Cinemascope

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Un recuerdo a los eclipsados



Soy una amante del cine, de toda clase de géneros (aunque admito que el romántico no es de mis favoritos) y paso horas y horas disfrutando del séptimo arte e incluso reservando un fin de semana solo para darme un baño de peliculones. Precisamente por mi amor al cine y todo lo que rodea al mismo me duele ver la clase de películas que nos muestran en cartelera y nos venden en un trailer, trailer que nos enseñan lo más llamativo de la película y es un gancho perfecto para que pagues por ver algo inservible. Pocas películas llaman mi atención hoy en día y aunque espero ver “El hobbit” muy pronto, sigo dando un repaso al cine actual en busca de joyas y es totalmente imposible, un trabajo nulo entre las previsibles romanticadas, las caras famosas inexpresivas o el guión aburrido que muchos tenemos que aguantar.
Yo nací en los ochenta, década llena de películas grandes que marcaron una infancia/adolescencia que muchos recordamos y siempre me imagino en mi máquina del tiempo volviendo al pasado para pagarme con gusto una entrada al cine y ver grandes éxitos taquilleros o simplemente volver a ver lo que se entiende por “Película”.

Hoy ha fallecido Manel Bronchud, actor secundario en REC y según lo definía hoy Jaume Balagueró cuando lamentaba su pérdida “una gran persona”. Hoy quiero dedicar este espacio a todos aquellos que trabajan en el mundo de la gran pantalla pero, especialmente a los actores secundarios. Como Manel han habido muchos actores que han caído en el saco del olvido sin merecerlo, entrañables secundarios que muchas veces tenían más importancia que los propios protagonistas, actores que han vivido a la sombra de las grandes estrellas, siendo muchas de ellas proyectos inacabados de buen actor.

Grande era Pepe Isbert, su voz ronca era un sello y todos lo recordamos en “La gran familia” donde lidiaba con todos sus nietos en una comedia entrañable, tan entrañable como lo era él y la huella que dejó en el cine español.

Antonio Garisa apareció en muchas películas y su cara nos suena, nos suena mucho de las comedias que vimos en nuestra infancia porque Antonio fue uno de esos que ocupó muchas películas, detrás del actor protagonista.

 

Pero sin duda Agustín Gonzalez, hombre de carácter y rostro con el que nos familiarizamos allá por los 90 gracias a su aparición en la serie “Los ladrones van a la oficina”, es uno de los que más nos puede sonar, junto con Gracita morales que hizo famoso su palabra mágina “Señorito” mientras batía con alegría ese plumero y nos dejaba en la memoria un recuerdo, una voz que nos resultaba cómica.

El gran Manuel Alexandre, entrañable y bonachón que siempre nos brindaba los pápeles más cálidos o el inolvidable Luis Ciges, que nos dejó hace poco junto con el gran secundario por excelencia, Antonio Osores, que popularizó una verborrea absurda iniciando al país en el humor absurdo, que solo una persona inteligente como lo era él pudo disfrutar.

 

O por ejemplo uno de mis favoritos, José Sazatórnil más conocido como “Saza”, carismático y un emblema viviente de lo que significa la profesión, de como darle protagonismo a un papel que no lo tiene, ahí se mantiene Saza en el tiempo y ha dejado, como los demás, un hueco enorme en la memoria para depositar el mejor de los recuerdos que podamos tener del cine español.

A todos aquellos que se esfuerzan por darnos un rato de alegría, a todos aquellos a los que la fama de otros eclipsan y no nos permiten ver los grandes actorazos que son, a todos ellos vivan o no, un recuerdo grande para que nunca se nos olvide que detrás de una película y de unos actores, existe también seres humanos a los que debemos valorar su labor.


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