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Hollywood organiza su gran noche



¿Habrá estrellas en la alfombra roja? y esta vez también en el cielo. Mientras se prepara sobre el asfalto de su avenida homónima para honrar como cada año para esta fecha el título indiscutido de capital mundial del entretenimiento, Hollywood mira hacia arriba y respira aliviado. A diferencia de las dos ceremonias precedentes, que traen de nuevo para nosotros el recuerdo del histórico triunfo de El secreto de sus ojos en 2010, esta vez la fiesta del Oscar no llega rodeada de pronósticos de lluvia y tiempo inestable, la noticia más incómoda que podrían recibir sobre todo los diseñadores de costosísimos vestidos exclusivos y las actrices que habrán de lucirlos en la velada más glamorosa de todo el calendario.

Hará frío (entre 10 y 15 grados), cuando en el anochecer californiano se entreguen mañana por 84ª vez los premios Oscar, pero los preparativos en el lugar que dentro de pocas horas estará presidido por la clásica alfombra roja se desarrollan bajo el sol y con una temperatura atípicamente templada para este invierno boreal. La alfombra, como ocurre en las horas previas a la ceremonia, es aún un misterio por develar.

En los 300 casi metros de la avenida Hollywood cerrados al tránsito y celosamente custodiados por un ejército de vigiladores privados, ya fueron levantadas las gradas desde las cuales algunos centenares de privilegiados fans podrán saludar a los famosos de Hollywood en su camino hacia el escenario de la ceremonia. Enfrente también están instalados, con sus respectivas identificaciones, los casi 200 puestos fijos para las cámaras de TV que irán registrando el desfile de los astros y las estrellas.

Son justamente los cronistas llegados de todo el mundo los indiscutidos dueños de este sitio, al menos mientras el lugar de la alfombra roja esté, como ahora, ocupado por una cubierta plástica que se extiende incluso hacia las escaleras del teatro, por las que hasta ayer todavía se paseaban entusiasmados ramilletes de turistas dispuestos a no perderse una foto al lado de alguna de las estatuillas decorativas del Oscar, doradas y de tamaño natural, que todavía aguardan su destino definitivo dentro de la ambientación del lugar. Hasta ayer permanecían envueltas en sus fundas plásticas y con un cartel de advertencia (“heavy”, pesado en inglés), escrito a mano.

Y por más que todo esté en pleno movimiento y hora tras hora la escenografía del lugar se vaya alterando, así como las restricciones para la circulación y el estacionamiento (que ya provocan enormes embotellamientos de tránsito), el cuadro general no se altera respecto de años anteriores. Hollywood es el reino de la innovación visual, pero al mismo tiempo ama sus rutinas. Por eso, la incógnita mayor que por estas horas rodea a quienes siguen muy de cerca lo que ocurre aquí es saber si 2012 será el último año en que Hollywood oficie de anfitrión para la fiesta del Oscar. La marca Kodak aún permanece en la marquesina del teatro, pero todo indica que no será por mucho tiempo más.

La Academia de Hollywood ya no menciona en sus comunicados a la empresa, que pidió la remoción de su nombre como parte de un plan de ahorros para enfrentar una complicada situación económica. ¿Podrá la estructura comercial e inmobiliaria edificada gracias al influjo del Oscar en torno de las avenidas Hollywood y Highland (la nueva fórmula elegida por la Academia de Hollywood para identificar al escenario de la fiesta) encontrar otro sponsor capaz de garantizar la continuidad de la alianza? ¿O la Academia misma aceptará con los brazos abiertos una invitación para regresar al downtown, donde esperan al Oscar con los brazos abiertos al menos dos escenarios con el doble de capacidad del todavía llamado teatro Kodak? Hay muchas más dudas aquí que en la danza de candidatos para llevarse mañana los principales galardones.

A propósito de los premios, ayer se produjo otro rito tradicional en las vísperas de cada Oscar: la foto de familia de los cinco directores de los films extranjeros nominados y un posterior encuentro con la prensa en un espacio cubierto que, como una suerte de carpa, se levanta en la antesala de la alfombra roja. Anteayer, por la tarde, cuando en ese lugar todavía se acumulaban materiales y preparativos, pasó por allí en una visita informal el poderoso productor hollywoodense Brian Grazer, uno de los responsables de la organización de la ceremonia y de su transmisión televisada a todo el mundo. Su presencia no pasó inadvertida para los equipos periodísticos internacionales que en ese momento trabajaban en el lugar, entre ellos, el que traerá las imágenes del show a la Argentina por la señal TNT, con Axel Kuschevatzky y el mexicano Rafael Sarmiento. Es poco común en estas horas previas ver caras conocidas como la de Grazer en la alfombra roja. Habrá que esperar hasta mañana por la tarde para encontrarse con todas las estrellas en movimiento, ahora sí sobre la alfombra roja y bajo un cielo sin nubes, para tranquilidad de todos..

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