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¿Cómo de equivocados podemos llegar a estar?



Hoy es el Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial. Un título largo. Para conmemorarlo, en el canal de televisión La Sexta 3 han estado poniendo películas que tratan la temática del racismo. Como la programación televisiva en general deja bastante que desear, haciendo zapping me he cruzado en este canal con la película Malcom X, a la que me he enganchado y que he acabado viendo entera: 4 horas, que se dicen pronto, con anuncios y demás.

Me ha parecido una historia apasionante, y una vocecita en mi cabeza me ha empezado a  decir que tendría que haberle hecho caso a mi compañero de vida (que ahora decir novio está feo) cuando me recomendaba con vehemencia la autobiografía de Malcom X. Yo, que soy bastante cabezota y que tengo algo personal contra las biografías, lo posponía. Ahora veo el libro en la estantería con otros ojos, ¿sabéis?

No sé si a vosotros os pasa, pero yo, cuando me hablan de un gran personaje de la historia, o cuando leo acerca de alguno de ellos, tengo la sensación de que fueron poco menos que ángeles terrenales. O que, como mucho, tuvieron algún desliz que corrigieron rápida y eficazmente. Qué suerte, ¿verdad?

Malcom X no. Este tipo la cagó, pero bien. Con ganas. Y de muchas maneras. Y tardó en abrir los ojos. Tardó en comprender que había cometido grandes errores. Y probablemente, no fuese consciente de todos ellos, como nos ocurre a todos.

Aquí, el que esté libre de equivocación, que tire la primera piedra. Seguro que hay quien está decidido a apedrear, pero simplemente porque todavía no ha recorrido el camino que Malcom X recorrió. Se puede estar tremendamente equivocado y no saberlo. Esto es aplicable a cualquier ámbito de la vida que se os ocurra. Siendo tan joven como soy he aprendido que nadie tiene la verdad absoluta, que nada es blanco o negro, y que hasta los grandes pueden estar errados. Y de qué manera. Quizá esta sea una de las cosas que me ha aportado mi formación en Filosofía. He acabado convirtiéndome en una perspectivista, con todo lo que eso implica: hay multitud de perspectivas, y soy plenamente consciente de que cuando me dirijo hacia ellas o hacia el mundo lo hago desde una concreta, la mía propia, que, por supuesto, puede estar equivocada en casi todo, aunque ahora no lo vea. Pero no soy relativista. Hay errores más graves que otros.

Con los años he ido conociendo a gente que me ha mostrado en cuántas cosas estaba equivocada. Porque esa es otra: las razones no siempre son convincentes, pero hay personas o situaciones que son reveladoras. Y doy gracias por haberme cruzado con ellas. Hoy, tengo muchas menos convicciones, pero me considero una persona más abierta.

Creo que en días como hoy merece la pena pensar en esto. Ser racista es, desde mi perspectiva, no saber nada ni del mundo ni de uno mismo. No haber visto suficiente mundo. No tener suficiente información para emitir un juicio. Y emitir el juicio equivocado. Malcom X se dio cuenta en La Meca, pero no hace falta irse tan lejos. Y tampoco vale mirar hacia otro lado.  Sucesos como el acontecido en Toulouse nos instan a pensar profundamente en el peligro de los extremismos, de los fanatismos.

Equivocarse es humano, hasta los grandes hombres y mujeres de la historia lo han hecho,  pero, ¿cómo de equivocados podemos llegar a estar? ¿Qué atrocidades pueden causar nuestros errores? ¿Qué podemos hacer para subsanar esos errores que alimentan el odio? Porque si lo único que nos queda es esperar a que la revelación llegue por sí sola…

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