

Hay un momento de la película en el que Holly intenta explicarse a sí mismo las atrocidades de Harry indagando en la infancia de ambos. Repasa las travesuras que hacían juntos y cómo Harry tenía, ya en el colegio, modales de gánster. Pero no consigue hilvanar una explicación satisfactoria, son autoengaños: en el fondo, sabe que no hay una línea capaz de unir las chiquillerías del cole con los crímenes de la edad adulta.

Si Graham Greene hubiera escrito que Holly entregaba a Harry a la policía militar por una cuestión moral, el relato sería inverosímil. Para que nos creamos la traición de Holly, Greene ha de introducir un factor sentimental, egoísta y ajeno a las abstracciones morales: el factor Anna. Porque Greene sabe que los amigos no se traicionan por cuestiones morales o legales, tiene que concurrir algo más complejo. Anna es la palanca instrumental que permite que Holly pueda “hacer lo correcto”, para que el malo caiga.

La ironía del asunto es que, cuando Holly creía en la inocencia de su amigo, estaba dispuesto a partirle la cara a cualquiera que la pusiese en duda. Ebrio e inspirado en los sheriffs de sus novelitas del Oeste, no le importaba emprender una cruzada para salvar el buen nombre de Harry. Pero, cuando descubre que ese buen nombre es un nombre de mierda, desiste de su cruzada moralista. Siguiendo una lógica de western, entrega su estrella de sheriff. Sin embargo, Gemma Nierga estaba rotundamente convencida de que, en un caso parecido, ella actuaría según los principios de la rectitud moral. Piensen en el pobre Holly Martins cuando le dice al mayor Calloway: entiendo que Harry es un canalla (canalla, of course, ¿qué otra palabra puede emplear un autor de novelas del Oeste?), pero no me pida que lo traicione. Y el mayor Calloway, hombre sobrio, no insiste, a pesar de que Holly es su mejor baza para atrapar a Lime. El mayor Calloway entiende las razones sentimentales de la amistad, algo que muchos parecemos haber olvidado.

Otra peli magistral para entender estas cuestiones es Pat Garrett & Billy the Kid. Garrett, antiguo miembro de la banda de Billy, está viejo y cansado y ha aceptado un trabajo de sheriff cuya misión es matar a Billy. Son dos amigos muy amigos, que han pasado de todo juntos, pero Garrett quiere tener una jubilación tranquila, y eso pasa por cepillarse a Billy. Al final, le atrapa en Fort Sumner, donde le sorprende con la guardia baja y desarmado, pero, según la peli y según la leyenda, le dispara sin verle, incapaz de mirarle a los ojos. Y, después, en una secuencia que ha sido muy estudiada y debatida, se mira en un espejo y dispara contra su propia imagen: traicionar al amigo ha sido también una traición a sí mismo. Disparar a Billy es disparar contra su reflejo.

De todas formas, no hay que ir a casos extremos. Todos tenemos amigos que desafían nuestra rectitud moral y ética. Todos perdonamos y entendemos mucho más de lo que estamos dispuestos a reconocer que perdonamos y entendemos. Pero hablaré de esto en el siguiente post, que por hoy ya he destripado bastantes películas.

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