Cinemascope

Cine , Cartelera de Cine, Estrenos, Actores y Actrices

La nostalgia de ir al cine.



Ir al cine ya no es lo que solía ser…

Como cualquier otro buen día fui al cine con mi mamá, (cuando se va al cine, siempre es un buen día) ibamos tarde, los minutos contados para pasar a la taquilla, comprar los boletos e ir por palomitas.

Llegamos a la taquilla, elegimos nuestros asientos y comenzó la lista de infortunios; mi mamá no traía su tarjeta. Tuvimos que desformarnos para pensar, con muy poca suerte y cerebro, lo que podríamos hacer al respecto y quien podría apoyarnos a entrar, SIN PALOMITAS al cine, porque ya sólo nos quedaba tiempo para comprar los boletos en taquilla y entrar corriendo a la sala, rogando que los veinte minutos de comerciales no hubieran llegado a su fin.

¡Listo! le pediríamos a un familiar que nos transfiriera dinero, teníamos solucionado el problema, -bendita tecnología- pensé, por lo que nos formamos y pedimos nuevamente los boletos; lo que no sabía era que la transferencia iba a caer cuando se le diera la gana, fondos insuficientes, nos volvimos a desformar. Ya habían pasado los veinte minutos de comerciales innecesarios que, en ese momento nos habían estado salvando el pellejo; así que nos fuimos a pagar 25 pesos de estacionamiento, nomas por el gusto de sentirnos molestas, derrotadas y un poco avergonzadas.

Negandonos a la fatalidad de nuestro destino, en el camino hacia el “¿Y ahora qué hacemos?”, tomamos dirección hacia otro complejo, topamos con un cajero del banco de nuestra preferencia y baje a probar suerte, a ver si ya había caído la trasferencia, nada. Mientras iba de regreso, a contarle a mi mamá que el infortunio seguía sobre nosotras y maldiciendo para mis adentros a la tecnología, buena para nada, se me prendió el foco, PODEMOS COMPRAR LOS BOLETOS EN LÍNEA. El infortunio terminó, muy felices y contentas compramos los boletos en línea, la transferencia podía irse al carajo porque iríamos al cine CON PALOMITAS, como lo habíamos planeado.

Esto me ha venido a pasar ultimamente, ir al cine para mi a veces se convierte en anecdotas que hasta ahora había guardado para mi, así como cuando fui con mis amigos y quien compró los boletos en línea, se dió a la tarea de hacernos pasar por unos viejitos de la tercera edad, porque es más barato, se le hizo fácil y ¿Quién va a saber que somos unos viejitos que todavía no llegan ni al tercer piso?

Con todo esto recordé, que es mucho lo que ha evolucionado el “ir al cine”, y ha sido muy extraño para mi el experimentar cosas “nuevas”, eso sí, nada a lo que no me pueda acostumbrar; ver la cartelera cuando quieras y donde quieras desde tu celular, comprar los boletos con antelación o ir a la taquilla virtual para no formarte a interactuar con un ser humano, los asientos numerados; la película podría ya haber empesado cuando tu aún no has llegado y los mejores asientos te siguen esperando, te llevan tus palomitas hasta la comodidad de tu aciento y hasta venden sushi en los mejores cines, entre otras cosas que han cambiado y seguirán cambiando.

El ritual del cine comenzaba los viernes, el horario de todas las películas, de toda la ciudad, en todos los cines, salía en el periódico, donde la publicación incluía sinópsis y calificación; desde la mañana ya estabamos decidiendo que película ver, elegir entre las películas que se estrenaban o por las que ya estaban por abandonar la cartelera. La verdad es que hace mucho no compro ese periódico, que sólo adquiríamos para ver los estrenos de la semana.

Me recuerdo llegar horas antes al cine de nuestra antigua preferencia para comprar los boletos, nos formábamos una hora antes del comienzo de la película para alcanzar “buen lugar”, mientras que alguien más se iba a por las palomitas y cuidabamos el no comerlas durante la espera porque cuando llegabamos a la butaca, lo más seguro era que éstas ya se hubieran terminado y nadie querría ir por más, y después de los hasta siempre existentes veinte minutos de anuncios, ocurría la mágia.

Es extraño mirar hacia atrás y ver como la vida avanza, tú junto con ella; la verdad es que yo sigo amando llegar al cine y formarme por mis boletos, elegir los asientos e ir por las palomitas que jamás pueden faltar, porque así aprendí, así me enseñaron y porque si no se siente raro. Los pequeños detalles como estos, en los que la gente repara ya muy poco, son los que muchas veces me hacen sentir que viví toda la experiencia de ir al cine. No sé si el “ritual” seguirá cambiando, seguramente sí, y tal vez añada o cambie lo que defino como “ir al cine” pero en este momento, ESTO es lo que para mi es lo bonito, lo rico de ir al cine y claro, disfrutar una buena película. Porque al final, ir al cine, no sólo es IR AL CINE.

 

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