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El cine y la televisión recuperan los cuentos de hadas



Tres películas (una desde hoy) tienen a Blancanieves como personaje principal. Las series de televisión ‘Érase una vez’ y ‘Grimm’ toman los cuentos como protagonistas.

Espejito, espejito mágico, dime: ¿qué tiene el personaje de Blancanieves para volver con tanta fuerza a las pantallas?

Tres películas basadas en el personaje de los Grimm, tres, se acercan. Hoy se estrena Blancanieves (Mirror, mirror), una obra juguetona, con humor, aventura y trasformación personal: la transformación de Blancanieves, que pasa de indefensa criatura a jovencita con voluntad y criterio. Además de tener enanitos a su alrededor y un príncipe hermoso que la quiere. Dirige la función, para niños y mayores, Tarsen Singh -de la que no hay que perderse The fall, su gran obra hasta el momento-, con su magia habitual para la imagen.

Más tarde, para junio, llegará, también de Hollywood, Blancanieves y el cazador. De esta última aproximación al cuento de los Grimm se sabe que apuesta más por la épica guerrera y mágica -versión El señor de los anillos- que por el guiño cómplice e irónico de la anterior. La tercera Blancanieves en discordia tiene mucho menos presupuesto que cualquiera de las dos anteriores para catering. Se llama también Blancanieves. Maribel Verdú es la bruja mala, y dirige la función Pablo Berger, que ha rodado una película en blanco y negro, y muda.

En la tele coinciden ahora mismo la serie Érase una vez… (AXN), donde el personaje central es la hija de Blancanieves y el príncipe Encantador; ella que tiene que salvar al mundo de los hermanos Grimm, atrapado en nuestro tiempo, de la maldición de la bruja. Y también, en la televisión americana, y también en España Grimm (Calle 13), una serie donde la intriga policial se une al maravilloso mundo de los cuentos. Un mundo donde Blancanieves y todos los demás personajes de Grimm son sospechosos, hasta que se demuestre lo contrario.

Inflación de Blancanieves, de hadas, de cuentos, pues. El zombi no ha muerto -la próxima semana llega REC 3- ni el vampiro tampoco, dos de las metáforas más jugosas para estos tiempos revueltos. Pero su hegemonía se ve amenazada por la renovada fuerza de la magia de los cuentos. ¿Qué ofrece Blancanieves en estos grises y desesperanzados tiempos que no encontramos en los monstruos clásicos, los que han mandado en las pantallas hasta ahora?

Blancanieves, el cuento de Blancanieves, se puede entender como una lucha entre la juventud (Blancanieves) y la vejez. O mejor, la veteranía encallecida (la reina bruja) que ve el final de su tiempo. O sea, sana inocencia contra experiencia enquistada: un tema de plena actualidad que quizá esté en el corazón de la metáfora que impulsa el renovado éxito del cuento. Porque, como se ha dicho hasta la saciedad, los relatos nunca son inocentes, y menos los relatos para el cine basados en los cuentos.

También puede entenderse el retorno de Blancanieves como la plasmación del miedo a envejecer, especialmente en una mujer madura (otra vez la bruja). La preeminencia de bellas actrices que empiezan a ser veteranas -Julia Roberts y Charlize Theron- en estas Blancanieves que llegan abunda en esta explicación conspiratoria que hace del espejo mágico un simple espejo que dice una obviedad: envejecemos.

Pero uno, de entre todas, prefiere la explicación de los cuentos más optimista, aquella que habla directamente de esperanza. Por eso se llaman, en conjunto, cuentos de hadas: porque el hada es la garantía de que siempre hay esperanza, aunque sea remota y, en realidad, mentira. Y es que la magia, además de ser una arma arrojadiza (en manos de Harry Potter), es una promesa. Blancanieves, y su triunfo tan repetido estos días en las pantallas, es quizá el reconocimiento de que la esperanza es lo último que debemos perder, y por eso nos gusta la magia.

Fuente: La Vanguardia

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