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LOS DUELISTAS – El enfrentamiento entre la vieja y la nueva Francia



La película de Ridler Scott se ha convertido en un clásico, no sólo por la estraordinaria puesta en escena a la hora de mostrar el interminable duelo entre dos titanes por cuestiones de honor, sino porque esconde la afrenta entre la vieja Francia de Napoleón Bonaparte entre la monarquía de Luis XVIII. La historia tiene lugar durante las guerras napoleónicas del siglo XIX, moviéndonos por todos esos territorios por los que el ejército francés persiguió el título de emperadores de Europa, presentándonos en las costumbres y modas de los personajes cómo sucedió el cambió político durante un gobierno y otro.

La película comienza con un duelo entre el teniente Ferand contra un oficial alemán, debido a que Gabriel Ferand (Harvey Keitel),  se ha sentido ofendido al escuchar al alemán ultrajar sobre Napoleón. Inmediatamente, mandan al teniente Armand Dhubert (Keith Carradine) para presentarle la notificación de que debe ser arrestado por haber producido ese duelo. Sin embargo, éste reniega aceptar que pueda ser llevado a prisión por haber defendido el nombre de su Emperador y acusa a Dhubert de traidor enfrentándose a un duelo con él. Éste duelo conducirá a los protagonistas a enfrentarse más de quince veces a lo largo de quince años, mientras suceden los avances de Napoleón por Europa, hasta que es desterrado a Elba y se proclama a Luis XVIII como el nuevo rey. El combate que realizan es igualado, por su valentía, por el honor que protegen y equilibrado al compartir la misma jerarquía de mando. Gabriel, al igual que Armand, va ascendiendo de cargo a lo largo de los años hasta terminar en general, por lo que su afrenta jamás dejará de ser injusta. Ferand tiene sus motivos de honor (un juramento de honor que lo une a su emperador) y Dhubert le responde manteniendo su palabra de caballero; lo que conducirá esta afrenta a un choque fanático entre dos hombres que defienden una misma causa pero con diferente carácter y sentimiento.

Ferand tiene un carácter mucho más pasional, movido por la venganza y una loca consideración del honor, obsesionado por recuperar una deshonra a su persona quien es siente un verdadero y ejemplar servidor de Napoleón, insultado por el lado del ejército que él distingue como traidores a su Emperador. Mientras que Dhubert es más racional, que respeta el código de honor del soldado, su responsabilidad a la hora de cumplir su palabra, incapaz de seguir de manera tan fanática, como su contrario, una afrenta que considera obsesiva e irracional, absurda. Él, con sus gestos caritativos, pretende demostrar su respeto al contrario; sin embargo, Ferand es incapaz de ver que el duelo que entablan es por ellos, sino que para él tiene un significado más completo ya que es un enfrentamiento entre ideologías. En su carácter descubrimos el fanatismo que muchos soldados asumieron al servicio del Emperador, todos ellos absorbidos por una lealtad al nombre y persona de Napoleón, más que al de la propia Francia; hasta tal punto, que cuando Napoleón Bonaparte es destinado a Elba, muchos de ellos se ofrecen voluntarios para ser condenados por su ferviente partidismo al Emperador, negándose a servir a Luis XVIII.

El último duelo es la representación de la lucha entre la antigua Francia (Napoleón), representada en Ferand, contra la Francia moderna de Luis XVIII, representada en Dhubert. El ejército francés se sometió a la palabra de honor firmada en nombre de su Emperador, pero con su destierro, ahora el ejército se ve obligado a someterse a la misma palabra de honor, pero esta vez por su rey Luis XVIII y por Francia.

Al final, Ferand, en un traje negro y con el tricornio bonapartista cubriendo su cabeza, simboliza la imagen de Napoleón en luto contemplando desde la isla de Elba el suelo francés.

 

 

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LOS DUELISTAS – El enfrentamiento entre la vieja y la nueva Francia



La película de Ridler Scott se ha convertido en un clásico, no sólo por la estraordinaria puesta en escena a la hora de mostrar el interminable duelo entre dos titanes por cuestiones de honor, sino porque esconde la afrenta entre la vieja Francia de Napoleón Bonaparte entre la monarquía de Luis XVIII. La historia tiene lugar durante las guerras napoleónicas del siglo XIX, moviéndonos por todos esos territorios por los que el ejército francés persiguió el título de emperadores de Europa, presentándonos en las costumbres y modas de los personajes cómo sucedió el cambió político durante un gobierno y otro.

La película comienza con un duelo entre el teniente Ferand contra un oficial alemán, debido a que Gabriel Ferand (Harvey Keitel),  se ha sentido ofendido al escuchar al alemán ultrajar sobre Napoleón. Inmediatamente, mandan al teniente Armand Dhubert (Keith Carradine) para presentarle la notificación de que debe ser arrestado por haber producido ese duelo. Sin embargo, éste reniega aceptar que pueda ser llevado a prisión por haber defendido el nombre de su Emperador y acusa a Dhubert de traidor enfrentándose a un duelo con él. Éste duelo conducirá a los protagonistas a enfrentarse más de quince veces a lo largo de quince años, mientras suceden los avances de Napoleón por Europa, hasta que es desterrado a Elba y se proclama a Luis XVIII como el nuevo rey. El combate que realizan es igualado, por su valentía, por el honor que protegen y equilibrado al compartir la misma jerarquía de mando. Gabriel, al igual que Armand, va ascendiendo de cargo a lo largo de los años hasta terminar en general, por lo que su afrenta jamás dejará de ser injusta. Ferand tiene sus motivos de honor (un juramento de honor que lo une a su emperador) y Dhubert le responde manteniendo su palabra de caballero; lo que conducirá esta afrenta a un choque fanático entre dos hombres que defienden una misma causa pero con diferente carácter y sentimiento.

Ferand tiene un carácter mucho más pasional, movido por la venganza y una loca consideración del honor, obsesionado por recuperar una deshonra a su persona quien es siente un verdadero y ejemplar servidor de Napoleón, insultado por el lado del ejército que él distingue como traidores a su Emperador. Mientras que Dhubert es más racional, que respeta el código de honor del soldado, su responsabilidad a la hora de cumplir su palabra, incapaz de seguir de manera tan fanática, como su contrario, una afrenta que considera obsesiva e irracional, absurda. Él, con sus gestos caritativos, pretende demostrar su respeto al contrario; sin embargo, Ferand es incapaz de ver que el duelo que entablan es por ellos, sino que para él tiene un significado más completo ya que es un enfrentamiento entre ideologías. En su carácter descubrimos el fanatismo que muchos soldados asumieron al servicio del Emperador, todos ellos absorbidos por una lealtad al nombre y persona de Napoleón, más que al de la propia Francia; hasta tal punto, que cuando Napoleón Bonaparte es destinado a Elba, muchos de ellos se ofrecen voluntarios para ser condenados por su ferviente partidismo al Emperador, negándose a servir a Luis XVIII.

El último duelo es la representación de la lucha entre la antigua Francia (Napoleón), representada en Ferand, contra la Francia moderna de Luis XVIII, representada en Dhubert. El ejército francés se sometió a la palabra de honor firmada en nombre de su Emperador, pero con su destierro, ahora el ejército se ve obligado a someterse a la misma palabra de honor, pero esta vez por su rey Luis XVIII y por Francia.

Al final, Ferand, en un traje negro y con el tricornio bonapartista cubriendo su cabeza, simboliza la imagen de Napoleón en luto contemplando desde la isla de Elba el suelo francés.

 

 

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La película de Ridler Scott se ha convertido en un clásico, no sólo por la estraordinaria puesta en escena a la hora de mostrar el interminable duelo entre dos titanes por cuestiones de honor, sino porque esconde la afrenta entre la vieja Francia de Napoleón Bonaparte entre la monarquía de Luis XVIII. La historia tiene lugar durante las guerras napoleónicas del siglo XIX, moviéndonos por todos esos territorios por los que el ejército francés persiguió el título de emperadores de Europa, presentándonos en las costumbres y modas de los personajes cómo sucedió el cambió político durante un gobierno y otro.

La película comienza con un duelo entre el teniente Ferand contra un oficial alemán, debido a que Gabriel Ferand (Harvey Keitel),  se ha sentido ofendido al escuchar al alemán ultrajar sobre Napoleón. Inmediatamente, mandan al teniente Armand Dhubert (Keith Carradine) para presentarle la notificación de que debe ser arrestado por haber producido ese duelo. Sin embargo, éste reniega aceptar que pueda ser llevado a prisión por haber defendido el nombre de su Emperador y acusa a Dhubert de traidor enfrentándose a un duelo con él. Éste duelo conducirá a los protagonistas a enfrentarse más de quince veces a lo largo de quince años, mientras suceden los avances de Napoleón por Europa, hasta que es desterrado a Elba y se proclama a Luis XVIII como el nuevo rey. El combate que realizan es igualado, por su valentía, por el honor que protegen y equilibrado al compartir la misma jerarquía de mando. Gabriel, al igual que Armand, va ascendiendo de cargo a lo largo de los años hasta terminar en general, por lo que su afrenta jamás dejará de ser injusta. Ferand tiene sus motivos de honor (un juramento de honor que lo une a su emperador) y Dhubert le responde manteniendo su palabra de caballero; lo que conducirá esta afrenta a un choque fanático entre dos hombres que defienden una misma causa pero con diferente carácter y sentimiento.

Ferand tiene un carácter mucho más pasional, movido por la venganza y una loca consideración del honor, obsesionado por recuperar una deshonra a su persona quien es siente un verdadero y ejemplar servidor de Napoleón, insultado por el lado del ejército que él distingue como traidores a su Emperador. Mientras que Dhubert es más racional, que respeta el código de honor del soldado, su responsabilidad a la hora de cumplir su palabra, incapaz de seguir de manera tan fanática, como su contrario, una afrenta que considera obsesiva e irracional, absurda. Él, con sus gestos caritativos, pretende demostrar su respeto al contrario; sin embargo, Ferand es incapaz de ver que el duelo que entablan es por ellos, sino que para él tiene un significado más completo ya que es un enfrentamiento entre ideologías. En su carácter descubrimos el fanatismo que muchos soldados asumieron al servicio del Emperador, todos ellos absorbidos por una lealtad al nombre y persona de Napoleón, más que al de la propia Francia; hasta tal punto, que cuando Napoleón Bonaparte es destinado a Elba, muchos de ellos se ofrecen voluntarios para ser condenados por su ferviente partidismo al Emperador, negándose a servir a Luis XVIII.

El último duelo es la representación de la lucha entre la antigua Francia (Napoleón), representada en Ferand, contra la Francia moderna de Luis XVIII, representada en Dhubert. El ejército francés se sometió a la palabra de honor firmada en nombre de su Emperador, pero con su destierro, ahora el ejército se ve obligado a someterse a la misma palabra de honor, pero esta vez por su rey Luis XVIII y por Francia.

Al final, Ferand, en un traje negro y con el tricornio bonapartista cubriendo su cabeza, simboliza la imagen de Napoleón en luto contemplando desde la isla de Elba el suelo francés.

 

 

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