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La invención de Hugo



Estoy empezando a darme cuenta de que adoro los meses de febrero de todos los años en cuanto a lo cinematográfico. He ido más al cine estas últimas semanas que todo el 2011 junto, o si no, por ahí le anda. Ahora nos toca comentar lo último de Scorsese. Si en la crítica de “War Horse” apelábamos al sentimiento y la conciencia del valor del cuento, en esta “La invención de Hugo” no hemos de alejarnos de ese prisma tampoco demasiado. Hemos de estar dispuestos a ver una película infantil en la mayor parte de su metraje, entrañable de por sí, y con unas buenas dosis de cinefilia que hacen de su visionado, en según qué partes, una auténtica delicia.

Hugo es un chico que vive en 1930 en la estación de tren de París. Algo pillastre pero con un corazón que no le cabe en el pecho, desde el inicio está enfrascado en resolver un misterio que tiene que ver con su padre, con un autómata y con George Meliés.

Podríamos dividir la cinta en dos partes claramente diferenciadas. Una, en la que el cuento infantil cobra todo el protagonismo, y otra, en la que dicho cuento decae en su presencia en pantalla para irse acomodando el propio Cine en sí. Y cuando esto ocurre, es una maravilla. Scorsese realiza su particular homenaje a este medio de arte, industria, negocio…como queráis llamarlo, en esta segunda parte de la película. Y personalmente, es cuando el film alcanza las mayores cotas de calidad. Cuando el cinematógrafo comienza a hacer su aparición.

No le podemos negar a la película que esa primera parte de la que hablamos puede tildarse de algo lenta y/o aburrida. Lo cierto es que puede ocurrirnos que no sepamos bien hacia dónde quiere tirar la película, y puede llegar a ser un problema, ya que no vemos apenas objetivo una vez resueltos ciertos misterios iniciales. Pero como digo, una vez pasado este tramo, el resto es puro cuento con sus tintes fantasiosos y revestido todo ello con un vestido homenaje que le queda como un guante. Las escenas del propio Meliés realizando sus primeras películas mudas, el ingenio para realizar según qué efectos especiales, y esa maravilla de final, justifican la entrada sobradamente.

Y si no os he terminado de convencer, decir que el 3D es maravilloso. El mejor que he visto desde “Avatar”, y eso es decir mucho. Y además viene a demostrar que esta herramienta, bien utilizada, es el futuro. El problema viene cuando no es más que un saca cuartos usurero y la versión que vemos es una conversión chustera que no vale ni para limpiarse el culo. Es un poquito como el empleo del CGI en un film. Si se utiliza con fines puramente narrativos, como una herramienta más para sacarle todo el partido, es una maravilla, sobre todo porque hay casos en los que ni nos damos cuenta de que está ahí. Cuando, por contra, se intenta infestar cada plano de chorrocientos mil aparatejos y movidas varias para lucir CGI sin mayor utilidad que la puramene masturbatoria, dejando a un lado la economía narrativa, y más aún, la propia narración, es cuando esa herramienta pasa a ser prescindible. El uso del 3D lo veo del mismo modo. Bien utilizado puede darnos maravillas técnicas como esta “La invención de Hugo”, mal utilizado puede darnos un “Star Wars, Episodio I”, donde el 3D es únicamente anécdotico, inútil, y malo.

“La invención de Hugo” es una opción (otra más de las que ahora mismo pueblan la cartelera) más que recomendable para visitar el cine si hace mucho que no lo hacemos, o como es mi caso, para ir enlazando estrenos en estas últimas semanas tan cinéfilas. Y no hemos de relajarnos, la semana que viene estrenan “Chronicle”, y si nada se tuerce, ahí estaremos el día del estreno.

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