Cinemascope

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Shame



Dice el director de Shame, el británico Steve McQueen, que su película no sólo toca la obsesión por el sexo sino cualquier tipo de obsesión. Claro que, si tras todas las adicciones suele haber una carencia, también es verdad que el sexo no es asunto menor y ser adicto a él no significa lo mismo que coleccionar cromos.

El protagonista de esta historia se entretiene continua y exclusivamente con el sexo, eludiendo en todos los terrenos la comunicación emocional y mostrándose impotente cuando hay una mínima relación afectiva de por medio y la pareja tiene pues nombre. En El último tango en Paris, el desolado Marlon Brando no quiere ya más nombres; aquí, Michael Fassbender (descomunal interpretación) ocupa todo su espacio sentimental con un sexo sin más nombre que el suyo, que, no por casualidad, es Brandon. Y si el asunto de El último tango era la incomunicación como problema existencial, aquí lo es como opción (o como enfermedad), pues es el temor a tocar y resultar afectivamente tocado y la frustración que genera su soledad lo que subyace tras la compulsiva y tiránica sexualidad de Brandon. Brando se había quemado, él no quiere ni acercarse al fuego, pero, de una forma u otra, la leña debe arder. En su caso, en forma de una adicción que acaba siendo devastadora, retroalimentada quizá por la vergüenza que da título a la película, pero sobre todo por el sentimiento de culpa que genera, no su comportamiento sexual sino las consecuencias de su egoísta aislamiento. Lo patológico de su adicción, no es su naturaleza sino su propio carácter y su origen, porque, de nuevo en palabras del director, el sexo es lo más natural del mundo, y si el protagonista de Shame intenta ser sincero (y se atreve) no es tan raro que su adicción sea sexual (y por eso, esta película es tan decepcionante para los pornófilos como lo fue El último Tango). No creo que el sexo atente contra nadie, comenta también McQueen, y no es la sexualidad sino el rechazo de Brandon a ser perturbado por sentimientos y necesidades ajenas lo que finalmente resulta ser letal. Otra cosa es cuánto hay en ese aislamiento de elección y cuánto de exigencia de su adicción y si es primero el huevo o la gallina. Y otra, si este cuento de sexo y comunicación afectiva no concierne también a los no considerados adictos.

 

Grandísima película (aunque no recomendable para todos los públicos ni para todos los días), elegante, sobria, tensa, sin más concesión que una graciosa burla a las tonterías de los camareros de los restaurantes neoyorquinos de copete, muy acertada para subrayar la normalidad de la única aventura de Brandon prometedoramente abierta a una comunicación afectiva. Espléndida e invisiblemente dirigida por Steve McQueen, su banda sonora merece mención muy especial: Excelente la original de Harry Scott y también el uso de Bach (Variaciones Goldberg, Preludios; Glenn Gould), subrayando respectivamente la opresiva angustia y la mecánica que pretende desplazarla, como puede observarse en este buen video promocional,

aunque otro Bach aparece en la secuencia final, con el Preludio de su Preludio y Fuga Nº 16 en Sol menor BWV 885  acompañando compasivamente a este Brando del siglo XXI que acaba donde el otro empezaba, más muerto de remordimientos que de vergüenza.

Pero, antes y sobre todo, es especialmente importante un muy particular New York, New York que interpreta Carey Mulligan, estupenda también como hermana de Brandon. Ella es su polo opuesto y su espejo, el testigo incómodo, la vida que rehúye, la interpelación afectiva, el temido exterior sufriente que provoca sentimientos y pide un tiempo y un espacio que él no quiere ceder. La escena tiene un cierto paralelismo y es comparable por lo reveladora con la de Marlon Brando ante el ataúd de su esposa en El último tango en París, pero la música, cuarenta años después, no puede ser un tango porque ni hay pareja.

El video está cortado; ésta es la canción completa aunque en otra toma (y otro tono):

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Dedicado a mi amigo Eduardo, que me ha sugerido más de un cambio sustancial: Creo que lo he logrado (hacerme ininteligible), pero mejor publicarlo aquí, que además se puede poner música, que en Cahiers du Cinéma. ;-)

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