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Días de Cine con Bogomilo: “Katmandú”, “Shame” y “La mujer de negro”



Sirva esta entrada como complemento de la publicada por Profesor (miren un poquito más abajo la entrada anterior a ésta) sobre las películas que estos días podemos encontrar en las carteleras de cine de nuestro país.

Yo, humildemente, les presento aquí la crítica de otras tres películas que he visto.

En Katmandú, un espejo en el cielo una maestra española, Laia, se ha trasladado, intentando olvidar su vida en España, al Katmandú de los años 90 del siglo pasado para intentar ayudar en la educación de los niños de una escuela. Sus métodos educativos, un tanto “zapaterianos” (o “chaconescos”), entrarán pronto en conflicto con las formas educativas y las costumbres locales. El rechazo a sus métodos y la decisión de las autoridades de expulsarla del país -para evitarlo necesitará casarse con un nepalí- harán complicada la altruista estancia de Laia en Nepal. Coseguirá finalmente quedarse, pero las dificultades se acrecentarán desde que decida instalar por su cuenta una escuela para los intocables de la capital. En esta empresa contará con la imprescindible ayuda de una buena amiga nepalí que trata al tiempo de quedarse embarazada de su marido. Pase lo que pase, a partir de ahí la vida de Laia ya estará totalmente vinculada a la ayuda de la gente necesitada de aquel país.

Película de corte “progre”, lo cierto es que se puede ver y no deja de reflejar muchas de las penurias que afectan a amplios sectores de la población de Nepal (y de otros países de su entorno), donde todavía están vigentes el sistema de castas y la explotación infantil y en que las supersticiones condicionan profundamente la vida de las personas. Y es que el maltrato, el abandono, la pobreza, el hambre, la insalubridad y el analfabetismo todavía forman parte de la vida cotidiana de demasiada gente en demasiadas partes del mundo.

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Michael Fassbender, en uno de los fotogramas de la película 'Shame'

Shame es, por el contrario, una película donde su protagonista, Brandon, es un obseso sexual que se pasa todo el día fornicando, tocándose el miembro y viendo pelis porno en su ordenador portátil. Su obsesión le impide además cualquier compromiso, por lo que escapa de todo lo que para él pueda suponer un vínculo estable. Su hermana, de visita en Nueva York, donde Brandon reside, pretende quedarse unos días en casa de él, pero la relación entre ellos, marcada quizá por una tendencia latente al tabú del incesto, no es fácil, lo que, sin embargo, no impide a nuestro protagonista ”calzarse” todo lo que se menea, aunque en lo más hondo de su ser él mismo sepa que su vida, una búsqueda permanentemente de satisfacción del deseo insatisfecho, es la de un infeliz.

Película de final abierto, y sombría, está recorrida de principio a fin por la temática del sexo como enfermedad. Puede, precisamente, por el carácter duro y bastante explícito de algunas de sus escenas, hacerse incluso desagradable al espectador sensible. A mí no me dijo gran cosa; pero a otros les pareció un auténtico bodrio de mal gusto. Lo mejor que se puede decir de ella quizá sea que, al menos, te hace reflexionar al salir de la sala.

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La mujer de negro, basada en la obra de Susan Hill, es una clásica película de terror gótico protagonizada por Daniel Radcliffe en el papel de un joven abogado londinense de época eduardiana que, por cuestiones de trabajo, ha de trasladarse -para dar venta a una sinistra casa- a un pueblo costero en el que están muriendo misteriosamente los niños. Pero todos los lugareños saben que, en realidad, las muertes son consecuencia de una maligna presencia que parece tener su residencia en la abandonada mansión que nuestro joven abogado tendrá que vender.

Película de la factoría Hammer -¡qué grandes películas de culto se han ello en esta productora!-, La mujer de negro, sin aportar nada nuevo al género, ofrece buenos momentos de suspense y miedo con los que mantener los ojos bien abiertos y hasta saltar en la butaca. De ella, destacaría sus ambientes y paisajes, siempre lúgubres y oscuros, magníficos para insinuar el espanto y la presencia de lo extraño. Entre ellos tendremos las sempiternas brumas, los montes desolados, las marismas, unos diabólicos muñecos de juguete y hasta el mismo promontorio donde se ubica la mansión.

Si desean algo novedoso, ésta, quizá, no sea su película; pero, si buscan una de miedo de corte  “muy clásico” y bien hecha,  yo, particularmente, se la recomendaría, porque lo cierto es que mí me gustó, y bastante. 

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