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John Carter, ese papichulo



@BenKenOwi

Me senté en la butaca dispuesto a disfrutar de la última película de Disney, el film de moda “John Carter”. La impresión que me dio el tráiler me hizo pensar en una nueva era para la violencia en el seno de Disney. No me equivoqué en cuanto a la acción que se muestra en la cinta. Lo que hice fue perder dos horas de mi vida delante de un espectáculo mediocre y carente de imaginación. Dicen las malas lenguas en oscuros foros de Internet, que hay escenas y efectos que recuerdan en demasía a otras películas como “Star Wars” o  “Avatar”. Que el universo imaginado por Edgar Rice Burroughs ha sido interpretado como una adaptación de cosas que ya habíamos visto. Pero ese debate no es lo que nos ocupa hoy.

La historia transcurre en el siglo XIX y comienza con la supuesta muerte del protagonista, John Carter, un conocido arqueólogo norteamericano. Su sobrino es nada menos que Edgar Rice Burroughs, al cual le queda legada la fortuna de su tío, así como su diario. En él narra cómo,  gracias a sus investigaciones arqueológicas, consigue llegar al lejano planeta Barsoom (Marte) donde entra en contacto con las razas alienígenas que pueblan el planeta. John Carter tendrá que decidir el papel que jugará en la lucha entre dos civilizaciones rivales mientras trata de encontrar el camino de vuelta a casa.

Andrew Stanton (Wall-E) nos presenta esta cinta. Éste es el único miembro de la compañía Pixar que quedó en el proyecto.  Un buen trabajo de dirección que no logra camuflar la falta de consistencia del resto de las partes implicadas.

Aunque se trate de un proyecto puesto en marcha, dicen, hace 32 años, parece que es una historia que se debería haber quedado en la literatura. Los libros de Rice Burroughs fueron escritos en plena época de colonialismo y bajo puntos de vista secundarios del  papel de la mujer en la sociedad. El tal John Carter es un tozudo valiente que hace de sus cualidades un chiste. Que provoca a sus enemigos escupiendo en el suelo, que se confunde al estilo americano (es decir, sacando las armas y liándose a tiros). Un tipo chulo y bastante machista no nos cuadra que sea todo un intelectual, arqueólogo nada menos. Podría explicarse por un concepto del heroísmo y de la épica anticuado/muy exagerado. ¿Por qué quedarse con ese tipo de idea negativa y decimonónica? Quien se esperaba una reinterpretación adaptada a nuestra época de este clásico, se equivoca.

Dándole caña a un "Mono Blanco"

Se nota la mano criogenizada de Disney detrás de todo el montaje. Hablo de espectaculares efectos especiales, de genios de la animación y diseño que consiguen dar ese aspecto tan fabuloso a los marcianos, sus naves voladoras y sus bestias alienígenas. Pero también hablo de ñoñería en relaciones familiares, de gags desafortunados, de personajes simpáticos que evocan al “gracioso” del cine de los 80´s-90´s. Estereotipos marca de la casa (la princesa, el villano, el consejero del villano), personajes planos y una pátina viscosa que huele a negocio de merchandising.

Woola, qué maj@ eres…

Incluso el patético intento de conseguir un modelo de referencia destinado al público infantil femenino con el personaje de Dejah Toris: guerrera, princesa de Helium, inteligente, demasiado para un guión en el cual el personaje debería  casarse con el malvado para evitar la masacre de su pueblo. Todo un dilema clásico en la Disney.

Destacar la interpretación de Dominic West (The Wire) que encarna al villano del film, el tirano Sab Than, papel que le viene como un guante tras haber interpretado últimamente a algunos malvados e investigadores, como en “La maldición de Rockfoord”. Curiosamente, en esta película podemos encontrar verdaderas estrellas como la anterior o Willem Dafoe (Tars Tarkas) interpretando papeles secundarios, mientras la guapa e inexpresiva Lynn Colins (Dejah Toris) o el guapo y desorientado Taylor Kistch (John Carter) ocupan la pantalla durante mucho más tiempo que el que les correspondería.

Es un film familiar de nueva factura, una apuesta por el cine de acción y la fantasía aderezada con una buena producción y efectos especiales de última generación. Si esto es lo que te gusta, “John Carter” te mantendrá entretenido durante las dos horas que dura el metraje. De lo contrario, descubrirás que es algo que dice bien poco de la imaginación de los guionistas (que por otro lado continúan con protestas y huelgas allá en Hollywood): marcianitos verdes, monstruos formidables y luchas entre ejércitos cuasi-romanos.

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