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Camino a la Libertad, el encuentro con uno mismo



“La bondad acabará contigo”

Peter Weir ha realizado numerosos largometrajes, algunos de ellos considerablemente aplaudidos por el público, entre los que encontramos “Master and Commander: Al otro lado del mundo”, “El Show de Truman” o “El club de los poetas muertos”. Sus trabajos indagan en el espíritu de la persona, en lo que les impulsa a seguir y resalta las facultades que nos identifican como individuos. Se compromete valientemente con la ética y fundamentos de la persona de una manera sincera. En sus películas prima el elemento humano sobre el desarrollo de la acción.

Slavomir Rawicz nos cuenta la historia del admirable esfuerzo que emprendió él junto con seis prisioneros en una huída hacia el Sur tras escapar de un campo de concentración en Siberia debido a la invasión nazi y rusa a Polonia en 1939. El régimen de Stalin condenó a prisión, no sólo a enemigos de su ideología, sino también a extranjeros y propagadores de ideas contrarias a su pensamiento. El grupo tuvo que atravesar los bosques helados de Siberia, cruzar el desierto de Gobi, alcanzar el Tibet y después de superar el Himalaya, acceder a la India británica, libre del dominio comunista. El escritor y tres de sus compañeros lograron alcanzar la ansiada libertad en 1942.

Pasando por diferentes regiones, los seis fugitivos se enfrentan a extremas adversidades de la Naturaleza y de sus propias capacidades. Teniendo que sobrevivir en grupo, necesitando al otro, apoyándose y confiando en los compañeros… los protagonistas de la película experimentan un crecimiento moral para aprender a convivir, olvidando el egoísmo, la desconfianza o el individualismo. Janusz, interpretado por Jim Sturgess, se convierte en la bondad pura, que administra caridad y sacrificio cuando puede y por quien más lo necesita. “La bondad acabará contigo”, le advierte varias veces el misterioso Ed Harris; sin embargo, es la misma bondad y el sacrificio por un bien mayor, por alcanzar la conexión con el sentido que Dios nos ha dispuesto a cada uno de nosotros, cómo nuestros protagonistas consiguen continuar el camino pese al dolor que arrastran con ellos.

Cada uno de los personajes guarda un valor para aportar al resto, todos ellos necesarios e imprescindibles (el corazón, el valor, el humor, la capacidad de captar el alma de la persona en un dibujo, el creyente…).

Weir trabaja con más fuerza escenas de gran expresividad que diálogos de largo desarrollo. Las palabras que utiliza son cortas y directas, que expresan lo esencial y más significativo del sentimiento de cada uno de los personajes. Las imágenes admirables de los paisajes salvajes que cruzan el este de Europa hacia la India retratan la grandeza del mundo y la incapacidad del ser humano de alcanzar nada sin una voluntad fuerte en comunión con su alma con un lirismo que le acercan a la estética de Terrence Malick o Clint Eastwood.

La cinta resulta dura, que demuestra la desesperación y debilidad del hombre en los momentos más frágiles. La música es dramática y potente, que expresa tanto la belleza de la entrega de los personajes y su insistencia por la libertad como el sonido de la naturaleza que domina constantemente su caminar, compuesta por Burkhard Dallwitz.

“Camino a la Libertad” es el propio viaje de la persona hacia el encuentro de sí misma en unión con Dios, donde los pasos incesantes llevan a uno hasta los límites que quiera alcanzar (algunos hasta donde se sientan a salvo, otros se conforman con alcanzar una meta propuesta y sólo uno desea llegar más allá de cualquier frontera en busca de la respuesta que anhela).

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