Cinemascope

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Una mancha oscura y pastosa



por Camila Campos //

En el ring, la pelea alcanza su punto álgido cuando la sangre brota de la boca del boxeador. Esa sangre, que golpea directamente en el rostro de Francis Bacon, Derek Jacobi en la película Love is the devil, es el elemento desencadenante de la sensación en la pintura neofigurativa de Bacon. En las pinturas de Francis Bacon es posible observar figuras indefinidas que representan una amalgama de sensaciones que, como espasmos intensos, reflejan la violencia de lo figural. La sangre que libera la sensación y da origen a una Figura multisensible según Gilles Deleuze, se manifiesta cuando está en contacto con una fuerza vital, el ritmo, planteado por el autor dentro de una Lógica de los sentidos, que a su vez, sería una relación entre el ritmo y la sensación.

Esta fuerza vital es lo que que lleva a decir al pintor que él cree fundamentalmente en la vida. El ritmo neurálgico del sistema nervioso, representa para Bacon una sensación vital y totalitaria, en donde la razón se entremezcla con figuras que no llegan a ser abstractas y que forman parte de un sistema semiótico cuya principal función es lograr una reminiscencia del objeto representado. La pintura neofigurativa que propone el pintor irlandés (que supone una nueva figuración) conserva una relación con la forma del objeto y es definida según Simón Marchán Fiz como la representación icónica en el sentido de la imagen. Siguiendo esa dirección, la fotografía se presenta como un elemento esencial en la pintura de Bacon, siendo las imágenes, el referente del cuerpo en sus pinturas.

En Love is the devil, Bacon utiliza un fotograma de la película rusa del año 1905, El acorazado Potemkin, en donde se muestra el rostro de una mujer que abre la boca con un gesto de grito mientras que su ojo sangra y sus lentes trizados se deslizan sobre su cara. La sangre como resultado de un suceso violento, remece, punza y expone la carne como el emblema más profundo de un aparato sensitivo. La sensación de exponer lo más profundo de un ser humano está ligado a un control de la percepción, una percepción particular, cuyo fin es el de descubrir un signo enigmático. Lo oculto representaría algo que acosa a las figuras multiformes del pintor irlandés, ese algo escondido que también se origina desde la agrupación de sentidos en donde el olfato, la visión y el tacto, así como otros sentidos, se funden hasta llegar a ser la deseada unicidad obtenida por Bacon.

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Como en el cuadrilátero, el retrato cinematográfico que nos ofrece John Maybury de Bacon, lo muestra siendo reducido en lo que sería un relación sadomasoquista, donde existe una completa dominación y por la tanto, también una completa sumisión. En algunas escenas esas figuras multisensoriales luchan, se someten y se fusionan, además de exponer la carne y la sangre. Esta lucha se manifiesta en The wrestler, película del año 2008 dirigida por Darren Aronofsky, se muestra el declive de Randy “The Ram” Robinson (Mickey Rourke) un luchador de lucha libre profesional, quien alcanza su apogeo durante los años ochenta y de cuya fama vive, además de realizar espectáculos de lucha libre durante los fines de semana.

En el filme se representa un espectáculo de lucha libre en el que participa Randy, en donde este último se corta intencionalmente su frente con un fragmento de hoja de afeitar que mantenía escondido en su antebrazo. El público parece enloquecer con la aparición de la sangre en la frente de Randy, quien además esparce el fluido rojo y pastoso por todo su rostro. La sangre entonces sería un elemento esencial en el espectáculo, que además de volverlo real, lo libera porque libera la sensación escondida en lo más profundo del ser humano. Arriba en el ring, durante la lucha, existe contacto, algo que en Love is the devil se retrata como una relación amorosa. En ambos casos, bajo la lucha, se representa un lugar donde sentir sensaciones y tanto Bacon como Randy, experimentan una sensación de profundidad, un cierto sentido de amor, una sensación vital. En la escena final de The Wrestler, Randy dice mientras se dirige al cuadrilátero: “Se lo que estoy haciendo y el único lugar donde me lastiman es allá afuera”.

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La fuerza sobrehumana que ostenta Randy y que lo lleva a luchar hasta morir, es propia de las bestias. Como en el ring de boxeo, Muhammad Alí, no es tanto técnica como fuerza bruta, desmedida y constante, hasta llegar el punto del colapso. En Raging Bull, película del año 1980 dirigida por Martin Scorsese, se retrata el ascenso y caída de la vida del boxeador de peso mediano Jake La Motta (Robert De Niro). Tanto como en The wrestler y en Raging Bull, ambos luchadores muestran trazos de una intensa y profusa vida personal, al igual como el personaje de George Dyer (Daniel Craig) en Love is the devil. La brutalidad que muestran en el cuadrilátero está presente también fuera de él, revelando que estos personajes son bestias que se liberan y viven a través de relaciones sadomasoquista que, exponen un erotismo crudo a través de la carne.

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La sangre fluyendo por el rostro de los boxeadores es el hilo conductor de la sensación porque conecta con la carne, que en los retratos de Bacon se muestra abultada y expuesta. Esta misma carne se observa también en los retratos de Patricia Preece realizados por Stanley Spencer en los que se muestra a su segunda esposa retratada desnuda o semidesnuda, en donde la carne expuesta revela una pulsión vital. Esta visión directa y brutal de la carne abultada porta, a su vez, un cúmulo de sensaciones agrupadas. En los retratos de Lucian Freud hay retratos de cuerpos desnudos, principalmente de mujeres, en ellos se reflejan una realidad tan brutal en donde el cuerpo pasa a ser carne, una carne de hecha de una masa multiforme y colapsada, al igual que el rostro de los boxeadores después de una batalla.

El cuerpo comprendido desde una visión ultra realista y por fuera de todo los márgenes de representación tradicional solo compete al individuo desde un ámbito de total intimidad y por tanto de vida absoluta. La neofiguración implica una nueva percepción de un cuerpo en donde la carne es la protagonista absoluta. En ese sentido Bacon retoma una concepción manierista y barroca del cuerpo humano en el arte, para crear una nueva plasticidad visual en donde también existen cuerpos deformados. Estos cuerpos expuestos no representas ningún heroísmo propio de la tradición artística, sin embargo encuentran en la pintura de Francis Bacon una concatenación de fuerzas en donde la carne es el resultado de una constante “tensión entre figura y espacio” según Guillermo Machuca.

La pintura de Bacon, entre la abstracción y la figuración, se encuentra dentro de lo figural (que a su vez se relaciona con la figura y la sensación), en ese sentido antecede y define un discurso posmodernista. Las figuras de Bacon se encuentran en el mismo linde de la neofiguración, atrapadas entre pulsiones y deseos de difícil expresión. La sangre espesa es el signo icónico que representa la vida que luego desemboca en la carne, brutalmente expuesta como el resultado de una fuerza punzante en el sistema nervioso del espectador.

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