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El manzano azul ENCUENTRO CON LA VIDA, por Alfonso Molina



El paso de la niñez a la adolescencia en un mundo de contrastes de diferente tipo revela percepciones inéditas y define nuevas conductas. Ese tránsito conflictivo y amoroso constituye la médula dramática de  El manzano azul, nuevo film de Olegario Barrera que vuelve a los orígenes de su filmografía para narrar el encuentro vital entre un abuelo campesino y su nieto urbano, en medio de los páramos andinos, sin electricidad ni celular ni televisión ni computadora. Un viaje hacia lo básico. Tres meses en la vida de cada cual convertidos en un intenso y mutuo proceso de aprendizaje y cambio. Film de gran cuidado formal, meticulosamente producido, con excelente actuaciones, trabaja la vertiente del cine familiar, con humor y ternura, y profundiza una ruta para nuestra producción. Además, demuestra la madurez de un cineasta que tiene aún mucho que ofrecer.

Desde el cortometraje El monstruo de un millón de cabezas (1980), sobre un niño campesino que se enfrenta a la urbe, el cine de Barrera ha trabajado el tema de la infancia como un proceso de crecimiento y transformación. Con su primer largo Pequeña revancha (1984), a partir de un cuento de Antonio Skármeta, dio un giro y estableció un vínculo sutil entre la rebeldía infantil y la dominación política en el mundo de los adultos. Otro niño fue su eje temático en Un domingo feliz (1988), sobre un relato de Gabriel García Márquez, esta vez en el mundo de los millonarios. Exploró un área temática distinta y se introdujo en el universo del boxeo profesional en Fin de round (1992), adaptación de la pieza teatral de Rodolfo Santana. Luego se dedicó por más de una década a dirigir telenovelas hasta que en 2007 regresa al cine con Una abuela virgen, fantasía musical y romántica sobre la muerte y el amor.

Con El manzano azul Barrera recurre a ciertos elementos autobiográficos para estructurar una narración propia, muy personal, que construye un viaje afectivo hacia el pasado y hacia el futuro. Francisco se encuentra en el final de su vida mientras Diego está despertando a la adolescencia. Se ubica en posiciones diferentes, no sólo por la edad sino por sus actitudes ante la vida. Francisco había viajada por medio mundo y leído miles de libros cuando decidió asentarse en Mucuchíes para trabajar la tierra y establecer nuevos vínculos humanos. Diego, en cambio, apenas sí sabe lo que sus cortos años le han enseñado. Su padre lo abandonó años atrás y ahora su mamá debe viajar a Londres y lo deja al cuidado de su abuelo. Gracias a este juego de situaciones y actitudes contrarias, el film se define en el campo de las apariencias y las realidades. Ambos se descubren mutuamente y rescatan lo mejor de sí mismos. Francisco cumple un ciclo y Diego abre el propio. Pero ambos se insertan en una realidad colectiva que los trasciende individualmente.

La historia está narrada desde la perspectiva de un Diego adulto que rememora ese proceso de enseñanza y reconstruye el encuentro entre niño y anciano. Bajo este enfoque, Miguelangel Landa y Gabriel Mantilla ofrecen actuaciones impecables, de gran fuerza expresiva. Landa demuestra el valor de la veteranía y la sensibilidad. El ícono del cine venezolano de una época vuelve con una interpretación rica y generosa. Por su parte, Mantilla sorprende por sus talentos histriónicos. Este niño desarrolla un registro emocional de manera convincente. Creo que se convertirá en el gran actor de una próxima generación. Ambos se hallan respaldados por Rosario Prieto, Marisa Román, Albi de Abreu, José Rubens, Marcos Moreno, Kristin Pardo y un conjunto de actores campesinos, entre la que destaca Laury Pérez, de apenas 11 años.

La magnífica fotografía de Cezari Jaworsky, el apropiado ritmo del montaje de Fermín Branger y Olegario Barrera, la precisa dirección de arte de Clelly Arévalo y Xhimena Herrera y la emotiva música de Javier Blanco conforman sus valores de producción más destacados, bajo la gerencia de Laura Oramas. Todos han contribuido a que la película tenga un nivel de cuidado formal muy satisfactorio. El manzano azul marca una ruta de profesionalismo en el cine venezolano.

EL MANZANO AZUL, Venezuela, 2012. Dirección y guión: Olegario Barrera. Producción: Laura Oramas y Olegario Barrera. Fotografía: Cezari Jaworsky. Montaje: Fermín Branger y Olegario Barrera. Música: Javier Blanco Dirección de arte: Clelly Arévalo y Xhimena Herrera. Elenco: Miguelángel Landa, Gabriel Mantilla, Laury Pérez, Rosario Prieto, Marisa Román, Albi de Abreu, José Rubens, Marcos Moreno y Kristin Pardo, entre otros. Distribución: Cines Unidos.

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