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Los Miserables



Lo que más me gusta de todo esto es lo que se ha hablado de este musical. En Estados Unidos sí es un género querido, que lo han hecho uno de los símbolos de identidad de su cine junto con el western y el cine negro, pero en España hay un rechazo visceral a ver a un señor cantando todo el rato sus desgracias. Y ayer el cine estaba a rebosar. No lo veía en un multicine desde hace mucho tiempo, y con un público adulto, el cual ha quedado ya relegado a pequeñas salas independientes. No sé si será una cuestión coyuntural del día de estreno o que la publicidad ha hecho su efecto. Igual era el material de partida.

Los_miserables Primero mostrar mi disgusto porque hayan hecho la soberana estupidez de doblar las cuatro frases no cantadas de la película. No hay cosa que corte más la atención que oir una frase en español para luego volver a la melodía en inglés. El que tuvo la genial idea se cubrió de gloria. Podrán decir que para eso están las alternativas en V.O., pero señores de Universal, no todos vivimos en la Gran Vía. Tendré como siempre que esperar a un pase por televisiones de pago o comprarla “legalmente” para poder oírla íntegramente en su versión original. Así se combate la piratería.

Cuando me pongo frente a una obra tan esperada como ésta, y me planteo si la película me ha gustado o no, siempre recurro a la misma pregunta definitiva: ¿volverías por gusto y sin obligación a verla de nuevo en pantalla? Y la respuesta, con ciertos reparos es no.

Tom Hooper se ha visto tal vez demasiado obligado a hacer la obra definitiva del musical. Aún recordamos el triste desastre de la versión de Hollywood de El Fantasma de la Ópera (muchos no saben que se hizo una película), y hay que reconocer que este tipo de musical “operístico” no tiene muy buen recorrido en el cine. En ese sentido Los Miserables es bastante mejor que otras del mismo género, aunque también posee un mayor número de canciones reconocidas y melodías pegadizas.

Lo más discutible es la decisión, suponemos que de Hooper, de dirigir Los Miserables como si una obra de autor se tratara. Cámara en mano, exceso de primeros planos, éstos con movimientos mareantes de cámara…tal vez intentando recalcarnos una y otra vez que los actores cantan en directo para todos. Al poco tiempo pedía a gritos que viniera alguien y le pegara la cámara al suelo. No se puede tener dos horas y media al público con un primer plano bamboleante de actor pretendiendo que cada instante sea un punto cumbre de la narración. Momentos cumbres que a veces dudo que se produzcan, pues vemos la intensidad que intenta transmitirnos el actor, pero no veo la emoción reflejada en nosotros. Vemos a gente cantando.

 Y luego, claro está, los momentos de masas. Se supone que los números corales deberían dar un respiro a tanta concentración en la historia de los personajes centrales. Los trabajos forzados al comienzo, los pobres viviendo un día más en su pobreza, el entierro de Lamarque, la batalla en las barricadas…. Todos esperamos que se luzca el supuesto abundante presupuesto y nos dé un respiro a los que estamos cansados de sentir el aliento de los protagonistas todo el rato en nuestra cara, pero nada. Se queda todo en fugaces travellings para volver rápidamente a algún primer plano de cantantes. Decepcionante.

O tal vez mejor sea así, porque lo poco que se vislumbra son acartonados paisajes de un París de estudio y recreación digital. Incluso cuando dicen que la lluvia ha inutilizado la pólvora, nos preguntamos en qué punto del planeta debe haber ocurrido eso, pues todo a su alrededor se ve más seco que el Sáhara en verano. Además, el supuestamente maravilloso vestuario del lanzaroteño Paco Delgado debe ser valorado por su gremio a partir de bocetos, porque si es por la película los actores podrían casi todo el metraje estar desnudos cuanto menos de cintura para abajo. Un desperdicio de producción.

En cuanto a los actores hay que decir que son lo mejor de la función. En este caso no se produce con tanto descaro el que yo llamo “el efecto estrella”. Cuando se levanta un gran musical de Hollywood se recurre a caras famosas, y no siempre están a la altura de hacer un música. Pasó con Hairspray, donde los jóvenes secundarios cantaban de forma ágil y con soltura mientras la película se lastraba en cuanto las estrellas Travolta, Pfeiffer o Walken entonaban con mucho esfuerzo algún gorgorito. En Chicago no nos quedó muy claro que Richard Gere estuviera a la altura del resto del elenco, y del caso de Nine prefiero ni hablar…. Pero con los secundarios y los jóvenes se buscan más actores que realmente canten y adecuados al papel, y desde luego las voces de Cosette, de Marius y sobre todo de Èponine están muy por encima de las grandes estrellas. Una lanza a favor de ellos. No se me alteren, he comenzado diciendo que este problema no era tan descarado en Los Miserables. No seré yo el que ponga en duda la valía de Hugh Hackman para el musical, o que desde luego Anne Hathaway sea el gran descubrimiento de la película. Tal vez Russell Crowe queda un poco cojo, y sus esfuerzos de entonación se hacen demasiado patentes, pero nadie podría pensar en un Javert con más presencia y más planta para el papel.

En definitiva, que a veces es mejor no intentar hacer una obra maestra en cada segundo de una película para que ésta nos resulte menos “esforzada”, y sin llegar a ser un fracaso, si se nota demasiado ese empeño en hacer una gran obra. De ritmo irregular, no sé cuando achacarlo al libreto y cuando a la dirección, pero para lo que se prodiga el buen musical en los cines no seré yo el que recomiende no ir a verla. Ahhh y sí, vale, el I dreamed a dream está espectacular. Ya están contentos.

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